Ni Desearás la Mujer de tu Padre
HORACIO ARMANDO HERNÁNDEZ OROZCO
“No Desearás la Mujer de tu Hijo”, película escrita y dirigida por Ismael Rodríguez Ruelas, protagonizada por Fernando Soler (Cruz Treviño Martínez de la Garza), Pedro Infante (Silvano Treviño), Andrés Soler (tío Laureano), Carmen Molina (Josefa), Alejandro Ciangherotti (Régulo González Galindo), Amelia Wilhelmy (Agustina), Amanda del Llano (Marielba) e Irma Dorantes (Polita); cuyo estreno fue el 18 de mayo de 1950.
Los remordimientos por la muerte de su esposa hacen a don Cruz encerrarse en su recámara, dispuesto a morir; sin embargo, el duelo dura poco y el irresponsable aflora de nuevo; en esta ocasión intenta encontrar un nuevo amor en la joven Josefa, sin enterarse de que ella ama a su hijo Silvano.
Este melodrama hace parodia del estereotipo del macho mexicano y se resaltan los malentendidos valores de la familia y los lazos que la unen, haciendo uso del humor ingenioso y blanco típico de la época para cuestionar el tema de la edad y el paso del tiempo que deja atrás las locuras de juventud.
UN VIEJO AMOR…
Marielba ha regresado al pueblo, pero ahora ya casada con Régulo González Galindo, lo cual es considerado como una traición por Silvano, quien, entre odio, coraje y aún con amor, no sabe cómo afrontarlo.
Desde la cinta precuela, Silvano ya mostraba síntomas e indicios de machismo, lo cual no ha superado, pues el hecho de ser un hijo sumiso no es sinónimo de caballerosidad ni de respeto a las mujeres, pues él fue quien rompió su compromiso de boda con Marielba, él fue quien la humilló al dejarla prácticamente como novia de pueblo, y ahora se cree víctima del matrimonio de ella.
Esa actitud es un fiel reflejo de machismo, pues en vez de entender que ha sido la causa de lo que acusa, ahora pretende culpar a una mujer que ha contraído nupcias con otra persona.
Lo más probable es que ella se haya casado no por despecho sino por amor, algo que la mente machista de Silvano no logra comprender.
EL ETERNO MACHO
El remordimiento por la muerte de su esposa hace a don Cruz encerrarse en su recámara, dispuesto a morir; sin embargo, el duelo dura poco, pues Polita, nieta de Agustina, le coquetea y despierta al lobo que estaba dormido.
No sólo le regresa la libido sexual al viejo don Cruz, sino al parecer lo despilfarrador y derrochador nunca lo abandonó, pues perdió en un juego de cartas el dinero que su hijo le dio para el pago de la hipoteca del rancho.
Y estando en la cantina, no obstante que juró no volver a tomar, se emborracha junto a su hijo, y sigue armando pleitos con los comensales.
Todas estas actitudes demuestran que no bastan las buenas intenciones para lograr un verdadero cambio si no van acompañadas de la ayuda de las personas que lo rodean, pues la propia Agustina quien le insiste a Polita que atienda a don Cruz, el compadre Laureno quien lo lleva a la cantina y el propio Silvano, quien le hace segunda con la tomada. Ello, sin considerar a los demás pseudo amigos que le hacen comparsa en sus frivolidades.
HIJO DE TIGRE…
PINTITO
Silvano está, muy probablemente, adquiriendo todos los patrones negativos que desarrolla su padre; ambos han jurado que ninguna mujer entrará a la habitación que era de su madre, como si eso fuera a remediar los coqueteos que tienen con otras mujeres. Tan se lo cree Silvano que cuando ve a Polita limpiando la pieza, la carga en brazos y la echa a los puercos.
O bien cuando fanfarronea y ofende al esposo de Marielba diciéndole que además de cuidarle al caballo le cuida la mujer, o cuando besa a Josefa, hija del tío Laureno, sin que exista entre ellos un noviazgo.
Silvano se la pasa borracho, pues ahoga sus penas de amores en el alcohol, e inclusive sigue pensando que Marielba lo traicionó y hasta piensa en matarla.
Inclusive, el punto de inflexión en Silvano no es tener propiamente una mujer, sino ser padre de un hijo propio.
Cruz Treviño sigue siendo el padre bebedor, irresponsable y mujeriego que prácticamente constituye el canon del macho mexicano, pero Silvano, pese a ser aparentemente ‘un alma noble’, está doblegado por su falso deber filial y es incapaz de hacer valer su voluntad contra su progenitor.
Tan sólo hay que escuchar la canción de despecho que canta: ‘¿Qué te falta mujer?’
TROPEZANDO CON
LA MISMA PIEDRA
Don Cruz intenta encontrar un nuevo amor en su ahijada Josefa, sin darse por enterado de que ella a quien ama es a Silvano; egoísta por costumbre le pide a su hijo que renuncie a ella para poderla desposar.
En la primera cinta, el pleito entre padre e hijo fue por Justina, que era la amante de Silvano, y que coqueteaba al viejo; ahora, la joven Josefa es quien sin saberlo desata una vez más, una guerra de machos entre padre e hijo.
Cruz Treviño lo único que hace es denigrar constantemente a Silvano para erigirse como macho alfa de su historia.
El macho alfa es un término que describe a un hombre dominante y seguro de sí mismo, que posee características únicas que lo diferencian de los demás. Este concepto se origina en observaciones de grupos de animales, especialmente en lobos, donde los machos que lideran son más fuertes y dominantes. Además, el término ha sido popularizado en la cultura moderna, aunque su interpretación puede variar y a menudo se asocia con estereotipos de masculinidad.
Cruz Treviño afirma que el hijo que le quita la mujer al padre comete un pecado mortal, obviamente no se refiere a una situación incestuosa, sino a un nuevo amorío.
La proscripción se encuentra en Deuteronomio 5:21 y es parte de los Diez Mandamientos, que enseñan la importancia de respetar la propiedad y las relaciones de los demás.
Esta prohibición bíblica es más extensa, pues no se limita al deseo de una mujer, sino que el versículo dice: «No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo». Este mandamiento prohíbe no sólo el acto de desear lo que pertenece a otro, sino también la actitud de codicia que puede llevar a la injusticia y al daño en las relaciones interpersonales. La codicia es vista como un pecado que desagrada a Dios y puede llevar a otros males, como el robo o la traición, lo cual implica un respeto por la propiedad ajena, que conlleva a un ambiente de armonía en la comunidad.
Aunque en realidad el deseo inicial de don Cruz por Josefa era desconociendo que ella estaba interesada en Silvano, de hecho, aun no existía una relación de noviazgo, la cual, de una u otra forma, fue forzada por ella misma.
Lo más patético de la cinta es cuando Silvano hace que don Cruz se mire al espejo y vea que ahora ya es un hombre con canas, con arrugas, sin brillo en los ojos, sin piernas ágiles, un viejo zurrón; o ¿acaso será cierto que a un hombre de la tercera edad le estuviera vedado el derecho a amar?
La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…
