Censura y Temor

*Hasta de “Terroristas” se Acusa

los Periodistas Críticos

*El Estado no ha Definido Alcance

del Término y se Aplica

POR EZEQUIEL GAYTÁN 

Me ocupa y preocupa que desde la llegada de Morena al poder es la tercera o cuarta ocasión en que escribo acerca de la censura. Es cierto que el tema lo traté desde estudiante durante la gestión de Luis Echeverría y lo ocurrido en Excélsior. Luego, en la radio y después en El Sol de México, pero nunca con la frecuencia de estos años. Las razones de la censura son las mismas, la oposición gubernamental a la crítica y su falta de virtudes democráticas. Es decir, es un tema muy debatido y muy manoseado debido a que el capítulo de los límites es imposible de definir. 

Es cierto que en la historia contemporánea de México han existido presidentes que son más tolerantes que otros, pero la actual gestión, proveniente del ala radical de la izquierda estalinista es altamente proclive a la censura política. Es intolerante y le gusta someter al pueblo bueno y sabio a la égida del Estado. Léase, “por el bien de la causa, primero Morena”. 

Los experimentos en Campeche y Puebla fueron el inicio. Luego vino el encarcelamiento al periodista Rafael León Segovia en Veracruz acusado de terrorista. Ahora, en plenas fiestas decembrinas los dueños de la estación “Radio Cañón” antes conocida como “abc radio” en el 760 de amplitud modulada, a través de sus administradores, cesaron de manera fulminante a los conductores de 13 programas informativos, de entrevistas, de análisis y deportivos, cobijados bajo el argumento de que Radiópolis absorberá a la histórica radiodifusora.

Hasta el momento no he leído acerca de la compra/venta de Radio Cañón, pero el hecho es que ahora sólo transmite música. Sus comentaristas y analistas ya no ponen un pie en el inmueble y todo es silencio.

Los contenidos de la programación eran variados; sobresalían los de índole política y, muchos de ellos, por ejemplo, MISIÓN POLÍTICA de Jesús Michel era objetivo y criticaba como reconocía, en su caso, la gestión Sheinbaum. Es cierto que muchos de los invitados al programa de radio fuimos contundentes al señalar errores de Morena. Pero no mentirosos. 

Suponiendo sin conceder que el cese de los locutores de Radio Cañón fue realmente por motivos de la adquisición de esa estación es explicable y entendible. Sobre todo, porque quien posee una empresa de radiodifusión lo hace bajo el argumento de la mayor rentabilidad financiera. Pero la jiribilla cotidiana de la vida política en México me lleva a sospechar que fue un acto de censura. Es decir, aventuro la hipótesis de que desde el gobierno les asesoraron a los dueños de Radiópolis acerca de las ventajas de adquirir una estación de radio de amplitud modulada.  

El caso es que desde el 21 de diciembre fueron calladas más voces críticas a la gestión Sheinbaum. Queda claro que la estrategia definida desde el palacio nacional es ir silenciando plumas y ecos tanto en la provincia mexicana, como de manera discreta en la Zona Metropolitana del Valle de México. 

En otras palabras, la libertad de expresión está garantizada en el artículo seis de nuestra Constitución. A la vez fija los límites de dicha libertad. Léase, ese ejercicio libertario no puede atacar la moral de las personas, la vida privada, los derechos de terceros, ni perturbar el orden público. Con lo cual estoy de acuerdo. Sin embargo, es el Estado el que define con criterios, en muchas ocasiones arbitrarios y abiertamente cínicos, lo que es el orden público. Consecuentemente, la visión unidimensional de la actual gestión y su idea de la moral es la que se impone.  

Acusar desde el Estado a un periodista de terrorismo sin que dicho Estado haya definido los contenidos, propósitos y alcances del concepto ya es una violación a los Derechos Humanos. Por supuesto que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y quien cobra ahí – sin oficio, ni beneficio – la señora Piedra cierra los ojos y se comporta sumisamente ante el poder Ejecutivo, lo cual es otra prueba del autoritarismo de la actual gestión. Queda claro que lo acontecido en Radio Cañón fue desaseado y es parte de la misma estrategia: que la presidenta se pronuncie en sus conferencias mañaneras en favor de la libertad de expresión y, en los hechos, evite voces críticas y señalamientos a las pifias y errores de Morena, de su gestión y de su mentor. 

De ahí que por este medio expreso mi solidaridad con mis colegas y, de manera especial, a Jesús Michel, pue el temor no es de los periodistas, sino de la clase gobernante que teme a la verdad. Viva la libertad de prensa. Viva la libertad de expresión.  Muera la censura. 

 

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