Puebla y su Congreso de sabios

Punto de Vista

Por Jesús Michel Narváez

Cuando firman convenios para mejorar cualquier actividad política, empresarial o social, se hace porque una de las partes es suficientemente superior en capacidad operativa, jurídica y financieramente y por tanto aportará a la otra mitad la enseñanza documentada y no empírica.

Sin embargo, cuando el acuerdo entre las partes carece de sustento que garantice la calidad de los maestros y el talento de los alumnos para aprender las novedades, hay gato encerrado.

Y no es mirar moros con tranchete. Es observar el probable -diríase que seguro- desvío de recursos públicos para beneficiar a los que capacitarán a los incapaces.

En un comunicado oficial de la Cámara de Diputados foliado con el número 3416, se da a conocer la “firma convenio de colaboración académica y cultural entre la Cámara de Diputados y el Congreso del Estado de Puebla”. Seguramente los 41 diputados del Poder Legislativo, de los cuales 10 son de la mayoría guinda que se completa con 7 plurinominales y con el respaldo de sus adláteres PT con 6 de mayoría y PVEM otros 6 de mayoría y un pluri, suman 30 y controlan todo y se han convertido en “los sabios de uno de los poderes de la unión”.

El fondo del acuerdo, según las palabras del coordinador del rebaño guinda en San Lázaro, afirmó que México merece representantes cada vez más aptos y capaces, que realicen su trabajo con altura de miras, razones, lejos de la diatriba y alejados de los aspectos personales.

“Todo México merece representantes cada vez más aptos, más capaces. Y no hablo de preparación académica solamente, puede haber líderes sociales con mayor aptitud y capacidad que un doctor en derecho, porque todos los representantes merecen respeto y ojalá y todos se preparen y se capaciten”.

(…) “todos tenemos la obligación de capacitarnos, de mejorar, de establecer mejores condiciones para que realicemos nuestro trabajo con nivel, con altura de miras y con razones, lejos de los insultos, lejos de la diatriba, alejados de los aspectos personales”.

Admisión de incapacidad, relevo de prueba.

Sin embargo, es necesario preguntarnos y preguntarle al doctor en derecho constitucional y maestro titular en la Facultad de Derecho de la UNAM cuáles son los reconocimientos que tienen los legisladores de Puebla que no tenga un centenar de los federales que pastorea.

Acudir a las universidades patito, como las Benito Juárez que, sin demérito del esfuerzo académico, no tienen recursos profesionales para llevar al alumnado a un escalón más alá de la mediocridad que, en el momento de ejercer la actividad que dirá su titulo es la que estudio y recibió el documento con honores, se mostrará y será rezagado. Qué bueno que haya estudiado algo más que la preparatoria y que tenga el interés de seguir superándose. Que malo que no haya planes de estudio que se ubiquen en las áreas del presente y el futuro cercano.

De la duda respecto a la capacitación que podrán ofrecer los diputados poblanos a los federales.

Claro, si de mañas se trata, podrían enseñar como aplicar la Ley Mordaza a los medios de comunicación sin temer represalias; o cómo proteger a los cuerpos policíacos de los reclamos ciudadanos, algo así como una mala copia de la Ley que promulgó Cuitláhuac García cuando desgobernó Veracruz y que permitió encarcelar a más de miles de ciudadanos que reclamaron a un policía su forma de actuar en, por ejemplo, levantar una multa y entregar la boleta para que sea pagada.

Si esas van a ser las enseñanzas, le recomiendo a los federales no asistir a las clases.

Con la actual capacitación, senadores y diputados sobre todo de Morena y del PRI -ay Alito- han perfeccionado las rutas para evadir la aplicación de las leyes que conforman el marco jurídico del país.

De acuerdo con organismos nacionales e internacionales la corrupción en México es un flagelo que no ha sido contenido y mucho menos desaparecido como lo anunciara el expresidente Andrés Manuel López o como presume la presidenta Sheinbaum con su programa “cero impunidad” cuando si hay algo que cuestionar es la permisividad de los mandos superiores para que los inferiores hagan lo que les venga en gana y después desde el púlpito presidencial surja la burla: no mentimos, no engañamos, no robamos.

Lo que existe es “cero legalidad” y me sorprende que Ricardo Monreal destine recursos para un acuerdo de capacitación. ¿Quién capacitará a quién?

El gobierno y el congreso de puebla no son referentes de buenas costumbres.

Y supongo que tampoco de la sabiduría para repartirla como acordeones.

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