ALBERTO F. MENA MALLEN
Como mexicanos no queremos que los Estados Unidos nos visiten para acabar con los carteles del narcotráfico, pero si la 4t no genera las condiciones adecuadas para impedirlo, entonces, que los morenos no se quejen de que ellos lo propician con sus políticas, argumentos, planes equivocados, mentiras y una gran corrupción con impunidad al no castigar a quienes cometen delitos que presumiblemente cometen, pero que no se investigan para evitar que se les considere como narco-políticos o un narco-estado.
La 4t, además de modificar nuestro sistema de gobierno, ha permitido que nuestra soberanía se fragmente al no poder controlar a los grupos criminales del narcotráfico, lo que provoca que Estados Unidos tenga herramientas para, primero presionar a la actual administración federal y luego amenazar con atacar en nuestro territorio nacional a los grupos delincuenciales, hechos que rechazamos todos los ciudadanos, pero ante la incapacidad para brindar seguridad al país, muchos mexicanos consideramos que sin ayuda externa, poco se puede hacer en contra de los cárteles. La 4t es incapaz y muchas veces omisa, lo que se ha demostrado en estos años de gobierno.
Y menos cuando no existe interés -eso lo han exhibido-, por conocer si en verdad hay morenarcos, cuando existen indicios de que, sí los hay y en gran cantidad, al hacerse millonarios con los recursos públicos o con ilegalidades que cometen y que muchos lo presumen con un cinismo nunca antes visto en los gobiernos del país, en lo federal, estatal y municipal.
La falta de investigaciones para negar las acusaciones y críticas que se observan en redes sociales y medios de comunicación contra la 4t, generan grandes y mayúsculas dudas entre la sociedad al no ser desmentidas o negadas, aparte de la desconfianza que los mismos morenos han creado entre la ciudadanía, con sus ajustes al aparato de gobierno, como la falta de democracia, -aunque lo nieguen-, o la propia reforma judicial amañada, incluyendo la elección presidencial, causan debates como el de la soberanía nacional.
Existen comentarios en el sentido de que si la presidenta –“con a”-, pide respeto a la soberanía, no la hay cuando los grupos criminales se han apropiado de vastos territorios y gobiernos en el país y es por ello que se le exige que primero busque la soberanía de México en el propio país en vez de andar cacareando a gobiernos extranjeros que respeten a México y a su soberanía.
Igualmente, existe la soberanía alimentaria que está acotada porque México mantiene cierta autosuficiencia en maíz blanco y frijol, pero depende fuertemente de Estados Unidos para maíz amarillo, trigo, arroz y soya, lo que limita su soberanía alimentaria y lo hace vulnerable a factores externos.
Existe, además, la soberanía formal: México sigue siendo un Estado soberano reconocido internacionalmente. Tiene Constitución, instituciones, representación en organismos internacionales y capacidad de firmar tratados y también la soberanía efectiva: Sin embargo, la soberanía no es solo un principio jurídico, también implica ejercer control real sobre el territorio y la población. Cuando el Estado pierde presencia en ciertas zonas, esa soberanía se vuelve limitada o fragmentada o va perdiéndose en las palabras.
Diversos informes señalan que grupos criminales ejercen poder paralelo en regiones de Guerrero, Michoacán, Tamaulipas y otras zonas, imponiendo reglas, cobrando “impuestos” y controlando economías locales. Esto se traduce en una especie de “soberanía de facto” de los cárteles en esas áreas, aunque jurídicamente el Estado mexicano sigue siendo el soberano.
Tal situación genera un dilema: México es soberano en el plano internacional, pero enfrenta erosión interna de su autoridad y por lo tanto no podemos ser plenamente soberanos. En otras palabras: la soberanía existe, pero no se ejerce plenamente en todo el territorio.
Hay varios países soberanos que, como México, han visto debilitada su soberanía interna por la pérdida de control territorial frente a grupos armados. Ejemplos claros son Siria, Somalia y Afganistán, donde el Estado mantiene reconocimiento internacional, pero enfrenta poderes paralelos dentro de su territorio.
Para que la presidenta –“con a”-, pueda hablar y presumir la soberanía nacional y recuperarla debe conseguir legitimidad porque ésta (la soberanía) se fortalece no solo con fuerza militar, -la que es utilizada para muchas funciones lo cual la ha corrompido-, sino con instituciones legítimas, servicios públicos y confianza ciudadana, donde la mitad de los mexicanos confían poco en su gestión y persona, aunque presuman altos índices de popularidad. La corrupción y la falta de voluntad política permiten que los cárteles sustituyan al Estado en ciertas zonas. La soberanía no solo se declara, se ejecuta.
Las redes sociales amplifican la percepción de que la soberanía está debilitada o secuestrada cuando grupos armados ejercen poder paralelo. En México, como en Colombia y Afganistán, la discusión digital refleja una crisis de confianza en el Estado y en su capacidad de ejercer soberanía efectiva.
Sabemos que la soberanía reside en el pueblo y que todo poder público emana de él (artículo 39). Esto significa que México es, en principio, un país soberano, pero desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, México transfirió parte de su capacidad autónoma hacia Estados Unidos y Canadá, lo que redujo su margen de decisión en temas económicos y comerciales.
México participa activamente en organismos multilaterales, como la ONU y la OEA, defendiendo principios como la Doctrina Estrada, que rechaza intervenir en asuntos internos de otros países, pero cuando una nación no tiene alternativas de defensa como sucedió con Venezuela, donde el maltrato a la población por parte del gobierno era una constante, muchos ciudadanos de esa nación agradecieron a los Estados Unidos que los haya apoyado en su lucha por la libertad.
Para recuperar soberanía, la globalización exige que México desarrolle capacidades propias en energía y tecnología para no quedar subordinado. México sí es soberano, pero su soberanía se redefine constantemente en un mundo globalizado. La clave está en equilibrar la cooperación internacional con la defensa de la independencia nacional. En palabras de Sheinbaum: “Hay algo que no se negocia y eso es la soberanía”.
Muchos estamos de acuerdo con la mandataria, pero si el Estado no tiene capacidad para defender nuestra soberanía, hay quienes piensan que es mejor pedir apoyo a que, de plano, ésta sea apropiada por otros intereses ajenos a los mexicanos.
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