El Renovado Interés de Donald Trump por Groenlandia:  Una Cuestión de Seguridad y Geopolítica Ártica

 

 

POR: MTRO. LUIS ARMANDO CARRANZA CAMARENA

 

Primera de dos partes

 

En un mundo cada vez más polarizado por rivalidades globales, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha resucitado un debate que muchos consideraban archivado: la posible adquisición de Groenlandia por parte de su nación. Esta inmensa isla ártica, que ostenta el estatus de territorio autónomo bajo la soberanía de Dinamarca, ha emergido como un foco de atención para la Casa Blanca, no meramente por su vasto territorio —equivalente a más del doble del tamaño de México—, sino por su innegable valor estratégico en un panorama internacional dominado por la competencia entre superpotencias como Estados Unidos, Rusia y China. A inicios de enero de 2026, Trump proclamó la existencia de un «marco para un futuro acuerdo» con la OTAN en relación con Groenlandia, tras una escalada de amenazas y negociaciones que han exacerbado las tensiones transatlánticas. 

Este desarrollo, actualizado al 30 de enero de 2026, exige un examen exhaustivo que abarque sus antecedentes históricos, las motivaciones subyacentes, las repercusiones en el ámbito internacional y los eventos más recientes, revelando cómo esta iniciativa podría reconfigurar el equilibrio de poder en el Ártico.

Los orígenes de este interés estadounidense en Groenlandia se remontan a mucho antes de la era Trump, aunque ha sido él quien lo ha impulsado con mayor vehemencia. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos estableció bases militares en la isla para contrarrestar la amenaza nazi, bajo un acuerdo con Dinamarca que permitía la presencia estadounidense a cambio de protección. 

En 1946, el presidente Harry Truman ofreció formalmente 100 millones de dólares por Groenlandia, esta propuesta fue presentada formalmente a Dinamarca, específicamente al ministro de Relaciones Exteriores danés, Gustav Rasmussen, por el secretario de Estado estadounidense, James Byrnes, durante una reunión en Nueva York. La oferta se basaba en razones estratégicas relacionadas con la defensa durante los inicios de la Guerra Fría, pero fue rechazada por el gobierno danés, que prefirió mantener su soberanía sobre el territorio. Esta iniciativa forma parte de un patrón más amplio de interés estadounidense en Groenlandia, que se remonta al menos al siglo XIX, aunque la oferta de 1946 es la más documentada y cuantificada en esa cifra específica.

Esta dinámica persistió durante la Guerra Fría, cuando la isla se convirtió en un pilar de la defensa antimisiles, albergando instalaciones como la Base Aérea de Thule (ahora Pituffik), crucial para el monitoreo de lanzamientos soviéticos. Sin embargo, fue en 2019, durante el primer mandato de Trump, cuando resurgió de manera pública y controvertida, la idea de una compra directa. 

Trump argumentó entonces que la adquisición beneficiaría tanto económica como estratégicamente a Estados Unidos, citando el potencial inmobiliario y de recursos naturales. 

La respuesta de Dinamarca y Groenlandia fue tajante: la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, la calificó de «absurda», mientras que las autoridades groenlandesas la vieron como una afrenta a su autonomía, recientemente ampliada en 2009 mediante un referéndum que les otorgó mayor control sobre sus asuntos internos.

Esta propuesta de 2019 pareció desvanecerse temporalmente, pero revivió con renovado vigor tras la reelección de Trump en noviembre de 2024. Ya en enero de 2025, el presidente electo mencionó en entrevistas la necesidad de «tarifar a Dinamarca a un nivel muy alto» si obstaculizaba los planes estadounidenses, y no descartó el uso de fuerza militar para asegurar el control. En marzo de ese año, el vicepresidente JD Vance realizó una visita oficial a Groenlandia, donde criticó a Dinamarca por su supuesta falta de inversión en la defensa de la isla, acusándola de negligencia ante las crecientes amenazas globales. 

Para diciembre de 2025, Trump designó a Jeff Landry, gobernador de Luisiana, como enviado especial para Groenlandia, una acción que intensificó las especulaciones sobre una agenda más agresiva. La escalada alcanzó su punto álgido en enero de 2026, cuando Trump amenazó con imponer aranceles del 10% que podrían escalar al 25% a ocho naciones europeas, incluyendo Dinamarca, el Reino Unido y Alemania, si no respaldaban sus aspiraciones. 

En discursos y publicaciones en redes sociales, se refirió a un enfoque «duro» en caso de fracaso negociador, lo que desató alarmas sobre una posible intervención militar. No obstante, durante su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos el 21 de enero, Trump retrocedió explícitamente, negando cualquier intención de usar la fuerza y suspendiendo las amenazas arancelarias tras una reunión con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

Las motivaciones declaradas por Trump se anclan firmemente en la dimensión estratégica de Groenlandia. Su posición geográfica en el Ártico la convierte en un baluarte esencial contra amenazas misilísticas provenientes de Rusia y China, integrándose perfectamente en el ambicioso proyecto de Trump denominado «Golden Dome», un escudo antimisiles integrado que busca proteger el hemisferio norte americano. 

Es de observar que la isla facilita rutas de navegación emergentes debido al derretimiento acelerado del hielo polar, impulsado por el cambio climático, lo que podría abrir nuevas vías comerciales y militares en el Ártico. Además, Groenlandia posee depósitos masivos de tierras raras como minerales críticos para la fabricación de baterías, electrónicos y tecnologías renovables, así como uranio, zinc y otros recursos que podrían mitigar la dependencia estadounidense de suministros chinos, que controlan alrededor del 80% del mercado global. 

En este sentido, expertos en geopolítica, como los del Consejo de Relaciones Exteriores, argumentan que, más allá de la retórica de seguridad nacional, estas acciones buscan contrarrestar la expansión china en la región, donde Beijing ha financiado proyectos de infraestructura como aeropuertos y minas desde 2017, y limitar la influencia rusa, que ha incrementado su presencia militar en el Ártico con bases y ejercicios navales. 

Es de hacer notar que el costo hipotético de una adquisición plena se estima entre 700 y 1.000 billones de dólares, una cifra que resalta la ambición del plan, aun cuando el enfoque actual parece virar hacia acuerdos de acceso en lugar de una compra total.

Desde una perspectiva económica, Groenlandia representa una oportunidad para diversificar la economía estadounidense. Con una población de apenas 56.000 habitantes, la isla depende en gran medida de la pesca y subsidios daneses, pero su potencial minero podría generar miles de empleos y billones en ingresos. 

Trump ha enfatizado que una mayor presencia estadounidense enriquecería a los groenlandeses, prometiendo inversiones en infraestructura y desarrollo sostenible. Sin embargo, la percepción local es diversa: algunos residentes expresan preocupación por la pérdida de tradiciones y el impacto en sus medios de vida, mientras otros ven oportunidades en los nuevos empleos que podrían surgir. Críticos advierten que esto ignora los riesgos ambientales: la extracción intensiva de recursos aceleraría el cambio climático, exacerbando la pérdida de hielo que ya amenaza a las comunidades costeras con inundaciones y erosión. La aceleración del cambio climático no solo amenaza a las comunidades costeras, sino que también podría desalentar el turismo a largo plazo si Groenlandia pierde su atractivo natural. El auge turístico de 2025, impulsado por la curiosidad global ante la controversia, ahora enfrenta incertidumbre; operadores locales reportan cancelaciones ante temores de inestabilidad política, lo que podría revertir el crecimiento económico reciente.

Las reacciones a esta iniciativa han sido predominantemente adversas y unánimes en rechazar cualquier cesión de soberanía. El gobierno groenlandés, ha invocado tradiciones ancestrales para afirmar que «nadie posee la tierra», rechazando categóricamente cualquier anexión y priorizando su aspiración a la independencia plena de Dinamarca. 

Encuestas recientes, como la de Pew Research Center realizada entre el 20 y 26 de enero de 2026, revelan que solo el 21% de los estadounidenses apoya una toma de control, con un 58% en oposición, marcando un incremento en el rechazo desde marzo de 2025. En Groenlandia, un sondeo de 2025 indicó que apenas el 6% favorece unirse a Estados Unidos. Dinamarca ha delineado la soberanía como una «línea roja» inquebrantable, aunque expresa disposición para negociar expansiones de bases militares como Pituffik y acuerdos de acceso permanente, reconociendo la necesidad de fortalecer la cooperación aliada. 

Continuará segunda parte

 

La Unión Europea y la OTAN han demostrado unidad, desplegando misiones de reconocimiento en la isla y tildando las amenazas arancelarias de «inaceptables». En Davos, la reunión entre Trump y Rutte resultó en la suspensión de tarifas y el anuncio de un acuerdo preliminar para «acceso total» estadounidense, aunque los detalles siguen siendo nebulosos, con indicios de que incluiría derechos mineros y mayor presencia militar sin alterar la soberanía.

Al 30 de enero de 2026, filtraciones de cables diplomáticos indican que las acciones de Trump han generado inquietud en otras naciones, con China posicionándose para capitalizar las tensiones mediante ofertas de inversión alternativas en Groenlandia. El líder neerlandés, en camino a ser primer ministro, describió las ambiciones estadounidenses como un «llamado de atención» para Europa, urgiendo mayor autonomía estratégica. 

Es así que, analistas de Foreign Affairs proponen un acuerdo trilateral ampliado que beneficie a Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia, centrado en seguridad ártica y cooperación económica sin comprometer la soberanía, potencialmente incluyendo sanciones conjuntas contra Rusia y definiciones claras sobre bases estadounidenses. Hasta esta fecha, no se han reportado avances significativos en el «marco» del acuerdo, pero continúan discusiones sobre inteligencia compartida y desarrollo sostenible.

Este episodio ejemplifica las tensiones inherentes al unilateralismo en las relaciones internacionales, donde la diplomacia coercitiva de Trump —combinando amenazas económicas con retórica provocadora— amenaza con erosionar alianzas forjadas en la OTAN y alienar a socios europeos históricos. 

Groenlandia, indiscutiblemente un activo en la competencia ártica, podría fortalecer la seguridad colectiva si se aborda mediante colaboración mutua, contrarrestando efectivamente a rivales como Rusia, que ha militarizado el Ártico, y China, que busca dominar recursos críticos. 

En conclusión, el precedente establecido suscita la interrogante profunda sobre el futuro del orden multilateral: ¿triunfará la negociación racional o la imposición de poder? El monitoreo cercano de este «marco» en los meses venideros, al 30 de enero de 2026, será relevante para resolverlo visualizando no solo el destino de Groenlandia, sino el de la alianza atlántica en una era de crecientes desafíos globales.

 

Referencias

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YouTube. (2026). TRUMP GREENLAND PLAN LIVE | Marco Rubio Reveals The Real Reason Behind President’s Bold Move. 

YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=p82-BaC-eF8

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Felix. (2026). Greenland: Donald Trump’s latest real estate deal. Felix. https://felixonline.co.uk/articles/greenland-donald-trumps-latest-real-estate-deal

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