Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
Hay mañanas en las que decidió envenenar mi mente y acompañado de un café chiapaneco -para que no digan que soy fifí- enciendo la televisión y observo la conferencia del y para el pueblo ofrecida todos los días por la presidenta mexicana, quien se hace acompañar, no necesariamente por alguien de su gabinete, y en las que ya no hay noticias que valga la pena referir.
Sin embargo, lo debo reconocer, existe la imaginación que anda suelta por el Salón Tesorería de Palacio Nacional, en donde todas las mañanas se cambia la escenografía. No los paneles que cierran el espacio entre el acceso presidencial y sus invitados y que “comparecen” ante la presencia de periodistas, algunos a modo y otros, los menos, profesionales que tocan las fibras sensibles del quehacer político nacional.
Por supuesto que hablar de escenografías no es un descubrimiento que nació en el lado oscuro de la comunicación. Es sabido y conocido el manejo de la información desde hace 7 años y 8 meses. No hay referencia que otro presidente mexicano haya hilvanado el conjunto de incongruencias que se dan con el invento de las “mañaneras”.
El “inventor” de las conferencias matutinas y cotidianas, intentó marcar la agenda pública desde su arribo al Palacio del Viejo Ayuntamiento. No le alcanzó la verborrea y el ingenio. Sin embargo, perfeccionó el concepto y desde antes de rendir protesta como presidente constitucional, ya había marcado la ruta por la cual se conduciría. La “consulta” para saber si el “pueblo” estaba de acuerdo en frenar y cancelar la construcción del NAIM mediante un SÏ o un NO, fue una farsa pero, tomando de ejemplo su costumbre de mano alzada, el electo dio por bueno el resultad y en cuanto asumió el poder de manera oficial inició la destrucción sin que mediara explicación más allá de su obsesiva persecución de la corrupción que, su propio secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, públicamente, en una mañanera, le informó no haber encontrada nada que confirmara sus sospechas. Vaya, no halló la corrupción que el miope miró desde Macuspana.
En cada sesión, se montaba la escenografía correspondiente al tema que el jefe de prensa, Jesús Ramírez Cuevas, había pactado con “sus” periodistas.
Si se trataba del Tren Maya, aparecían imágenes en las que se miraban los avances. Jamás se mostraron los tramos devastados, la selva agredida y la fauna desorientada por la invasión de sus espacios.
Si se trataba de Dos Bocas aparecían las láminas en las que se confirmaba que “es la culminación para la autosuficiencia en gasolinas y diésel”.
Sucesivamente se modificaban los escenarios. Quien esté al frente del equipo que monta y desmonta la escenografía, tiene mentalidad teatral. Porque define correctamente el alumbrado, el ritmo de las imágenes para que coincidan con las palabras y sirvan de prueba de que todo está requetebién
En medio de la crisis energética global, no solamente en nuestro país, el flagelo que a los asalariados, pensionados y becados más les pega: la inflación, galopa por el territorio nacional y amenaza con afectar a los más vulnerables que, de suyo, ya no tienen para adquirir medicamentos, la tortilla subirá de precio y la dieta obligada para bajar el colesterol es no comer carne roja, quesos, embutidos, chicharrón, leche, natas y los ricos tacos de cabeza.
La gente sabe y bien, que en México lo que sube no baja. Es el elevador descompuesto permanentemente.
En el caso de las gasolinerías que no respetan el “acuerdo” y venden con sobre precio las gasolinas y el diésel, la mismísima presidenta conminó a los concesionarios a “no pasarse de la raya” y “ordenó” al procurador del consumidos. Iván Escalante exhibirlos para que la gente sepa quienes son los “malos”.
Obediente como debe ser cualquier empleado, fueron colocadas las mantas que rezan: “No cargues aquí. Se vuelan la barda con los precios”. La lona tiene un tache color rojo.
Los concesionarios pusieron el grito en el cuilo y exclamaron: uuuyyy qué miedo”.
No se conoce si habrá sanciones pecuniarias o clausuras.
En el caso del aumento de la tortilla, la presidenta afirma “no hay razón para subir el precio”. Simplemente descartó los argumentos de productores y comercializadores.
Ante el elevado costo del jitomate, afirma: “algo anda mal… en las tiendas del ISSSTE el jitomate vale 20 pesos el kilo y en las cadenas comerciales 80”.
Volteó la mirada a los intermediarios, mejor conocidos como acaparadores y se anunció la “reunión” con quienes acaparan.
La escenografía está montada y se conoce el elenco hasta los nombres de los tramoyistas salieron a la luz.
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X mantiene canceladas muestras cuentas sin habernos explicado qué reglas rompimos cuando nos informó que la decisión obedeció a la petición de un usuario, del cual nunca conocimos el nombre y la queja.
