* La Distancia Entre los Hechos y la Realidad
Vivida en Palacio Nacional
*Cinco Ejemplos que Exhiben las Mentiras o el
Desconocimiento de Sheinbaum
*La Libre Interpretación de los Resultados Hacen
Dudar si Ejerce o no el Poder
*Como la Chimoltriufia: Como Digo Soberanía, Digo
no Mandaremos Petróleo a Cuba
POR EZEQUIEL GAYTÁN
En primer lugar y antes de dar paso a mi artículo semanal, felicito a Nidia Marín y a Jesús Michel por celebrar los 26 años de Misión Política. Una revista emblemática y que será, sin la menor duda, una beta de estudio fundamental para los historiadores del futuro, sobre todo porque sus artículos y ensayos reflejan la pluralidad del pensamiento político del acontecer nacional e internacional. Felicidades a todo el equipo de colaboradores.
Ya está en la cartelera una nueva versión fílmica de la novela Cumbres Borrascosas de la inglesa Emely Brontë. El título me inspira a fin de retomar el concepto de lo tormentoso y escribir acerca de los sótanos borrascosos de lo que acontece en la gestión Sheinbaum. Léase, vendavales polvorientos, sucios y hediondos que nos impiden ver el diagnóstico situacional de lo que sucede entre la realidad y el Palacio Nacional.
Veamos cinco ejemplos. El primero es el caso del senador Adán Augusto López Hernández. Los artículos de los colegas se contraponen. Algunos leen que la salida del senador López es un golpe de timón de la presidenta debido a que ya está harta de que ese personaje se comportara, en calidad de coordinador de la bancada morenista, en ocasiones altanero e indisciplinado y, en otras, como un tipo frívolo y arrogante. Otros colegas leyeron esa salida como un mensaje presidencial a los representantes populares morenistas de que ella es quien manda. Más aun, otros colegas vieron en esa salida el principio del fin del Maximato. Por el otro lado, he leído artículos cuyos análisis sostienen que el senador López Hernández dejó la coordinación debido a que la instrucción emanó de Palenque, pues la intención es preparar los surcos y abonar la tierra de quienes serán los candidatos a diputados el próximo año y con eso catapultar al joven Andy López Beltrán. En lo que todos los análisis coinciden es que la presidenta Sheinbaum miente al decir que se enteró de la decisión del senador cuando se hizo viral en los medios electrónicos. A todas luces la señora presidenta quiere divulgar que hay separación de poderes. Lo cual, debido al desaseo de las formas que imperan en Morena, nadie le cree.
Algo sucede en la cúpula de Morena y las tensiones trascienden. Sobre todo, porque es evidente que la yuxtaposición de noticias y declaraciones de muy diversos temas acaban en derrames de declaraciones absurdas e insostenibles. Veamos ahora el caso del narcotraficante canadiense que, a decir de la presidenta, en lugar de entregarse a la embajada de su país, acudió sorpresiva y voluntariamente a la de los Estados Unidos y nos dijo que el FBI nada tuvo que ver, ni hacer al respecto. Sin embargo, desde Washington la prensa alaba a los integrantes del FBI que realizaron la operación en la Ciudad de México. Una vez más, la mentira presidencial quedó demostrada y los vendavales levantaron demasiado polvo boñiga.
Un tercer ejemplo lo encontramos en el tema administrativo y de recursos materiales (vehículos blindados) de lo que ocurrió en la Suprema Corte de Justicia. La titular del poder Ejecutivo, con su mueca disque sonriente, explicó que las camionetas ya no estarán al servicio de los ministros, sino de la Institución judicial. Y yo me pregunto ¿de verdad la jefa del Estado mexicano tiene que inmiscuirse en asuntos de otro poder y pormenorizar al respecto? Es claro que el presidencialismo a ultranza ya es una realidad y que los asesores presidenciales no le recuerdan que lo conveniente es cuidar las formas en asuntos de la división de poderes.
El cuarto ejemplo de las borrascas que soplan en los sótanos del Palacio Nacional y que se despliegan por todo el país es el relativo a la conversación que la mandataria mexicana sostuvo con el presidente norteamericano Donald Trump. Sendas partes dicen que fue un diálogo respetuoso y fructífero. Ella vociferó a los cuatro vientos que ante todo impuso la tesis de la soberanía mexicana. Empero, desde Washington los mensajes son de que le recomendaron ya no regalarle petróleo mexicano a Cuba y Sheinbaum estuvo de acuerdo con la sugerencia.
El quinto ejemplo es el del presidente municipal de Tequila, Jalisco. Un tipo a todas luces corrupto y extorsionador al servicio del Cartel Jalisco Nueva Generación y de su partido Morena. (No estoy seguro del orden). El asunto es que se trata de un caso indefendible y complejo. Por un lado, es un asunto de corrupción administrativa y del crimen organizado y, por el otro, es un asunto político. Veamos, Morena está obsesionada en gobernar esa entidad y extender su lobreguez de partido de Estado y, por el otro, Movimiento Ciudadano defiende esa plaza con todo su vigor y capacidad. Son muchos los intereses que están en juego. De entrada, Jalisco representa la cuarta economía más importante de México al contribuir con aproximadamente el 7.5 del PIB nacional y es una entidad emblemática por sus riquezas naturales y geoestratégicas. Tristemente también es sede de uno los carteles más poderosos y sangrientos del país. Consecuentemente, el partido oficial necesita impulsar a un político atractivo que conquiste la gobernatura y, aunque usted no lo crea, el exalcalde era una carta seria de Morena a fin de proyectarlo a candidato por esa entidad. El caso es que cuando la bomba estalló la presidenta Sheinbaum esgrimió puerilmente dos argumentos acerca del problema de su partido en Tequila. Sostuvo que Morena investiga a sus candidatos mediante petición de expedientes a la Fiscalía General de la República y de las fiscalías locales. Lo cual significa que en su partido no hurgan acerca de la popularidad y prestigio de sus candidatos. Posteriormente, con supuesta indignación dijo que Morena no es paraguas de delincuentes. Lo cual es una frase retórica y que, a mi parecer, le correspondía, de acuerdo con las formas políticas, arengar a Luisa María Alcalde. Sobre todo, porque Claudia Sheinbaum es la presidenta de todos los mexicanos.
La gestión Sheinbaum está plagada de contradicciones y de vientos huracanados fraguados por ella y su equipo morenista en los sótanos del Palacio Nacional y hoy le impiden gobernar la nave. Dichas inclemencias crean desorden en la Administración pública, desaseo en las formas políticas, solapan inescrupulosos comportamientos de algunos de sus colaboradores y presidentes municipales, corruptelas no aclaradas como es el caso del organismo público Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex) y sus vínculos con el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, por poner algunos ejemplos. En pocas palabras, ella no atendió la conseja popular que advierte “quien siembra vientos, cosechará tempestades”.
Sin entrar en tecnicismos, el origen de las borrascas se debe a las presiones por el ascenso del aire caliente que se enfría y condensa al crear un “vacío” en la superficie. Consecuentemente la confrontación de masas de aire frío con la humedad del caliente despliega borrascas dinámicas o fuerte vientos ciclónicos. Consecuentemente la tromba surge y con ella la destrucción. Es decir, las contradicciones son las causas meteorológicas de las tormentas y lo mismo podemos decir de lo que acontece en política. De ahí que en todos los gobiernos del mundo se suscitan tempestades políticas. Más aún, esos fenómenos existían durante los gobiernos priistas, panistas y en menor medida durante la gestión del expresidente López Obrador. La pregunta es ¿Por qué el mentor de la presidenta no vivía cotidianamente en el tifón político? Son muchas las respuestas. Tal vez se debía a que el tabasqueño era el único que mandaba, que fijaba una posición y que era obedecido. Algo que, de acuerdo con el método inductivo (de lo particular a lo general) fue notorio. En cambio, Claudia Sheinbaum al parecer, se confronta con muy diversas y contradictorias opiniones de sus colaboradores, pues no todos apuntan en la misma dirección, ni todos ejecutan con la misma intención las instrucciones, ni juegan en equipo. Por eso, las terribles ventiscas que nos narra la escritora inglesa acontecen como realidad y como metáfora en los páramos de las costas de Yorkshire y las que yo describo tienen su origen en los sótanos del palacio nacional.
Claudia Sheinbaum está investida en calidad de la jefa del Estado y del gobierno de México. Es ella la responsable ante nosotros y ante la historia de detener que se fragüen los vientos turbulentos en los sótanos del palacio en el que vive. Sobre todo porque los huracanes políticos fragmentan la vida nacional, golpean a la economía y a la confianza ciudadana. Empero, mucho me temo que no se atreve.
