El líder obsesivo y el capitán Ahab

Por David Martínez

A Jacob Ling

En una conversación informal, me sueltan: Bibi es como el capitán Ahab, el de Moby Dick. La frase llamó mi atención, no sólo por la comparación entre literatura y realidad, sino también por la importancia de las Ciencias del Comportamiento en la actualidad y su utilidad para explicar la complejidad. Reconozcamos lo evidente: este tipo de comparaciones puede ser absurda. Razones hay varias, pero podemos resumirlas en tres:

Reducen la complejidad de decisiones políticas a narrativas simplificadas. Y quizá no se tenga algo tan complicado como el encaje de Israel en el Medio Oriente.

Pueden politizarse fácilmente según la posición del observador, contrario a las posiciones del gobierno israelí, o visualizan que no hay otra salida para un conflicto tan enroscado.

Finalmente, no está de más decir que los líderes reales operan dentro de restricciones institucionales que Ahab no enfrenta.

Ambos personajes encarnan lo que en psicología política se denomina el líder obsesivo. El Capitán Ahab, al perseguir a la ballena blanca, movido por una venganza personal, termina siendo definido por ese sentimiento en toda su identidad. De manera similar, Netanyahu ha construido gran parte de su narrativa política alrededor de identificar la tragedia de su hermano con la existencia de Israel, presentándose como el único líder capaz de terminar con el terrorismo yihadista que azota a Israel, aún así tenga que incendiar toda la región. Esa narrativa, la de garantizar la supervivencia nacional, como si hubiese que cazar a la gran ballena blanca aún después de que esta vuelva a hundirse y aparezca tanto tiempo después, sirve para aferrarse no ya a un madero en medio del mar, sino al poder.

Dicho esto, hay  algunos rasgos psicológicos comunes, aunque este paralelismo es necesariamente especulativo -porque Ahab es un personaje literario- y no constituye un diagnóstico clínico sobre Netanyahu.

La obsesión como motor central. Ahab no puede descansar hasta destruir a Moby Dick, incluso cuando esto pone en riesgo a toda su tripulación. En el caso de Netanyahu, su persistencia en ciertas políticas de seguridad y su enfoque en amenazas percibidas han mostrado una resistencia notable ante críticas internas y externas. Ambos demuestran lo que los psicólogos llamarían rigidez cognitiva (la incapacidad de adaptar estrategias cuando las circunstancias cambian).

El costo Personal y colectivo. Melville muestra cómo la obsesión de Ahab destruye a todos a su alrededor. La tripulación del Pequod termina muerta, excepto Ishmael. En política, esta dinámica se manifiesta cuando las decisiones de un líder priorizan objetivos personales o ideológicos sobre el bienestar colectivo. Los críticos de Netanyahu argumentan que su enfoque ha llevado a divisiones profundas en la sociedad israelí y a conflictos prolongados con consecuencias humanitarias significativas, algunas en delitos de lesa humanidad.

La supervivencia existencial. Ahab ve a la ballena como un mal metafísico que debe ser erradicado. Netanyahu frecuentemente enmarca las amenazas a Israel en términos existenciales, donde no hay espacio para compromisos. Esta polarización moral elimina el terreno gris donde normalmente ocurre la diplomacia.

Este ejercicio revela más sobre el arquetipo del líder obsesivo en la cultura occidental que sobre cualquiera de los dos individuos específicamente. Pero no está demás concluir que Ahab representa el peligro de cuando la identidad personal se fusiona completamente con una misión. En política,  como lo vemos en el caso de Netanyahu, esto plantea preguntas importantes sobre los mecanismos de control democrático y la necesidad de instituciones que prevengan que la visión personal de un líder eclipse el interés colectivo y lleve a ese Estado a cometer crímenes atroces y espeluznantes.

Grafico tomado de la web

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