POR EZEQUIEL GAYTÁN
*Aplicar la Ley, Debilitará la Sucesión
Presidencial Rumbo a 2030
*5 Artículos del Código Penal Federal,
Violados por Marcelo Ebrard
*Dejar Pasar y no Actuar, Fortalece la
Impunidad Política de la 4t
*El Titular de Economía se Sabe Valioso
y Aprovecha su Condición
*Podría Repetirse el Caso Moya Palencia
y el Candidato ser Harfuch
*Sheinbaum no es Echeverría y Tampoco
Tiene el Control de Todo
*La Piedra en el Zapato del Marginado por
AMLO, Aumenta de Tamaño
El Código Penal Federal en su Título Décimo intitulado Delitos por hechos de corrupción define quien es una persona servidora pública y potencialmente de que se le podría acusar en caso de cometer algunos de los siguientes delitos. El artículo 215 explica qué es el Abuso de Autoridad. El artículo 216 lo que es la Coalición de servidores públicos. En su artículo 220 la referente al Ejercicio abusivo de funciones. En su artículo 221 lo que respecta al Tráfico de influencias. Finalmente, el 223 habla del peculado o robo al erario.
Son cinco capítulos de dicho Código que seleccioné con la intención de hacer ver que el hoy secretario de Economía, Marcelo Ebrard, los violó durante su gestión al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores al enviar a su hijo a la Embajada de México en el Reino Unido. Hechos ocurridos durante la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.
Si la presidenta Claudia Sheinbaum se apega a Derecho y cumple su protesta de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanan, sería ocioso escribir este artículo. Pero dudo que ella o la Fiscal General de la Republica procedan en apego a la ley y abran la carpeta indagatoria por el asunto del licenciado Marcelo Ebrard y de la exembajadora Josefa González-Blanco, pues el hijo del excanciller vivió cómoda y gratuitamente en Londres durante seis meses y fue gracias a nuestros impuestos.
El tema, sin embargo, se ha convertido en algo complejo y difícil de manejar. De hecho, me recuerda la frase de Oscar Wilde cuando dijo “la verdad es raramente pura y nunca simple”. Léase, Marcelo Ebrard, a decir de la prensa norteamericana, tiene buen prestigio y el reconocimiento de Donald Trump y su equipo, desde que era canciller. Además, el hoy titular de la Secretaría de Economía se desempeña hábilmente a decir de los negociadores norteamericanos con el fin de lograr un posible nuevo tratado de libre comercio con esa nación. También, la prensa canadiense lo reconoce como un hombre competente.
Además de lo anterior, Ebrard es el puntero hasta el momento a mi parecer de la carrera por la sucesión presidencial. Brilla más que los titulares de las históricas dependencias de Estado cuyos secretarios aspiraban a la primera magistratura del país. Es decir, Gobernación, Hacienda, Bienestar y Trabajo. Queda claro que aún falta mucho tiempo y que López Obrador rompió una de las reglas de oro no escritas en la sucesión presidencial “Gobernadores, directores de entidades paraestatales, senadores y diputados no entran a esa carrera”. Pero al haber destapado a su corcholata más fiel desde el gobierno capitalino, ahora vemos a la señora Brugada intentando ser simpática, asertiva y haciendo sus pininos a fin de ser considerada como una posible sucesora de la presidenta Shienbaum. Peor aún, algunos gobernadores ya despilfarran el presupuesto estatal proyectando su imagen como posibles presidentes.
El otro nombre que se menciona con relativa frecuencia por la sucesión presidencial es el de Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Ciudadana y que también tiene reconocimiento en Washington, D.C. así como entre la población. Se trata de un individuo competente, serio y que a decir de los rumores de los pasillos de la política nacional ha logrado la empatía de los titulares de la Defensa Nacional y de Marina.
Una sucesión presidencial entre dos competidores ya es de suyo un mal escenario. Así que, por un lado, a la señora Sheinbaum ya se le hizo bolas el engrudo y, por el otro, no logra perfilar a sus secretarios de Estado en el ámbito de la vida nacional, se les ve de lejos y con actitudes de temerosos párvulos.
En consecuencia, ella corre muchos riesgos políticos y económicos si acaso procede conforme a Derecho en el caso de Ebrard y la exembajadora. Ella está entrampada y peor aún, sabe que la estrategia de salvar o hundir a su titular de Economía no es una decisión suya, sino del hombre de Tabasco. Así que también ella pierde, pues se achica su figura y crece la sombra del caudillo.
En otras palabras, el pulso del reloj político mexicano era leído exclusivamente por el presidente en turno. Si acaso algún secretario particular le podía echar un ojo de vez en cuando. Pero sucede que Andrés Manuel López Obrador con su comportamiento entrometido, al irse a vivir a Palenque, se llevó la manecilla de la hora y Claudia Sheinbaum se quedó con la de los minutos. Así que nadie lee los nervios de la vida política nacional con precisión y ni queda claro si el mentor o ella tomarán la decisión.
La suerte juega en política y Marcelo Ebrard tiene un amuleto en su bolsillo que le ha permitido renacer. Pero él sabe mejor que nadie que ante todo y sobre todo necesita resultados, pues más que fortuna en un juego de azar él requiere pasar al siguiente capitulo. Por eso ya implementó su estrategia en cuestión de manejo de crisis y el pasado lunes 20 de abril cacareó su encuentro en la ciudad de México con el Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), Jamieson Greer. Lease, su propósito es que la sociedad olvide el acto de nepotismo y peculado que ejerció en favor de su hijo. Más aún, poca gente lo recuerda vinculado con la muerte de jóvenes inocentes del New´s Divine, del asunto de tener que huir a París y vivir ahí plácidamente o del escándalo de la línea doce del metro. Es un animal político y bien sabe que la actual algarabía la puede superar porque, aunque nadie es imprescindible en las organizaciones, se sabe necesario en la coyuntura actual.
Lo interesante es que el dilema entre ejercer la justicia o atender los asuntos político-económicos lo vive en estos momentos Claudia Sheinbaum. Es un problema serio, pues en lo político está en juego, como ya dije, la sucesión presidencial y Marcelo Ebrard, al igual que Mario Moya Palencia a finales de la gestión de Luis Echeverría era el hombre que ya había realizado importantes alianzas con gobernadores, otros secretarios de Estado, empresarios, intelectuales y dueños de medios de comunicación. Pero eso no significaba mucho, pues todo el mundo sabía que el poder lo tenía el presidente y el desenlace lo conocemos. En lo económico, todo mundo lo sabe, incluidos los morenistas radicales, es que el modelo de AMLO no es funcional y con mesura y reservas la presidenta endereza la nave de la política económica. Consecuentemente eso implica firmar a la brevedad un nuevo tratado comercial con los Estados Unidos y, de ser posible, con Canadá. Además, recordemos que Ebrard Casaubón es el autor intelectual del Plan México. Es decir, ella sabe que su mejor carta es Ebrard y por eso está maniatada.
La presidenta está en un laberinto y ese diagnóstico no es el ideal para un primer mandatario, ni para sus gobernados. Ella sabe que si ejerce el Estado de Derecho la sucesión presidencial se le va a desparramar aún más y que las negociaciones comerciales con los países del norte se podrían prolongar. Por el otro lado, si no aplica la ley fortalecerá la presencia y el poder de Ebrard, algo que tampoco es deseable, pues ella no tiene los hilos del poder como los tenía Luis Echeverria.
Marcelo Ebrard está concentrando poder, un poder que no es recomendable en el sistema político mexicano, independientemente del partido gobernante. Así lo ha demostrado la historia. Ni Mario Moya Palencia en la administración de Luis Echeverría, ni Manuel Bartlett en la de Miguel de la Madrid, ni Santiago Creel en la de Vicente Fox, ni nadie en la de López Obrador. Los secretarios de Estado no son vicepresidentes y no deben atraer tantos y tanto tiempo los reflectores.
El affaire Ebrard e hijo es serio, pues si la presidenta no hace algo al respecto quedará clara la impunidad con la cual se manejan algunos de sus colaboradores y ese mal ejemplo puede cundir. Es mucho lo que está en juego y corresponde a ella y solo a ella tomar la decisión.
