Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
La nueva frase: somos socios, me hizo recodar la canción “Somos Novios”, compuesta en 1968 por el yucateco Armando Manzanero y presuntamente destinada a la pareja presidencial formada por Gustavo Díaz Ordaz y Guadalupe Borja, cuyo matrimonio naufragaba por la relación personal del expresidente con la Tigresa Irma Serrano, a quien regaló la cama en donde dormía la emperatriz Carlota y que se encontraba en el Castillo de Chapultepec. Además del aposento, otras piezas valiosas pasaron al Pedregal de San Ángel.
Por aquellos tiempos yo era reportero de espectáculos -y ya realizaba suplencias en información general en mi primera casa editora de diarios: El Universal- y una noche platiqué con Manzanero, allá en el Teatro Blanquita y le hice una pregunta cuya respuesta no olvido:
Pregunta: Maestro, ¿Qué se siente ser el compositor más importante de México?
Respuesta. “Eso pregúntemelo dentro de 25 años”
Miguel Ángel Mancera me invitó a un evento celebrado en la sede de la Sociedad de Autores y Compositores de México, en los rumbos de Coyoacán y allí me tope con don Armando.
Yo sabía quién era sin duda alguna. Él me miró fijamente, sonrió y me saludó. No sabía bien a bien a quien había saludado.
Habían pasado cinco décadas, sí, 50 años desde la fecha en que le formulé la pregunta. Le recordé aquella charla y abrió los ojos, me tendió la mano de nueva cuenta y ubicado que estaba, me dijo: “Se le pasó el tiempo … no sabría como contestarle”. Y sonrió, casi emitió una carcajada.
A don Armando lo recordaré siempre por tres razones: su bonhomía como persona y al dirigirse a mí un joven periodista de apenas 21 años sin altanería ni soberbia; la fama le da para eso y más.
La segunda porque como reportero tuve oportunidad de escuchar sus canciones antes de que fueran distribuidas al público y la tercera por la cantidad de letras escritas con inteligencia, gramática, ortografía, impecables.
Por lo demás, estoy alejado de los espectáculos además de que nunca opté por revelar “secretos de alcoba” para ser respetado y leído.
Usted se preguntará y con justa razón que tiene que ver Somos Novios con Somos Socios, solamente un tema: la relación México-Estados Unidos. Léase: Donald Trump-Claudia Sheinbaum.
Desde el arribo del republicano a la Casa Blanca en su segundo periodo -sus cuatro años coincidieron con Andrés Manuel López- la tensión entre ambos países y sus presidentes ha sido notoria y notable. Imposible desdeñar las razones de Washington y la clara intención de México se ignorar, hasta donde la liga aguante, las expresiones de Trump.
La presidenta mexicana respondió, durante su gira a Zacatecas, al mensaje del republicano sobre el renombramiento del Golfo de México por el de América porque, según los ladrones de EU tiene el 92 por ciento del espacio marino.
“Nosotros somos un país de paz, eso nos caracteriza, siempre buscamos la paz afuera, en todo el mundo y también adentro de nuestro país”, señaló. Añadió que la relación con Estados Unidos se basa en la cooperación: “Y con el gobierno de Estados Unidos queremos paz, no queremos pelearnos, no nos interesa pelearnos, para nada; al contrario, somos socios y queremos la protección de nuestros hermanos del otro lado de la frontera”.
Bueno, la forma de interpretar la sociedad no deja clara la actitud de México respecto a las sanciones que impondrá Estados Unidos a Cuba.
Para la presidenta es más importante enviar ayuda humanitaria a La Habana antes de preocuparse de atender el problema que registrará el enojo de la amenaza naranja.
Entre Somos Socios y Somos Novios no hay mucha diferencia. Entre socios diríase que es normal la ruptura comercial. Entre novios el asunto se complica. Usted lo sabe y lo sabe bien.
En fin, nadie le pide a la presidenta que se pelee con EU – ¿qué tal si le ganamos? – y tampoco nadie quiere que se vaya en 2027, por lo tanto, se le pide que cumpla con el mandato que le confirió el pueblo.
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X mantiene canceladas muestras cuentas sin habernos explicado qué reglas rompimos cuando nos informó que la decisión obedeció a la petición de un usuario, del cual nunca conocimos el nombre y la queja.
