“Familia en Renta”

El Negocio de la Soledad

HORACIO ARMANDO HERNÁNDEZ OROZCO

“Familia en Renta” (“Rental Family”) película dirigida por Hikari, con la actuación de Brendan Fraser (Phillip Vanderploeg), Takehiro Hira (Shinji), Mari Yamamoto (Aiko), Shannon Mahina Gorman (Mia Kawasaki), Akira Emoto (Kikuo Hasegawa), Shino Shinozaki (Hitomi) y Sei Matobu (Masami Hasegawa); se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto el 6 de septiembre de 2025.

Phillip es un actor estadounidense radicado en Japón que comienza a trabajar en una agencia de familias de alquiler. A  través de este empleo, su personaje interpreta distintos roles: padre, esposo o acompañante, según las necesidades emocionales de los clientes.

La cinta plantea que el verdadero conflicto no reside en la ausencia de personas, sino en la incapacidad social y cultural de procesar el dolor que deja esa ausencia.

MATRIMONIO 

Y MORTAJA…

Phillip Vanderploeg vive en Japón, donde busca constantemente un trabajo sólido como actor tras su éxito en un comercial de pasta de dientes; recibe una llamada para actuar como el “típico chico blanco” que asista a un funeral; y ahí, es contratado por una empresa propiedad de Shinji que proporciona actores para interpretar a familiares y amigos de reemplazo para extraños.

La primera encomienda de Phillip es actuar como el prometido de una mujer llamada Yoshie, una lesbiana que ya está casada y quiere realizar una boda tradicional para sus padres antes de que ella y su esposa se vayan a Canadá.

Al principio Phillip se retracta, pues considera deshonesto engañar a los padres de la clienta, pero se compromete y encuentra la experiencia gratificante.

No obstante que el personaje central de la película lleva años viviendo en Japón, es claro que no ha conocido ni comprendido toda la cultura oriental, aún hay cosas que las concibe, no sólo como inusuales, sino como absurdas e imposibles.

El asistir a un falso funeral a llorar por una persona que todavía no ha muerto, o ser el novio en una boda real sólo para no hacer sufrir a los padres de la novia, son aspectos no habituales en la cultura occidental.

QUE ME PERDONE 

TU SEÑORA

Phillip descubre que algunos de los trabajos de su compañera Aiko implican que ella finja ser una amante disculpándose con las esposas de maridos infieles, lo que a menudo resulta en que la agredan físicamente.

La infidelidad en Japón es un fenómeno social significativo, con implicaciones legales y culturales que afectan a las relaciones matrimoniales, y si bien no es un delito, sin embargo, puede ser una causa de divorcio y puede dar lugar a indemnizaciones por daños que suelen oscilar entre 500,000 y 3 millones de yenes, dependiendo de factores como la duración del matrimonio y la gravedad de la infidelidad.

Una encuesta reciente realizada a 3,000 personas casadas en Japón reveló que el 10.4% de los encuestados mantiene una relación extramarital, mientras que un 18.17% admitió haber tenido una en el pasado, mientras que el 53% había sido sospechado de infidelidad por su pareja, y el 26% confesó que su infidelidad fue descubierta.

Esto indica que la infidelidad es más común de lo que se admite públicamente en la sociedad japonesa; además, la persona con la que se comete el adulterio también puede ser considerada legalmente responsable en Japón, lo que no es común en muchos otros países; por ello la disculpa frente a la cónyuge agraviada aminora la ofensa y se percibe como una sanación interior.

De ahí que uno de los principales productos de la agencia de Familia en renta sea el «servicio de disculpa».

EL PERIODISTA

 Y EL PADRE

Entre otros encargos, Phillip actúa como periodista que entrevistará al anciano actor retirado Kikuo Hasegawa, quien tiene demencia y está bajo vigilancia constante de su hija Masami; Phillip empieza a tener una conexión especial con el veterano actor, que le pide lo lleve a su casa de su infancia, pero rechaza llevarlo, pues su Masami no quiere que vaya al pueblo.

También asume el trabajo de actuar como el padre separado de una joven Hāfu (mestiza) llamada Mia, cuya madre Hitomi necesita ayuda para inscribirla en una escuela privada.

Phillip forma vínculos fuertes con Mia, quien inicialmente resiente a su “padre” por haberla abandonado, pero eventualmente se convence de pasar tiempo con él.

El personaje central se muestra renuente a perder las conexiones que ha hecho, pero Shinji afirma que separarse de los clientes es una parte inevitable del trabajo, pero Phillip le reprocha usar la Familia de Alquiler para llenar huecos vacíos sin alma en lugar de crear conexiones genuinas. 

A través de la diversidad de personas que interactúan con Phillip, la cinta permite al espectador descubrir las conexiones humanas reales, pues la pequeña Mia y el anciano Kikuo desconocen que no es en realidad un padre o un periodista, ellos se conducen con naturalidad y no con ficción.

Lo que inicia como un trabajo se transforma poco a poco en un viaje personal donde las fronteras entre la actuación y la vida real se vuelven cada vez más difusas.

La cinta navega entre temas universales como la soledad, la vocación, la necesidad de pertenecer y las dificultades de los vínculos familiares en un mundo cada vez más fragmentado. 

Además de la reflexión silenciosa sobre la importancia de la conexión humana, la cinta evidencia el negocio de las familias de alquiler en Japón, y como la soledad es también un comercio.

La soledad es una de las condiciones humanas a las que el ser humano suele enfrentarse en distintas etapas de su vida; una de las cosas que se ha dicho a través de los años es que, el individuo es un ser social por naturaleza, pero esto podría interpretarse como algo obligado pues, se ha comprobado que las personas no resisten a un estado de soledad en un tiempo prolongado. 

El negocio de las familias de alquiler en Japón es una práctica que ha sido objeto de estudio y crítica, pues ofrecen actores para interpretar roles familiares y de amistad, ayudando a las personas a enfrentar situaciones sociales o personales difíciles.

Este negocio tiene inicio desde los años 80 y se ha expandido con el tiempo; actualmente, existen alrededor de 300 agencias de familias de alquiler en el país, y el precio promedio por un servicio es de entre 15.000 y 30.000 yenes por persona, lo que equivale a entre 150 y 300 dólares estadounidenses por unas horas.

El primer servicio de acompañantes se lanzó en 1991 con la Japan Efficiency Corporation. Su crecimiento ha sido tal que hoy es una industria consolidada.

Pero ¿acaso será que a futuro esta industria ofrezca otro tipo de servicios de alquiler como políticos en renta?

La mejor respuesta la tendrá como siempre nuestro amable lector…

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