Punto de Vistas
Por Jesús Michel Narváez
Seguramente no es fácil digerir la sentencia: el que planea, ejecuta.
La justificación del alto mando del ejército confirmaba que el “zar” anticrimen, había quedado marginado.
Y el reconocimiento a través de su cuenta de X ratificó que no estuvo enterado de la operación que habría de realización el Ejército y su cuarto brazo armado, la Guardia Nacional, el domingo 22 en el municipio de Tapalpa, Jalisco.
Como descifró e hizo argumento sin discusión posterior, Newton escribió en su Tercera Ley:
“A toda acción le corresponde una reacción igual, pero en sentido contrario”.
Se advierte el conocimiento del mal llamado Batman y aplica el concepto a pie juntillas.
No haber sido consultado para un operativo del tamaño en el que presuntamente, hasta que no se muestre el cadáver en una foto sin Photoshop, se registro el enfrentamiento entre elementos de la Guardia Nacional y los sicarios de El Mencho liderando la defensa para escapar, es una afrenta a la confianza presidencial en el personaje que debió haber sido candidato a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México y desde ahí tejer su red de seguridad política.
El coordinador del gabinete de seguridad y jefe real de la campaña para combatir la delincuencia organizada, el crimen, el narcotráfico, estaba padeciendo el mal del mareo y, muy probablemente, el titular de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla no sentía que sus cuatro estrellas recibieran el respeto que obtenerlas merece.
Se habla de la unidad, de la ausencia de fracturas, de coordinación plena y avances sustantivos en materia de combate a la criminalidad y la realidad muestra el otro lado de la moneda.
A García Harfuch le han dado juego inédito en los medios y lo han colocado como el eficiente funcionario del gobierno federal. Alguien en redes lo bautizó como Batman -todavía no entiendo la razón para llamarlo así: no usa máscara, batimóvil, carece de capa, no recibe un llamado por reflectores y tampoco tiene a su Alfredo de planta y tampoco vive en un Palacio ¿o sí?- por sus logros y por haber sobrevivido al intento de ejecutarlo por órdenes de El Mencho, por lo cual se comprendería que le habría gustado y dejado satisfecho haber sido el coordinador del evento en el que perdió la vida el que quiso matarlo.
Con él secretario de Seguridad Pública Ciudadana, se aplica la definición siguiente: La venganza es dulce, una frase que implica que el acto de vengarse puede ser placentero, similar a disfrutar de un dulce. Esto se relaciona con la idea de que, al recuperar el control o infligir dolor a quien nos ha herido, se experimenta una especie de satisfacción.
Y eso hizo ayer en Culiacán el señor García Harfuch al anunciar que se tiene identificados a los probables sucesores de El Mencho y que son cuatro a quienes ya se les investiga.
¿Por qué alertarlos de que van por de ellos?
Si el secretario tiene los nombres, las ubicaciones en dónde localizarlos y sabe cómo operan, me pregunto y lo hago dirigiéndome a él: ¿por qué no los detiene?
¿Se trata de contestarle al general Trevilla con sus mismas palabras?
Es decir, marcar su territorio y recordarle “que el que planea ejecuta”.
Alertar a los criminales es como decirles váyanse porque voy por ustedes.
Las alertas de García Harfuch son la dulzura de la venganza.
Palabras pronunciadas en Culiacán, estado gobernado por un personaje repetidamente señalado por sus nexos con el crimen organizado y sin embargo, el expresidente, la presidenta y el secretario, le brindan apoyo, reconocimiento y salvoconductos.
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X mantiene canceladas muestras cuentas sin habernos explicado qué reglas rompimos cuando nos informó que la decisión obedeció a la petición de un usuario, del cual nunca conocimos el nombre y la queja.
