POR EZEQUIEL GAYTÁN
*Los Grandes Libertadores no Vivieron
la Culminación de sus Luchas
*De Revoluciones Armadas a Victorias
Bajo Procesos Democráticas
*Con AMLO, México Pierde Libertades;
Sheinbaum Sigue la Misma Ruta
*¿Les Alcanzará el Tiempo Para Vivir y
Disfrutar de la Autocracia Total
La historia de la humanidad recoge un sinnúmero de pasajes en los cuales los iniciadores de movimientos sociales, revolucionarios o independentistas no vivieron para ver el desenlace de la odisea emprendida. Los casos de Hidalgo y Morelos en México o de José Martí en Cuba son dos ejemplos que tenemos a la mano. Hay otros como el de Simón Bolivar que logró la independencia, pero murió desilusionado al ver que su sueño de la Gran Colombia se fragmentó debido al egoísmo, ambición y mediocridad de algunos de sus generales. En otras palabras, hubo quienes vivieron para ver el desenlace de su lucha y quienes no lo lograron.
En el siglo XXI, prácticamente las luchas armadas por alcanzar la independencia de una nación o hacer triunfar una revolución por el camino de las armas son mínimas comparadas con el siglo pasado. Hoy, las formas de alcanzar el poder, en occidente, se sustentan mayoritariamente en la democracia. Sin embargo, veo con asombro y preocupación que por la vía electoral algunos candidatos triunfan debido a ofrecimientos sumamente atractivos envueltos en ideales democráticos y luego los olvidan y niegan. De hecho, ya sentados en la silla del poder se desenmascaran y muestran su rostro autoritario, intolerante y excluyente. Casos como los de Israel, Rusia, Estado Unidos y México saltan a la vista. Son líderes que se sienten mesiánicos y debido a su carisma y discurso patriotero engañan a la gente. Pero algo peor, acaban por autoengañarse debido a que sólo ven donde quieren mirar, sólo oyen a quienes quieren escuchar y sólo leen lo que quieren saber.
Esos líderes viven rodeados de un sequito de aduladores y están convencidos de que con ellos se escribirá la obra magna en la historia de sus respectivos países. Les queda claro el inexorable avance del tiempo y que por lo mismo vendrán otros gobernantes, pero están convencidos de que el trabajo de sus sucesores simplemente consistirá en seguir sus pasos. En su soberbia, arrogancia y vanidad profesan que son testigos del desenlace de su obra y que con ellos la historia cierra un capítulo escrito en letras de oro. En su ceguera narcisista piensan que a diferencia de los héroes que murieron por los ideales de independencia, patria y libertad y no vieron los frutos de su lucha, ellos si gozan de esas mieles y ya las deleitan y disfrutan.
Es imposible saber lo que Hidalgo o Morelos pensaban cuando el pelotón de fusilamiento los llevaba al paredón. Siempre he sido de la idea de que murieron convencidos de que a la larga su movimiento triunfaría. Sabemos, eso sí, de que la expresión de Simón Bolivar “he arado en el mar” expresa el dolor de ver que el desenlace de su lucha no fue el anhelado, aunque lo reconfortaba saber que había logrado la independencia de su nación.
Andrés Manuel López Obrador sabe que su idea de un nuevo Estado autocrático en México dominado por su movimiento aún tiene que andar camino. De ahí que, en su obsesión por imponernos su visión de país, insiste en modificar la Constitución, pues para él y su élite de allegados, lo que debe predominar es un sistema político sin partidos de oposición, sin prensa libre, sin transparencia, sin rendición de cuentas, sin movimientos sociales independientes, sin educación de calidad y sin aspiraciones a una mejor calidad de vida. Las obsesiones de ese hombre por ver el desenlace de su monocromática y unidimensional idea de país las instrumenta a través de su colaboradora más leal, la presidenta Claudia Sheinbaum. Está convencido de que, a diferencia de los iniciadores de nuestra independencia, él vivirá la consumación del morenismo en México.
La figura de José Martí desde niño me llamó la atención por su necedad de ponerse al frente de la tropa, pues sabía que eso significaba su inminente autoinmolación y consecuente ejemplo de dignidad. Ese camino, siempre lo he pensado, significaba asegurar, por un lado, el triunfo del movimiento y, por el otro, así evitaba padecer alguna desilusión, como le ocurrió a Bolivar.
Mi tesis es debatible y de ninguna manera deseo que alguien concluya que estoy comparando las figuras de los grandes independentistas de America Latina con la de AMLO. De ninguna manera. Lo que sostengo es precisamente que el tabasqueño es todo lo contrario a Hidalgo, Morelos, Bolívar y Martí. Ellos fueron consecuentes entre lo que pensaban, decían y hacían. Por su parte, el mentor de la presidenta y ella creen que serán testigos de ver del desenlace de su idea de México. Pero lo veo harto difícil por la falta de seriedad en la conducción política, jurídica, económica y administrativa de nuestro país. Les deseo larga vida, más dudo que de que disfrutarán de los frutos esperados porque su propuesta es quimérica y están arando en tierra yerma.
