*Del Constituyente Visionario
al Acaparamiento del Poder
*Educación no es Gasto es una
Inversión ¿Política?
*Tiempo Actual: Montesquieu
Aceptará que se Equivocó
*Foros de Reforma Electoral, un
Simulacro Hipócrita
*De los Dichos de Morena a la Real
Verdad, la Diferencia
POR EZEQUIEL GAYTÁN
La obra “La utilidad de lo inútil” del italiano Nuccio Ordine publicado en español por la editorial Acantilado en 2023 es un libro vigente y audaz debido a que, entre otras conclusiones a las que el lector llega es que algunos gobernantes son francamente ignorantes e incapaces de comprender que las políticas de austeridad tienden a la larga a ser más costosas. El autor sostiene que las “legitimas preocupaciones por la restitución de la deuda son exasperadas hasta producir efectos diametralmente opuestos a los deseados. El fármaco de la dura austeridad como lo han observado algunos economistas, en vez de sanar al enfermo lo debilitan aún más de manera inexorable”. Léase, tanto políticos de derecha, como de izquierda esgrimen sin distinción ideológica y a su conveniencia que tal o cual institución o programa son muy costosos y proponen su liquidación o, en su caso, privatizar o reducir a la organización a su mínima expresión a fin de tener dinero en las arcas nacionales.
Veamos el ejemplo en el México de la gestión Sheinbaum quien en compañía de diputados y senadores morenistas acometieron con toda su artillería de medios y redes sociales en contra del Instituto Nacional de Transparencia (INAI) bajo el argumento de ser una institución muy costosa. La estrategia tenía el límite de no poder abrogar el articulo seis de nuestra Constitución, el cual garantiza el derecho humano a la información, así que, en contra de su verdadera intención, esgrimió que ese derecho sigue garantizado, pero ahora ya no en manos ciudadanas, sino de un órgano desconcentrado subordinado a la secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno. La perversa intención fue clara, restarle atributos de autonomía de gestión a un órgano ciudadano y plegarlo a una dependencia que discrecionalmente apoya al gobierno por encima de la ciudadanía. Todo en el nombre de la mal entendida austeridad y en favor de la opacidad.
¿Es útil que la sociedad esté enterada acerca del destino de sus recursos? Sostengo que sí y a mi parecer me atrevo a afirmar que también cualquier persona que se considere democrática respondería afirmativamente debido a que empodera a la gente, la mantiene informada, le amplía la visión acerca del gobierno y la realidad política económica, administrativa y social del país y, por si fuera poco, le permite debatir con argumentos de peso y señalar aciertos y desaciertos gubernamentales. En pocas palabras la información pública democratiza a una sociedad.
¿Es útil que el derecho humano a la información se garantice en instituciones sólidas y autónomas del poder ejecutivo? Mi respuesta vuelve a ser afirmativa, pues opera bajo el principio de Máxima Publicidad y su capacidad de regirse a si misma le amplía a la sociedad las posibilidades de configurar un gobierno abierto.
Queda claro que la idea de lo útil o lo inútil en un gobierno es subjetiva y de ahí que sendos conceptos quedan sujetos a los criterios del partido político en el poder. Por eso el Constituyente de 1917 blindó, con sutil previsión esa potencial desviación y garantizó la prestación de las garantías individuales y sociales en políticas de Estado a fin de que sin importar el color del partido político que gobierne tenga que cumplir con dichas garantías, tales como los derechos a la alimentación, la salud, la educación, el trabajo y la vivienda bajo los criterios de universalidad y calidad. Consecuentemente, los gobiernos están obligadas a cumplir.
Con el paso del tiempo y el desarrollo de las ciencias administrativas se desarrolló la tesis de la relación costo/beneficio. Es un concepto con dos grandes acepciones. La primera alude a la gestión privada que sostiene que costo monetario de la inversión debe recuperarse con las ganancias suficientes y ese es el beneficio o plusvalía. Por su parte, la segunda acepción es el correspondiente al ámbito de la Administración pública que considera que en ciertos casos la relación del costo se supedita al beneficio social. Es decir, la prioridad no es la recuperación de la inversión en el aspecto exclusivamente monetario, pues el impacto social es superior en términos cuantitativos al capital de inversión.
Tal vez uno de los mejores ejemplos es el de la educación. Léase, los gobiernos no gastan en educación, invierten en educación y con miras a un futuro con mejor calidad de vida para la población. Con lo anterior manifiesto que la utilidad de lo inútil en la vida de una nación no debe ser vista sólo en el plano contable y monetario. También debe ser vista como un elemento fundamental de desarrollo pleno e integral de la ciudadanía.
Algunas de las ventajas de la utilidad de los órganos constitucionales autónomos se observa en: a) la evolución de la teoría clásica de Montesquieu acerca de la importancia de la división de poderes, con el propósito de que una sola persona no concentre y abuse del poder excesivo; b) la presencia de ciudadanos en los órganos deliberativos de decisión, pues al no tratarse de empleados del presidente, gozan de facultades y atribuciones que pueden ir en contra de decisiones gubernamentales violatorias a los Derechos Humanos o al oren constitucional; c) siguen sujetas a auditorías, transparencia y rendición de cuentas, pues quienes ahí trabajan siguen siendo personas servidoras públicas y, d) acotan al presidencialismo omnímodo que se siente infalible.
Lo anterior significa, en efecto, costos y gastos de operación institucional son debatibles, pero a la luz de la definición de lo útil y lo inútil. Es decir, ¿útil para qué y para quién? o ¿inútil para qué y para quién? Un tema postergado porque la obsesión morenista del poder por el poder y su pragmatismo inescrupuloso evitan el debate, así como eluden a su conveniencia la responsabilidad política de la relación costo/beneficio.
Morena insiste en aplicar el criterio de lo útil y lo inútil en términos unidimensionales de lo monetario y ahora despliega sus armas en contra el Instituto Nacional Electoral (INE) mediante una contrarreforma electoral con la intención de que el órgano encargado de organizar las elecciones se pliegue a los designios gubernamentales antaño subordinados a la secretaría de Gobernación. Tanto el INAI como ahora el INE le estorban cualitativamente a AMLO y a Sheinbaum, pero saben que, aunque añoren al viejo régimen priista, no pueden regresar a esas épocas, así que maquillan su paquete de propuestas y despliegan la estrategia de imponer a los consejeros, asfixiar presupuestalmente a los partidos políticos y contratar a alguna empleada que ejecute las órdenes presidenciales.
Alguien me dirá, por ejemplo, que Pablo Gómez, encargado presidencial de impulsar la contrarreforma electoral, abrió algunos espacios a fin de oír mas no escuchar opiniones, argumentos y puntos de vista acerca de la propuesta. Empero, de todos es sabido que fue un simulacro hipócrita. Él simplemente habla de los elevados costos de los procesos electorales, pues sabe que al ampararse bajo ese argumento convencerá a mucha gente que no se detiene a valorar acerca de la utilidad de lo aparentemente inútil como es ser oposición, confrontar ideas y, en su caso, enriquecerlas. Ahora Morena nos vende la tesis de que los debates son inútiles, que se pierde tiempo precioso y que la confrontación de posiciones políticas en los congresos legislativos es absurda, pues los morenistas son los poseedores de la verdad y “mayoría electoral”.
El dogmatismo radical de Morena es ajeno al espíritu de las leyes y a los valores de la tolerancia, la inclusión y el pluripartidismo. Recordemos que el líder moral y mentor de la presidenta sostiene que “se está con Morena o se está en contra de ellos”. Léase, un maniqueísmo propio de los regímenes autoritarios, proclives a las dictaduras y enemigos de las libertades democráticas.
Para quienes acostumbran a cuantificar en términos monetarios su vida, lo usual es que definan una posición lineal determinada por la acumulación de capital y por lo mismo se preguntan si tal o cual acción les dará algún tipo de ganancia. Consecuentemente, esas personas no ven utilidad en construir salas de conciertos, acudir a exposiciones, viajar o ver un atardecer. Lo consideran inútil y pérdida de tiempo.
Me dirán que Morena se preocupa por la cultura, pero al ver la asignación presupuestal a ese sector queda en entredicho esa posición. Me dirán que en Morena se preocupan por el bienestar de los adultos mayores, pero ese argumento es una mascarada a fin de mantenerse en el poder a cualquier costa mediante el voto de las personas de la tercera edad y sus remoras familiares que viven de ese subsidio. Me dirán que en Morena se preocupan por la educación salud de la población, pero no hay medicamentos. Así podemos enlistar una larga agenda de asuntos pendientes, pues sucede que para Morena lo útil es el poder por el poder y lo inútil es la democracia por costosa, crítica y proclive a la división de poderes.
