365 y contando …

Punto de Vista

Por Jesús Michel Narváez

Su regreso sorprendió al mundo y a los demócratas estadounidenses. Parecía imposible que alguien que intentó un golpe de Estado, algo no registrado en la historia de Estados Unidos, regresara a la Cas Blanca y comenzara, desde antes de juramentar el 20 de enero del 2025 en una ceremonia, por primer ocasión celebrada en el interior del Capitolio por la baja temperatura que azotó a Washington, a mostrar un fiereza no usual en un Jefe de Estado y que durante 365 días ha buscado y logrado en gran parte, una “revolución comercial” sustentada en un arma letal: aranceles, cumple hoy el primer año de su segundo mandato presidencial y es, guste o no, el personaje más conocido en el globo terráqueo y más allá, si existe algún lugar donde sus probables habitantes puedan mirar por la gracia de la tecnología a un personaje cuya cabeza muestra que se amplían las pistas de aterrizaje por la limpieza de la hierba que cerraba los espacios.

Las opiniones por el actuar de Donald Trump en sus 365 días de mandato, corresponden a la polarización de sus decisiones.

Como autócrata no respeta otra ley que no sea la suya y el cierre de su año, lo deja escrito: una invasión, la captura de un dictador, el despertar del odio contenido por los amantes de lo que alguna ocasión fuera la esperanza de la igualdad fundada en los principios marxistas-leninistas, la amenaza del rompimiento con los aliados pre, durante y post guerras mundiales, la persecución de criminales y narcotraficantes, comparable con la de los ejecutores nazi del exterminio de judíos, no dejan duda de presentar a Donald Trump como el “nuevo mesías” que llegará más allá del Gólgota y pretenderá cruzar el mar caminando.

A México le ha ido como en feria. En los primeros años de Trump entre 2017 y 2020 y en nuestro país con el primer presunto narcopresidente, se estableció una “relación personal” en la que el selló fue el bat de beisbol que, el mexicano, no supo interpretar e ignoró que se trata de una réplica del big stick con la que habría de recibir el castigo necesario en su momento.

Los días, las semanas, los meses, la caída de las hojas del almanaque volaron y al cruzar el pantano todos salieron manchados. Imposible limpiarlos. No hay detergente para ello. Hay autoridad, buena o mala, pero existe y la conforma el grupo de agencias de Estados Unidos.

Sí, la perseguida DEA, la apestada FBI, la peligrosa CIA y demás, resistieron como lo han hecho por décadas las amenazas, expulsiones y hasta encarcelaciones y hoy están frente a la ventanilla en la que se pagan las facturas.

Trump tiene incendiado al mundo. Groenlandia es su más reciente cirio pascual encendido. Y le importa un comino la irritación o disgusto de Putin, Jiping, de los dirigentes de la Unión Europea e incluso los miembros de la OTAN y los congresistas estadounidenses.

Su límite, lo ha pregonado, “son mis principios”.

Descifrarlos son el problema.

En un año de gobierno, ha cimbrado al mundo no solamente occidental, sino de todos los continentes y ha demostrado tener más poder, por lo menos en apariencia, que todos los “adversarios juntos”.

¿Qué le espera al mundo el siguiente año de mandato? Es el presente. Solamente 20 días separan los segundos 365 de su calendario.

Groenlandia puede ser el botón que derrumbe todas las estructuras del presunto mundo civilizado que se ha construido el resurgimiento de un dique que pretende fortalecer algo que muchos desconocen, otros la aborrecen y pocos la defienden: el mundo democrático.

 

 

 

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