Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
Con la desaparición de la Policía Federal de Caminos en 2019 por presuntas violaciones y corrupción cometidas por sus elementos, las carreteras de cuota y las libres del país, se han convertido en asfaltos de la muerte.
No hay día en que no lea o mire que la autopista a Querétaro está bloqueada por la volcadura del tráiler o por haberse estampado con otro carguero.
Lo mismo ocurre se registra en las que conducen a Puebla y Cuernavaca, sin omitir lo que pasa en la de Pachuca.
En todas y cada una de ellas hay accidentes en ocasiones sumamente graves por el número de fallecidos y heridos de gravedad. En otros la perdida de la mercancía transportada y el valor de la unidad que queda destrozada.
¿Quién vigila ahora las autopistas y las carreteras federales?
Oficialmente se informa: LA GUARDIA NACIONAL.
Es decir, la institución creada como la sustituta de la Policía Federal y más tarde incorporada como el cuarto brazo armado de la Defensa Nacional, es decir, del ejército y por tanto las tareas que debe desempeñar constitucionalmente nada tienen que ver como patrullar carreteras y evitar accidentes.
Hasta ahora no se sabe cuándo algún militar ha detenido a un conductor por manejar en estado de ebriedad o probablemente intoxicado por alguna droga o que haya aplicado alguna multado y recogido la licencia para operar tráileres de doble remolque. Tampoco hay información sobre detenciones por exceso de velocidad, generalmente la causa de los accidentes o por fallas en los frenos, que bien pueden ser balatas, tambores o mangueras de aire.
No se sabe si existe una revisión mecánica de las unidades que corren a lo largo y ancho del país para llevar a ciudades y comunicades alimentos, medicinas, línea blanca, ropa y por supuesto pantallas, computadoras equipos de sonido preparados para romper los tímpanos.
A la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, cuyo titular Jesús Antonio Esteva Medina, ingeniero civil con maestría en estructuras, cuyo desarrollo profesional se ha circunscrito a la Ciudad de México desde 2000 hasta el 2024 -participó en la construcción del segundo piso, cuyos costos fueron reservados por 12 años- ha mostrado poco interés en corregir defectos en las carreteras y evitar los accidentes.
Las carreteras libres -si es que se les puede llamar así- están destrozadas y aunque se anuncia desde Palacio Nacional la “gran inversión en infraestructura”, pocos resultados se observan.
Si bien es cierto las autopistas son concesiones con excepción de las que opera CAPUFE, es obligación de la SICyY observar las condiciones y, en su caso, contactar con los concesionarios y solicitar la reparación o correcciones en curvas.
Todavía no alcanzo a entender la desaparición de la Policía de Caminos, institución que hacia su trabajo y frenaba a aquellos lujosos autos que rompían el límite de los 110 kilómetros por hora. Probablemente recibían para las “chelas” y los conductores seguían su rumbo, pero a menor velocidad … por lo menos en los metros que alcanzaban a cubrir los ojos de los azules.
Sin embargo, las estrategias diseñadas por quienes dirigían la corporación, funcionaban porque a distancia de 4 kilómetros siempre había una unidad. Y otras recorrería las autopistas -las libres, hay que admitirlo, no entraban en la seguridad- para contener a los pilotos de la Fórmula 20.
Hoy la Guardia Nacional aparece en el asfalto cuando ya ocurrieron los accidentes. No hay prevención. Y por ello, los conductores de transporte pesado sobre todo son los que le imprimen velocidad a sus “poderosos animales de 400 caballos”.
Dicen los expertos en todas las áreas que la prevención y mantenimiento son los dos elementos que salvan vidas.
Seguramente los de la GN no los conocen y están preparados para ser observadores y no actores.
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X mantiene canceladas muestras cuentas sin habernos explicado qué reglas rompimos cuando nos informó que la decisión obedeció a la petición de un usuario, del cual nunca conocimos el nombre y la queja.
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