Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
La crisis política está a la vista y la presidenta Claudia Sheinbaum decidió tomarse 48 horas antes de responder qué piensa de la licencia solicitada y otorgada al gobernador Rubén Rocha Moya y, como se celebraba el Día del Niño, optó por mostrar sus dotes de bailarina. Es probable que sus asesores -malitos, por cierto- médicos le hayan sugerido tomar las cosas con calma, porque la historia ya está escrita.
Está claro, como lo señalé en este mismo espacio al conocer las acusaciones del fiscal federal en el sur de Nueva York, que el ahora mandatario con licencia y sin fuero fue, es y será el débil eslabón de la cadena no obstante de ubicarse en un tercer nivel en cuanto a poder e independencia política en la estructura de gobernanza en el país.
Han transcurrido 60 horas -se cumplirán esta mañana- desde que el congreso local concedió licencia temporal para dejar el cargo, al doctor Rocha Moya y no se ha dado un posicionamiento a niveles superiores. Nadie explica con lógica la razón para solicitar licencia temporal y no definitiva. Hay que recordar que los cargos de elección popular no son renunciables salvo por razones de salud que impidan el desempeño del cargo que se desempeñe.
La presidenta dijo a los reporteros -que no llegaron a tiempo a sus eventos de supervisión de la conexión del Maya con el Transístmico por fallas en su ofician de prensa- locales en su mayoría, que el lunes, es decir, en la mañanera de hoy fijará su posición sobre el caso Rocha.
No hay mucho que fijar cuando ya está avanzada la postura.
Para los neófitos, aquellos que apenas saben de qué lado mastican las iguanas, la información que brindará la ciudadana presidenta se centrará en el inexistente paradigma de que en el primero y segundo pisos de la cuarta transformación “no hay impunidad, no se permite la corrupción y se defiende la soberanía, porque el pueblo nos eligió para gobernarlo”.
Digamos que, como la letra de la canción interpretada por Pedro Infante y en cuyo parte central señala “… se agacha y se va de lado, querido amigo…”, a la presidenta no le queda otra opción antes de que la liga en la relación México-Estados Unidos llegue a la máxima tensión sin reventarse.
Con el mensaje de su amiga y empleada ahora dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, en el sentido de que su dirigencia no admitirá que sus funcionarios, gobernadores, legisladores y hasta militantes sin puesto oficial de elección o de gabinete, cometan actos de corrupción.
Si la expresión conlleva la expulsión de los presuntamente corruptos y que se encuentren pruebas fehacientes y sólidas, de ser el partido más poblado Morena se quedará desnudo.
¿Cuántos no han sido señalados, acusados con pruebas en la mano y en Morena han hecho caso omiso bajo la batuta de su fundador que se trata de donaciones para la causa?
Ya sabemos por cuál de los cuatro caminos se decidió la nueva dirigente de Morena y lo que nos falta es saber si hoy se confirmará que es el mismo que trazó y pavimento la presidenta Sheinbaum.
Hay que recordar que las purgas de Stalin provocaron el enfrentamiento de clases que provocó el nacimiento de la dictadura más brutal de historia mundial.
¿En Morena habrá laxante suficiente?
Como colofón hay que observar que nadie sabe en dónde esta el gobernador con licencia.
Solicitó licencia y se esfumó.
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