Los Salazar se consolidaron como una de las células criminales más importantes del norte de México, con fuerte presencia en Sonora y zonas clave para el tráfico de droga hacia Estados Unidos.
El grupo surgió como parte del Cártel de Sinaloa, donde operaba como brazo armado encargado de resguardar rutas, ejecutar acciones violentas y mantener el control territorial frente a organizaciones rivales.
Su origen se vincula con Adán Salazar Zamorano, conocido como “Don Adán”, quien formó una estructura de carácter familiar que con el tiempo se fortaleció dentro del crimen organizado. Varios de sus integrantes se posicionaron como operadores estratégicos en el trasiego de drogas, principalmente en la frontera norte.
Durante años, Los Salazar estuvieron ligados a la estructura conocida como “Gente Nueva”, considerada una fuerza de choque dentro del Cártel de Sinaloa para enfrentar a grupos rivales en zonas de alta disputa.
Sin embargo, los cambios internos dentro del narcotráfico provocaron tensiones entre distintas facciones. Con el debilitamiento de liderazgos tradicionales, el grupo pasó de ser un aliado clave a protagonizar conflictos con otras células, incluyendo disputas internas por el control de territorios.
Actualmente, Los Salazar mantienen operaciones en diversas regiones del país, con actividades que incluyen el tráfico de drogas, control territorial y otras acciones ilícitas. A pesar de los golpes a su estructura, continúan siendo un actor relevante en la dinámica criminal del norte de México.
La historia de este grupo refleja la evolución del crimen organizado: organizaciones que nacen bajo el cobijo de grandes cárteles y que, con el tiempo, adquieren poder propio dentro de la disputa por el control del narcotráfico.
