Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
Corregir el rumbo respecto al destino de un país, siempre será recomendable. Comenzar por aceptar la realidad y dejar los sueños guajiros para Barcelona, podría ser un avanza … con meses de atraso.
México lleva años de estanflación. Nos dicen desde el púlpito presidencia, que la economía va “requetebién”… “tenemos un peso fortachón”, y se niega el fenómeno de una situación económica caracterizada por la aparición simultánea de una inflación elevada, un estancamiento del crecimiento económico y un elevado desempleo.
Los tres elementos se conjuntaron en 2026. Ya venían empujando. Sin embargo, la manipulación informativa, hay que decirlo, del INEGI en combinación con la del Banco de México, salvaron el muro de la recesión económica. Centésimas aparecieron de la nada para confirmar que la recesión no llegó en el papel. En la vida cotidiana, se registró. No hay forma de decir que la estanflación es el invento de los enemigos de la señora Sheinbaum.
Los que hacemos las compras alimentarias, ya sea en supermercados o en tianguis, somos testigos de la inflación. La que se dice estar controlada por el Banco de México que, a estas alturas desgastan la calidad de la gobernadora Victoria Rodríguez Ceja y descobija la tabla en donde se planchan las, sumas, las restas y, lo fundamental: el crecimiento económico versus inflación.
Hasta ahora no hay institución oficial -deberíamos llamarlas a todas del oficialismo- que admite la estanflación.
Sin embargo, las palabras presidenciales dejan el camino abierto para la aceptación. El camino no es el adecuado y, empero, podría aplanar algunos de los baches en la economía.
Personalmente no lo creo.
Sustentar la política “correctiva” que frene el incremento de precios está el “abuso de los intermediarios” no deja de ser un señalamiento cierto, casi verdad de Perogrullo y no por acosos exógenos… pero ya lo sabe el gobierno de ahora y estaban enterados los de otros gobiernos que vienen de atrás.
Anunciar reuniones con gasolineros y productores dentro del Paquete contra la Inflación y la Carestía (PACIC) para frenar alzas, no deja de ser una aspirina para el cáncer.
Y gritar a los cuatro vientos que soplan en los desiertos: “No puede subir la canasta básica”, es ignorar la realidad. La presidenta no la conoce.
¿Le harán caso los intermediarios, definidas como cadenas de autoservicios y sacarán de sus congeladores las cosechas completas de jitomate, tomate, chile verde, papas, limón etcétera?
La inflación está presente desde hace dos meses. Por lo menos los indicadores del INEGI así lo mostraban en sus indicadores quincenales. Pero en Palacio Nacional era más importante defender “con orgullo” el apoyo a la dictadura cubana.
Ni una mención en sus mañaneres. El procurador del consumidor, atento a que en las estaciones de servicio de combustibles respetaran el acuerdo con la presidenta de no subir los precios. A los concesionarios les importó un bledo el acuerdo y el diésel casi alcanza los 30 pesos por litro.
Al campo no se destinan recursos y todo se resume a la expresión “estamos entregando fertilizantes gratis” sin apoyar con créditos, semillas, distribución y precios de garantía que respondan a los costos reales de producción.
La presidente quiere endurecer la relación con los intermediarios. No le han informado que son los principales acaparadores de frutas, hortalizas y ganado porcino, pollo y huevo.
Y no es de ahora.
Se debe al acuerdo del PACIC
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