Pertenecer

 

 

POR EZEQUIEL GAYTÁN 

 

*En la Liga de Futbol, son Enemigos; en el Mundial 

Todos se Ponen la Verde

*La Pertenecía es Algo Mucho más Serio que Convocar 

a la “Unidad Nacional

*Claudia Sheinbaum Fomenta División Entre Chairos de

Izquierda y Fifís de Derecha

 

Pertenecer es un verbo intransitivo e irregular que despliega amplios senderos multimodales y de ahí que es usual que requiera un complemento indirecto. El concepto, desde el punto de vista de las ciencias sociales es objeto de estudio debido a que el sentido de pertenencia está vinculado con la sobrevivencia de la especie. De hecho, el axioma aristotélico “el hombre es un animal político” alude al gregarismo natural de la condición humana. El tema es profundo y repleto de aristas, pues va desde la teología cuya idea es pertenecer a dios y al prójimo como una unidad, hasta el mundo materialista de posesión de objetos, como un carro, o acerca del sentido de identidad familiar o ante una comunidad o a un grupo de amigos.

Es tan complejo el multiverso de la pertenencia que también considera elementos de exclusión. Tal es el caso de que un ser humano no lo puede pertenecer a otro, pues significaría una relación de dominación y de esclavismo. De ahí que es un tema de voluntad y de sujeción formal e informal a una organización o a una institución. Consecuentemente va de la mano de la idea de la membresía al poder ser y tener. Por ejemplo, ser mexicano y tener un pasaporte.  También se acompaña de la lógica de la identidad al ser “A” y no poder ser “B” al mismo tiempo. La pertenencia también sostiene que la inclusión social es fundamental, pues los seres humanos buscamos permanentemente, sobre todo desde la adolescencia, encontrarnos y conocernos a nosotros mismos. 

Los aficionados al futbol, ahora que está de moda, se identifican con un equipo y cuando acuden al estadio lo usual es que vistan la camiseta con los colores de su equipo. Léase, se sienten identificados y afirman su apego con un fetichismo como es una camiseta y, al mismo tiempo, excluyen a quienes portan el jersey del equipo rival. Lo interesante es que ambos personajes se pondrán una camisola color verde y se sentarán juntos, pues pertenecen a la misma nación. Con lo que se puede concluir que el sentido de pertenencia es relativo en muchos casos.

Pertenecer a una institución o a una organización informal de amigos es consubstancial al ser humano, por lo que uno de los peores escenarios para un individuo es carecer de pertenencia. Tan es importante el tema que la Declaración Universal de los Derechos Humanos sostiene en su artículo 15 que tenemos derecho a una nacionalidad. Es decir, pertenecer a una comunidad de individuos y ser libre. 

A reserva de parecer un Perogrullo tautológico, pertenecer es parte del pacto social, un elemento cualitativo y, por lo mismo, axiológico. Consecuentemente no puede haber mexicanos de primera y de segunda. Los de Morena y los otros. Sobre todo, por la nación no le pertenece a un partido político. 

La pertenecía es, por lo mismo, algo mucho más serio que convocar a la “unidad nacional” en torno a un movimiento de corte ideológico-partidista o a la figura de una presidenta que esgrime a los cuatro vientos el concepto decimonónico de soberanía, pero que, al mismo tiempo, excluye con mediante su reforma política a todos aquellos que piensen de manera diferente a ella y a su mentor. 

Pertenecer a la nación mexicana es, en lo personal, un motivo de orgullo. Por lo que diferir en matrería política o hacia un gobierno determinado de un gobierno por su forma de conducir la Administración pública no me hace traidor a la patria. Pertenezco al pueblo mexicano, soy mexicano y me opongo a que la señora Sheinbaum fomente la división entre chairos de izquierda y fifís de derecha. Ese tipo de frivolidades raya en lo absurdo y en lo grotesco. Pertenecer a organizaciones informales de amigos y pertenecer al gremio periodístico me ayuda en tener certeza de lo que soy, de lo que quiero para mi país y de lo que anhelo como ser humano.

No le pertenezco a nadie y nadie me pertenece. Soy libre y defiendo mis derechos de pertenecía, pues una democracia me otorga el derecho a decir “no estoy de acuerdo” y disiento de la forma de pensar de la presidenta, pero queda claro que, como dijo Voltaire, defenderé el derecho que tengo a decirlo. 

Vivimos momentos de mucha tensión y peligro debido a las agresiones y fanatismos bélicos por la irresponsabilidad de gente como Donald Trump y Vladimir Putin. En consecuencia, la responsabilidad de la presidenta es fomentar el sentido de pertenecía a la cultura de la mexicanidad y a la fraternidad mundial. Pero ella no empieza en casa. Descalifica con su pueril análisis de izquierdas y derechas y maniqueísmos ideológicos. Ella es quien abolla el sentimiento de pertenencia y ya es momento de que supere su idea de que la unidad nacional es en tormo a su movimiento, su mentor y hacia ella.

Acerca de misionpo 20819 Articles
Noticias nacionales e internacionales. Investigación y reflexión política.