POR: Luis Armando Carranza Camarena
La misión Artemisa II despegó exitosamente el 1 de abril de 2026, desde el Centro Espacial Kennedy en Florida a las 6:35 p.m. hora del este. Es un momento histórico que comento con profunda emoción.
Desde 1969, cuando el Apolo 11 marcó el primer alunizaje humano, la humanidad no volvía a viajar más allá de la órbita terrestre baja con tripulación
Ese día, el poderoso cohete Sistema de Lanzamiento Espacial, conocido como SLS por sus siglas en inglés, llevó al espacio profundo a cuatro astronautas, los cuales son
Reid Wiseman: Astronauta de la NASA, comandante de la misión Artemisa II. Es un capitán retirado de la Marina de Estados Unidos y fue jefe de la Oficina de Astronautas de la NASA antes de esta asignación.
Víctor Glover: Astronauta de la NASA, piloto de la misión Artemisa II. Es capitán de la Marina de Estados Unidos y cuenta con experiencia previa en vuelos espaciales (incluyendo una misión a la Estación Espacial Internacional).
Christina Koch: Astronauta de la NASA, especialista de misión en Artemisa II. Es ingeniera eléctrica y física; ostenta el récord de la estancia más larga en el espacio por una mujer (328 días en la Estación Espacial Internacional).
Jeremy Hansen es astronauta de la Agencia Espacial Canadiense (CSA, por sus siglas en inglés), no de la NASA. Es el primer canadiense asignado a una misión lunar.
Como se puede observar, esta composición refleja la colaboración internacional del programa Artemisa, donde la NASA lidera la misión y cuenta con el apoyo de socios como la Agencia Espacial Canadiense.
En mi opinión, los objetivos clave de esta misión se cumplirán en tiempo real, ya que, en primer lugar la nave Orión prueba por primera vez con tripulación humana sus sistemas de soporte vital, como la protección contra radiación, el control ambiental y el reciclaje de recursos durante los aproximadamente 10 días de viaje. Otro de los objetivos es validar el cohete Sistema de Lanzamiento Espacial Block 1 y todas las operaciones de lanzamiento y recuperación.
Ahora bien, como objetivo central es el corazón de la misión, es decir, el sobrevuelo lunar en trayectoria de retorno libre, esto me impresiona; es como un búmeran cósmico que usa la propia gravedad lunar para regresar de forma natural y segura; lo explico de forma sencilla: imaginemos que se lanza una pelota de forma que roce la Luna y, gracias a la fuerza de gravedad de nuestro satélite, ésta nos “empuja” y devuelve suavemente hacia la Tierra sin necesidad de encender motores extra.
Es importante señalar que el cohete no va directo, antes, debe de dar un par de vueltas altas alrededor de la Tierra, la Orión se dirigirá hacia la Luna siguiendo esta ruta en forma de ocho gigante. Pasará a unos 6.500 kilómetros de la superficie del lado oculto de la Luna (la cara que nunca vemos desde la Tierra), alcanzando la mayor distancia de nuestro planeta que cualquier humano haya viajado en más de 50 años.
Durante varias horas, los astronautas verán con sus propios ojos paisajes lunares nunca antes contemplados directamente por humanos bajo la luz del Sol, tomarán fotos y datos científicos de cráteres, montañas y regiones polares. A lo largo del viaje, la Tierra desaparecerá completamente de su vista y estarán solos en la inmensidad del espacio profundo.
Esta maniobra, además de emocionante, será una prueba la navegación, las comunicaciones y el soporte vital en condiciones extremas, todo mientras se garantiza un regreso “gratis” a casa si algo fallara.
Esto representa una base sólida que se requiere para seguir avanzando en la confianza de la carrera espacial, por lo que toca al menos hasta 2040, por lo que considero que este éxito pavimenta una visión futura ambiciosa.
Según la arquitectura actualizada de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (febrero de 2026), la siguiente misión, Artemisa III (2027), se dedicará a pruebas de acoplamiento con vehículos de aterrizaje comerciales en órbita terrestre baja. Artemisa IV (principios de 2028) debería lograr el primer alunizaje tripulado en el polo sur lunar. Artemisa V (finales de 2028) sumaría otro aterrizaje, acelerando hacia misiones anuales.
Desde mi perspectiva, la meta real, que es establecer una presencia lunar sostenible se basa en desarrollar hábitats permanentes y aprovechar el hielo lunar para obtener agua, oxígeno y combustible, por lo que la Luna se convertirá en nuestro laboratorio y trampolín hacia misiones tripuladas a Marte en las décadas de 2030-2040, ayudándonos a diversificar riesgos existenciales y a convertirnos en una especie multiplanetaria.
En ese sentido, comparto plenamente la visión optimista del astrónomo mexicano Alejandro Farah, investigador del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México y secretario del Programa Espacial Universitario. Farah ha señalado que, después de más de 50 años sin que el ser humano esté cerca de la Luna, esta misión “es un impulso más para tener una base en este satélite y así poder explotar sus recursos naturales” (Farah, 2026). Su perspectiva refuerza que no se trata solo de llegar, sino de quedarnos y prosperar mediante colaboración internacional y desarrollo tecnológico.
Esta misión se inscribe en una carrera espacial mundial cada vez más dinámica y competitiva.
Mientras la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio avanza con el programa Artemisa en alianza con la Agencia Espacial Canadiense y empresas privadas como SpaceX —cuya nave Starship ha recibido un rol ampliado en las misiones lunares—, China acelera su propio programa con la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS) y planes concretos para un alunizaje tripulado antes de 2030, apoyado en el desarrollo del vehículo Long March-10 y la nave Mengzhou. En 2026,
China tiene programadas dos misiones tripuladas y una de carga a su estación espacial, lo que demuestra un avance sostenido y paralelo.
Esta competencia global, lejos de ser un mero enfrentamiento, genera un efecto multiplicador: acelera la innovación tecnológica, fomenta colaboraciones internacionales y eleva el estándar de exploración espacial.
En mi opinión, esta carrera beneficia a toda la humanidad al diversificar enfoques y recursos hacia objetivos comunes como la sostenibilidad lunar y la preparación para Marte.
Proyectos similares, como el programa chino de Investigación Lunar Internacional o el Starship de SpaceX, enriquecen esta carrera global y llenan de esperanza.
Como mexicano, veo en estos avances oportunidades concretas de colaboración científica y crecimiento tecnológico para nuestro país.
En resumen, Artemisa II ya es historia: el despegue exitoso marca el inicio de una nueva era que celebro con entusiasmo.
Este vuelo representa el regreso de la humanidad al espacio profundo después de más de cinco décadas y constituye el primer paso concreto y verificable hacia una presencia sostenida más allá de la órbita terrestre.
La misión valida tecnologías críticas que permitirán, en los próximos años, construir infraestructura lunar permanente, extraer recursos locales y reducir los riesgos asociados a la vida en un solo planeta.
Estoy convencido de que, mantener el impulso colectivo, la colaboración entre agencias espaciales y el sector privado, y el compromiso con la exploración responsable, se logrará establecer bases lunares habitables y, eventualmente, enviar misiones tripuladas a Marte.
El cosmos nos llama con una invitación clara: expandir nuestro hogar más allá de la Tierra. ¿Nuestro País, responderá a ese llamado con determinación, visión y grandeza?
El futuro multiplanetario no es una utopía lejana, sino un destino que hoy comienza a construirse con el exitoso vuelo de Artemisa II.
