Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
De pronto salta la liebre y uno supone que escapara y lo hace frente a la mirada atónita del cazador y su jauría.
El 11 de febrero, apenas hace 19 días, salió a la venta el libro Ni Venganza ni Perdón, firmado por Julio Scherer García y el periodista Jorge Fernández Menéndez y publicado por Editorial Planeta y el mundo del poder público y el aledaño, el privado, se cimbraron. Los que nos dedicamos más a la prospectiva y el análisis que a la nota cotidiana, estimamos -por lo menos en lo personal así lo consideré- que habría consecuencias.
Acusaciones directas que, se admita o no, involucran al exconsejero jurídico presidencial, quien como abogado sabe que no denunciar un delito teniendo conocimiento de haberse cometido, lo convierte en un personaje que puede ser imputado por obstrucción a la justicia.
Y como diría mi abuela: mucho ruido y pocas nueces. Quizá la campaña de lanzamiento del libro fue excesiva y el interés del posible lector decayó. ¿Nombres? … los conocidos. ¿Delitos? … los conocidos. ¿Presuntos culpables? … los conocidos.
Nada nuevo bajo el sol, excepto señalamientos vagos que no aterrizaron en la pista correcta.
Los señalamientos en el libro no causaron mayor daño y no por el control que hicieran desde Palacio Nacional. Faltó la fuerza jurídica para hacer valer los posibles delitos cometidos por personajes que bien merecido tienen a bien ser mencionados.
Si bien la presidente de México intentó minimizar el contenido y lo que consiguió fue darle un tanque de oxígeno a la editorial, pronto se descubrió que el medidor de contenido estaba a punto de llegar a cero y urgía rellenarlo para mantener respirando a los coautores.
No pretende minimizar el contenido ni mucho menos poder en tela de juicio la veracidad de lo escrito. Lo que queda claro es que la agonía mediática se presentó antes de lo esperado y la muerte, vía colapso informativo, llegará sin que haya médico político, jurista impoluto y clase afectada, lo impida.
Lamento profundamente que trabajos de este tipo, con sus asegunes y tendencias que les resten seriedad y, sin embargo, aportan elementos que en otros casos permitirían abrir carpetas de investigación hasta de oficio, se ignoren por dos evidentes razones:
1.- se ataca la moralidad, la calidad humana y política, se desvelan acciones privadas y se pone en riesgo la unidad del movimiento y 2.- dar por buenos los argumentos, la mayoría de ellos sólidos si bien no aportan el documento de “recibí de x la cantidad de X millones de pesos por mi asesoría …”, es suficientemente clara la dirección hacia la cual se debe seguir la pista, tocar la puerta y al grito “policía federal… tenemos una orden” aprehendan al presunto delincuente y le lean sus derechos.
No hay duda que el pacto de los Tres Mosqueteros Athos, Porthos y Aramis, amigos inseparables y D’Artagnan que a los tres venció y terminó como el cuarto mosquetero bajo el lema «Uno para todos, todos para uno”, se trasladó a los habitantes de la cúpula del poder con la vestimenta guinda solamente por fuera y no hacia el interior y es imposible romper el pacto de sangre.
Ni Venganza ni Perdón es un documento que bien podría servir para abrir el abanico que cubre de los rayos jurídicos a los poderosos morenistas … los de la cúpula, por supuesto.
Y, sin embargo, la obra fue alcanzada por la agonía mediática y los misiles remirezcos.
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