POR EZEQUIEL GAYTÁN
*El Enemigo Escuchaba: ¿qué Prefieres
Entierro, Encierro o Destierro?
*Hoy la Lucha por el Poder es Oportunismo
Político y el Cambio de Partido,
*Para los Morenistas lo Significativo es la
Lealtad y no Vivir en el Ostracismo.
El ostracismo es la exclusión de una persona o un grupo de gente, usualmente en contra de su voluntad, aunque también existe el voluntario. En la antigua Atenas era una forma de rechazo político, ya fuese de parte de la clase gobernante o de la sociedad. Su consecuencia era el destierro por un periodo de diez años. Por cierto, eran un asunto público. Por lo que se debatía democráticamente y la decisión era sometida al voto popular. Cabe destacar que el ciudadano sometido al ostracismo no sufría tortura, ni se le mutilaba una parte del cuerpo. Más aún podía regresar a su polis, cumplido el castigo, pues no perdía sus propiedades y privilegios.
La historia mexicana del siglo XIX registra casos de expulsión del país, como fueron los casos de Iturbide y Juarez. Durante el siglo XX los primeros gobiernos de la revolución recurrían a preguntarle al que consideraban su enemigo ¿qué prefieres entierro, encierro o destierro? Léase, una amenaza con una respuesta obvia. Con el tiempo esa pregunta dejó de plantease y se transitó a la triada “cooptar, comprar o corromper”, pues el servicio exterior ya no fue concebido como un castigo, sino como un premio. Es importante a mi parecer, la acotación, pues el sistema político basado en sexenios logró, a partir de Lázaro Cárdenas, que se fundara una regla de oro no escrita “no matarás a tus contrarios”. La cual permitió que la lucha política fuese en gran medida de forma pacífica. Empero esa regla se rompió con el asesinato del candidato priista, Luis Donaldo Colosio, y ese fue el principio del fin de ese partido. El caso es que el ostracismo político a la mexicana no recurría al destierro, sino a la marginación sexenal y una bobada que los niños llaman “la ley del hielo”. Es decir, debido a que todos eran priistas y todos tenían amigos a los cuales cobrarles favores, la vida en el ostracismo no conllevaba al destierro ni al abandono total. De ahí que era común ver la resurrección de políticos en la vida nacional.
El siglo XXI mexicano ha sufrido una yuxtaposición de roles debido a la alternancia partidista. La lucha por el poder hoy conlleva al oportunismo político y al cambio de partido, como si fuesen mudas de ropa interior. La lealtad y fidelidad a los partidos políticos es asunto del pasado y es común ver a otrora “miembros encumbrados” de la clase política panista y priista vestida de color guinda. Sobre todo, porque ya leyeron que Morena y su reforma electoral es el regreso al Partido de Estado. Saben que es una contrarreforma y que es un retroceso democrático. Pero no les importa. De lo que se trata es no caer en el moderno ostracismo político y vivir al margen de los placeres del uso y del abuso del poder. Sobe todo, porque ya es claro y notorio que si un individuo es del partido oficial gozara de la impunidad que es la madre de la corrupción.
El moderno ostracismo a la mexicana no destierra, pues la presidenta y su mentor ven en el servicio exterior un botín y por ende un premio acompañado de una salvación jurídica. Tampoco encierra porque ya saben que ese camino potencialmente proyecta mártires. Ya hay casos de que entierra como es asunto de Carlos Manzo, quien fuera presidente municipal de Uruapan, Michoacán. Aunque no es una práctica muy común, ya que basta con la amenaza que aplaca a la disidencia. Bien sabemos que su brazo armado barre con aquellos que considera sus enemigos; así que basta con una mirada. El caso es que cada vez más vivimos un sistema político de cooptación y compra de personajes. Aquí aclaro cuanto antes que no es semejante al Partido Nacional Revolucionario, pues el lema de la institución creada por Plutarco Elías Calles fue “Instituciones y Reforma Social” algo totalmente contrario a la autoridad mesiánica que propone en la práctica un dúplex y que llama segundo piso de una quimérica transformación. Peor aún, llevamos siete años de un mediocre y vergonzante crecimiento económico, de fragmentación del tejido social, de un continuo temor debido al crecimiento de la inseguridad pública y de una merma significativa por lo que respecta a los servicios educativos y de salud.
No obstante, crece el número de afiliados al partido oficial y la Administración pública recluta gente improvisada y de dudosa reputación. Pero tampoco les importa, pues para los morenistas lo significativo es la lealtad y no vivir en el ostracismo.
A reserva de que se incorporen nuevos partidos políticos a la contienda electoral de 2027 y que los partidos políticos de Acción Nacional, el Revolucionario Institucional y el Movimiento Ciudadano sean una opción real y atractiva para la ciudadanía, mucho me temo que con la reforma electoral que quiere imponer el gobierno nos conducirá a vivir bajo la hegemonía de un nuevo partido de Estado y que la verdadera víctima del ostracismo político en México sea la democracia.
