En el Engañoso Clima de la CdMx, Escalar los Dinamos y Hacer Yoga

Turismo

 

 

 

*Del Calor de Playa 24 Horas Antes,

al Frío Intenso en las Alturas

*Lucir el Short, Importante Para Subir

Hasta Casi Tocar el Cielo

*Saltar la Pluma, Caminar por el Sendero

y Dejar Atrás la Comelitona

*Oficialmente no se Cobra por Acceder …

la Realidad Cuesta Dinero

*Los Perros Impedidos a Disfrutar de la

Libertad; Prohibido Entrar

*Un Paraíso Ecológico en Medio de la

Contaminación Capitalina

 

SUSANA VEGA LÓPEZ 

 

El último domingo de febrero, a quienes vivimos en la Ciudad de México, el clima nos sorprendió, nos agarró desprevenidos pues el frío -se sentía helado a decir de algunos- caló hasta los huesos y es que un día antes se sintió un calor de playa, de Semana Santa, de vacaciones de verano.

Estaba programada una experiencia de yoga y caminata en Los Dinamos, en La Magdalena Contreras, un bosque lleno de helechos, pinos, fresnos, ahuehuetes y una variedad de árboles nativos y endémicos.

La cita fue a las siete de la mañana cerca de una estación del metro. Atendimos al llamado cerca de 40 personas, todas entusiastas, en espera de que saliera el sol. Algunos en short, otros en pants, mallones, chamarras ligeras, y tenis. Nos organizamos y salimos rumbo al tercer dinamo.

Al llegar al sitio conocido como La Bodega, una serie de puestos de comida esperan con café negro (de olla), atole de diversos sabores (avena, chocolate, fresa, guayaba, por citar algunos), tamales (verde, rojo, de mole, rajas y de dulce), quesadillas, sopes, caldos y más.

Surgió la pregunta: ¿comemos o caminamos hacia el lugar donde realizaríamos la práctica de yoga en espera de que salga el sol? ¡Caminamos!, se escuchó al unísono. Algunos optaron por ir al sanitario, servicio por el que se debían pagar 10 pesos por persona (qué tiempos aquellos que te daban permiso o te cobraban tres pesos).

EN CAMINO

Saltamos una pluma de esas de estacionamiento y comenzamos a caminar por la vereda “para entrar en calor”.

Una manta señala que “Las Comuneras Unidas por Amor a Los Dinamos no realiza cobros a los visitantes; su labor es voluntaria ejerciendo sus derechos y obligaciones como comuneras.”

Pero sí cobran la entrada: por carro, 30 pesos y, por estacionarlo 50. Al caminar, un aviso importante: “Con el fin de conservar la fauna nativa que incluye reptiles, aves y mamíferos, a partir de marzo de 2025 no se permite el ingreso con mascotas a las zonas altas del Bosque de los Dinamos”.

Caminamos por senderos marcados perfectamente. Los verdes en todos sus matices (verde limón, verde militar, verde olivo…) destacaban en los árboles que no dejaban pasar los escasos rayos de sol; muchos troncos cubiertos de musgo, de helechos y de ramas llamaron la atención.

Lejos de salir el sol, una neblina invadió el lugar. Poco más tarde cayó aguanieve, el frío se sentía cada vez más. Nadie se quejó. La yogui Ekaterina Couoh volvió a preguntar si abandonábamos la misión, o continuábamos. ¡Seguimos!

Al llegar al lugar indicado, acomodamos los tapetes de yoga. Hubo quienes se atrevieron a quitarse la ropa y quedar sólo en short (¿?); otros, al contrario, se abrigaron un poco más con lo poco que traían pues, repito, no se esperaba que hiciera frío.

La clase transcurrió con cierta prisa “para entrar en calor”. A la caída de aguanieve le siguió una ligera llovizna. La instructora siempre pendiente animaba a relajarse, a disfrutar el clima. Lo logró. El frío fue ignorado. Eka, como le dicen de cariño, decía que sonriéramos si en verdad estábamos a gusto. Lo estábamos.

Se terminó la práctica sin saludo al sol, aunque sí con posiciones como las de “guerrero; guerrero invertido; y guerrero tres”. No faltaron los valientes que metieron los pies al arroyo.

Antes de partir y para “romper el hielo” participamos en un juego. Hicimos un círculo todos los presentes y, uno a uno debíamos copiar lo que el jugador en turno hacía y decía: “Yo, Fernanda, me voy así”. Y realizaba algún movimiento. Todos al unísono gritábamos: Ella, Fernanda, se va así (y se copiaban ya sea los saltitos; los giros; los movimientos de brazos como si nadaran; de avioncito; de sentadillas y otros más porque se trataba de no repetir). Fue divertido.

PROHIBIDO EL INGRESO CON MASCOTAS

Y es que, dicen, no se debe pasear al perro en ese lugar porque son portadores de virus, bacterias y parásitos. “Aunque tu perro esté sano puede ser portador del virus de la rabia o moquillo canino y es posible que infecte a especies de zorros, mapaches, coyotes, comadrejas y felinos como el gato montés y el puma que habitan en el bosque”.

Además, al marcar el territorio con sus orines y heces alejan a los animales que habitan este ecosistema y les contagian enfermedades; modifican los componentes naturales del suelo contaminan suelo y agua.

Explican que, al ser los perros depredadores naturales, al subir a la montaña pueden herir. Ahuyentar o incluso matar a las especies nativas al contar con ventajas sobre la fauna local que no tiene los medios para defenderse de ellos.

Además, el ladrido provoca ruido y agresión directa a los habitantes naturales del bosque, que se alejarán e, incluso, abandonarán las madrigueras para buscar otras más seguras y lejanas de esta amenaza.

Finalmente, agregan, al salirse de las veredas dañan la flora del sitio. Y es que, afirman, es mejor pasear a los perros en parques urbanos y lugares habilitados para ello.

Ser montañista implica responsabilidades y aunque en la mayoría de estas zonas no existe una norma escrita, se debe reflexionar sobre el impacto ecológico, socioeconómico y sanitario de llevar a los perros a pasear en ellas.

En las leyes de cultura cívica se especifica que al pasear un perro en áreas públicas (como las montañas) debe ser con correa.

Cabe señalar que el denominado Parque y Corredor Eco-turístico «Los Dinamos», en tiempos del porfiriato, la zona se seccionó en cuatro y en cada una de ellas se instaló un Dinamo, una máquina que generaba energía hidroeléctrica para alimentar de energía a algunas fábricas textileras de la demarcación.

Con el fin de conservar la fauna nativa que incluye reptiles, aves y mamíferos, a partir de marzo de 2025 no se permite el ingreso con mascotas a las zonas altas del Bosque de Los Dinamos.

Al visitar el Bosque de Los Dinamos -propiedad de la Comunidad Agraria Indígena La Magdalena Contreras Atlitic- no abandones animales, advierte una manta.

La Ley General de Vida Silvestre establece que no se permite la liberación o introducción de especies exóticas y/o invasoras dentro de los hábitats y ecosistemas naturales, señala un escrito que respalda la Comisión de Ecología; Monitoreo Ambiental Comunitario Atlitic.

En tantas veces que he ido a Los Dinamos nunca había entrado a este sendero donde se ofrecen diversos servicios para los turistas, como el de acampar en zona segura, renta de cobijas (50 pesos) y de sleeping (150); renta de tienda de acampar (900 y mil 400); tienda propia (800); carga de leña (100); proyección de películas al público (gratuita); proyección privada de películas (600); hiking (400); rappel (mil 200); venta de plantas (70); de flores (120 la docena), baños (15); además del restaurante y servicios de baño en general.

Por doquier surgían riachuelos, verdes explanados y parajes llenos de ramas secas de los árboles que ofrecen una vista diferente; coloridas flores; paisajes hermosos.

Aquí se encuentra el único río vivo de la Ciudad de México, el Magdalena, y la extensión territorial es de dos mil 429 hectáreas; cuenta con 26 kilómetros de senderos ecoturísticos donde las personas pueden caminar, correr, andar en bicicleta, acampar, montar a caballo, subirse a una tirolesa y jugar:

Y, sí, por salud, debemos conocer estos lugares porque el aire que se respira es puro.

Para llegar puedes hacerlo en automóvil y tomar las avenidas San Francisco, San Jerónimo o camino a Santa Teresa o bien si vas en transporte público deberás subir a una combi en el metro Taxqueña o Miguel Ángel de Quevedo que te lleve al pueblo de Magdalena Atlitic, caminar hacia La Cañada y comenzar a subir los Dinamos.

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