POR ULISES CORONA*
La historia reciente del crimen organizado en México muestra que la sucesión de líderes no es un fenómeno episódico, sino estructural. Desde la fragmentación del antiguo Cártel de Guadalajara en los años noventa hasta la consolidación y disputa actual entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación, la captura o muerte de un capo rara vez ha significado el desmantelamiento de la organización. Más bien, ha detonado procesos de reacomodo interno, fragmentación o recomposición estratégica; la sucesión en los cárteles suele adoptar cuatro modalidades principales:
- a) Sucesión familiar o dinástica: la transición en el Cártel de Sinaloa tras la captura de Joaquín Guzmán Loera, donde emergieron facciones como “Los Chapitos”. La legitimidad se apoya en el capital simbólico del linaje.
- b) Sucesión colegiada o de co-liderazgo: algunas organizaciones funcionan con estructuras más horizontales, donde varios mandos comparten poder para evitar rupturas súbitas.
- c) Sucesión violenta por disputa interna: frecuente en organizaciones fragmentadas. Las pugnas generan ciclos de homicidios focalizados que pueden escalar a guerras regionales.
- d) Sucesión externa por absorción o conquista: un grupo rival ocupa el vacío dejado por la detención o muerte del líder, como ocurrió en diversos momentos con la expansión de Los Zetas en el noreste del país.
La resiliencia organizacional:
Estructuras empresariales ilícitas con mandos intermedios consolidados.
Redes financieras y logísticas transnacionales que trascienden al líder.
Captura o cooptación institucional local, que reduce el impacto operativo de la detención.
Mercado internacional de drogas estable y altamente rentable, que incentiva la rápida sustitución del mando.
En términos organizacionales, muchos cárteles han evolucionado hacia modelos híbridos, combinando jerarquía vertical con autonomía regional, lo que dificulta su colapso total.
Enfoque centrado en líderes dando resultados mediáticos inmediatos, pero efectos fragmentarios.
Enfoque estructural (finanzas, redes logísticas, control territorial, fortalecimiento institucional) impacto más lento, pero potencialmente más sostenible.
Opino que, la sucesión de líderes en los cárteles mexicanos demuestra que el crimen organizado no depende exclusivamente del carisma o la figura de un capo. Se trata de estructuras adaptativas, con mecanismos internos de reemplazo similares a organizaciones empresariales o insurgentes.
El verdadero desafío no radica únicamente en capturar líderes, sino en desarticular los ecosistemas criminales que permiten que, tras cada detención o muerte, surja un nuevo mando; desde los económicos hasta los políticos-operativos.
Mientras existan incentivos económicos robustos, debilidad institucional local y mercados ilícitos dinámicos, la sucesión será no la excepción…sino una larga continuidad.
Académico Universitario*
