POR ULISES CORONA
Tras los ataques recientes, los precios del petróleo Brent y WTI han subido de forma significativa debido a los riesgos de interrupción del suministro, especialmente en el Estrecho de Ormuz, por donde circula más del 20 % del crudo marino mundial.
En los primeros días del conflicto, los mercados han registrado saltos del 6 % al 13 % en los precios de benchmark, reflejando la prima de riesgo asociada a la inseguridad del suministro.
La reacción de los mercados financieros: inversores y mercados de crédito han mostrado volatilidad, con presión sobre acciones y mayor aversión al riesgo ante la incertidumbre económica.
Esta clase de repuntes en precios petroleros son típicos en etapas de conflicto la primera reacción del mercado suele ser un alza brusca de precios impulsada por la incertidumbre, aunque no siempre se traduzca en interrupciones físicas del suministro. En la medida en que no se cierre completamente el Estrecho de Ormuz, el impacto tiende a centrarse más en la volatilidad que en rupturas de oferta sostenidas.
Escenario 1. Desescalada rápida
Si la guerra se contuviese pronto y no se afectará la logística de exportación, los precios podrían corregirse a niveles cercanos a los fundamentales estructurales (aproximadamente $60-70 /barril en 2026 según proyecciones de casas de análisis).
Esto refleja que existe actualmente oferta relativamente abundante y crecimiento moderado de demanda, sobre todo con expansión en producción fuera de Oriente Medio. El impacto a largo plazo sería limitado -precios más altos- solo temporalmente y menor efecto sobre inflación global.
Escenario 2. Prolongación del conflicto y riesgo logístico
Si el conflicto se prolonga y comienza a afectar instalaciones clave o transportes (como cierre prolongado del Estrecho de Ormuz), los precios podrían superar los $90-100 /barril o más, dependiendo de la magnitud de la interrupción. Según estimaciones de organismos como el Banco Mundial, una interrupción moderada o severa en el suministro podría elevar los precios de forma sustancial e incluso tensionar otros mercados de productos básicos.
Este escenario sería peligroso para la estabilidad económica global, con posibles efectos recesivos si la inflación energética se extiende.
Escenario 3. Ajustes en producción global
Países productores fuera de Oriente Medio (especialmente miembros de OPEC+) podrían aumentar producción para mitigar interrupciones parciales, moderando así el impacto de precios a largo plazo.
Considero, que es probable que el equilibrio final esté entre A y B: habrá picos de precios ligados a la percepción de riesgo, pero con un fuerte componente de oferta global capaz de amortiguar impactos extremos salvo que el conflicto se extienda o se vuelva regional, por lo que, de manera mediata, mediano y largo plazo podríamos considerar.
De manera mediata: Expectativa de precios volátiles y probablemente elevados si persiste la tensión, con picos ligados a eventos geopolíticos concretos. La percepción de riesgo seguirá dominando los precios más que los fundamentos de oferta y demanda.
A mediano plazo: Dependerá de si el conflicto se “esteriliza” (sin afectar significativamente la producción y el tránsito) o si se convierte en un conflicto regional más amplio. En el primer caso, los precios deberían tender hacia niveles “fundamentales” ajustados por riesgo geopolítico. En el segundo caso, existe potencial de precios altos de forma más sostenida.
A largo plazo: la tendencia estructural hacia energías renovables, eficiencia energética y diversificación de fuentes de suministro puede reducir la exposición de la economía global a choques petroleros. En este horizonte, el impacto total de un conflicto puntual podría ser menor que en escenarios históricos pasados.
Lo que además de conllevar resultados políticos, sociales, ético y morales en el plano económico: el conflicto actual ya está influyendo en precios y mercados, el impacto futuro dependerá de la duración del conflicto y de las respuestas de productores y consumidores globales y finalmente, existen condiciones estructurales que limitan un shock petrolero prolongado, aunque el riesgo de picos de precios persiste.
Académico Universitario*
