Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
Mal inicia 2026 para el gremio periodístico.
Y no se trata de las quejas cotidianas.
Se trata de la realidad irreversibles.
Ellos y ella ha muerto, pero aquí están.
Pepe Vilchis, el michoacano, fue el primero en tomar el vuelo que no tiene regreso. Periodista cabal y amigo indiscutible. Hombre que siempre habló de frente y cuando tenía algo qué decir no lo ocultaba… ¡lo escribía!
Sus amigos le decíamos “el negro”. No lo era. Simplemente fue el ejemplo para Luis miguel el artista, para dorarse y presentarse con un color bronceado que generaba envidias a los que habíamos adquirido el color “amarillo telegrama”. Rodolfo Guzmán, excelente reportero, magnifico escribano -porque daba fe de la vida pública-, cronista natural, revelador de informaciones “secretas”, su firma en los medios impresos en los que trabajó era respetada. Dejó de ser borracho para asumir el cargo de cantinero: se convirtió en funcionario público de la comunicación en la Secretaría de Gobernación.
Y, sin embargo, a diferencia de la gran mayoría que se sube al tabique, jamás se marró.
Irma Fuentes, a quien conocí cuando ambos reporteábamos las informaciones políticas. Ella para Novedades. Yo para El Universal Gráfico y para El Universal. Amiga de mi esposa, Nidia Marín.
A Irma siempre la respeté por su calidad humana y profesional. Tres amigos periodistas que se fueron para quedarse con nosotros, los que, compartimos, los que sumamos esfuerzos para conseguir la nota, los que aprendidos a ser amigos.
El cuarto personaje -guste o no, los cuatro lo fueron- nunca supe si había escrito una línea como reportero para algún medio informativo.
Lo conocí como jefe de prensa, cuando no se ostentaban los comunicadores como subsecretarios de comunicación o coordinadores generales.
Se trata de Carlos Reta Martínez.
Lo traté casi cuatro décadas. Mi mejor momento en nuestra amistad fue cuando le solicite armar una agenda para viajar a los países que conformaban el mundo de los “Los Cuatro Tigres Asiáticos, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán” y a los que se añadió Malasia, con el fin de conocer sus opiniones respecto al TLCAN, allá por 1992.
Un viaje que me permitió conocer prácticamente todo el sudeste asiático con excepción de Vietnam y Laos y, por supuesto, inolvidable.
Largo periplo que me alejó de mi país y mi familia durante largos 88 días.
Recodarlos a los cuatros no es rendirles homenaje póstumo.
Es recordarlos como parte de mi vida profesional.
Convivimos en coberturas presidenciales desde Luis Echeverría, en revoluciones en Nicaragua, El Salvador y Perú. Si no todos juntos, sí por separado observamos relevos en el partido único de México y vivimos la gran crisis del PRI de 1987. Fuimos testigos, algunos presenciales otros en funciones de reporteros y redactores del asesinato de Luis Donaldo Colosio.
Atestiguamos el efecto de la sana distancia y capturamos en nuestras notas la primera derrota presidencial del tricolor a manos de un “ranchero enamorado de la Coca-Cola” y ellos, los que se fueron, ya no tuvieron oportunidad de seguir siendo exponentes de la verdad y descubridores de la mentira.
Descansen en paz, porque se fueron, pero aquí están y estarán de por vida.
E-mail: mesismichelnarvaez266@gmail.com, jesusmichelmp@hotmail.com y en Facebook como Jesus Michel.
