ALBERTO F. MENA MALLEN
Miles de mexicanos pueden ser calificados por la 4t como “daño colateral”, ante tantas víctimas mortales de la violencia, la inseguridad, la mala administración y el no tener un sistema de salud como el de “Dinamarca”, tal y como lo prometió muchas veces el macuspano, una de las tantas mentiras que nos tragamos todos los mexicanos, pero que la realidad le ha confrontado con muertes, familias truncas y pobres, porque destinan sus recursos -sus apoyos que no alcanzan-, a la medicina privada en lugar de la pública.
Ya es conocido que ahora el segundo piso de la 4t ha disminuido los recursos hacia el sector salud, mientras envía miles o millones de dólares en petróleo a Cuba o libros de texto, sin importarle que mueran mexicanos por falta de atención a sus problemas, y menos les importa que se mueran “sus sufragios”, que votaron por ellos, porque tienen el apoyo de los grupos delincuenciales, quienes les financian campañas y muchos programas sociales con los que presumen ante la población.
Y menos les importa presumir que son únicos porque han cambiado al país a su modo, sin consultar a la población, menos a sus chairos que les aprueban todo lo que hacen así sea en su contra, pero que la realidad demuestra van en sentido contrario a lo que millones de ciudadanos queremos para México.
Por lo que se ha manifestado vía analistas, estudiosos de diversos temas, académicos y organizaciones de la sociedad civil, poco a poco cavan su tumba y un ejemplo es el de las remesas que han disminuido considerablemente por las condiciones de nuestros connacionales en los Estados Unidos y por las políticas de Donald Trump, lo que está generando más pobreza.
Aunque el narcotráfico en México no es un conflicto armado formal, como lo señalan organismos internacionales, en nuestro país se habla más de un eufemismo social y mediático que de una categoría legal reconocida por ellos y, coloquialmente, si se habla de “daños colaterales” para referirse a las muertes de civiles en el país, por la violencia del narco. Jurídicamente la ONU y la Cruz Roja utilizan y prefieren términos como víctimas de violencia armada o crisis humanitaria.
Pero, el pueblo bueno y sabio sabe que coloquialmente sí se habla de “daños colaterales”, para referirse a las muertes de civiles en nuestro país por la violencia del narco, o por la falta de recursos hacia áreas prioritarias como la salud, ya que, de lo contrario, si se atendieran adecuadamente, los fallecimientos de los mexicanos disminuirían considerablemente. No hay prevención, sino reacción.
El concepto de “daños colaterales” fue acuñado por el ejército de los Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam, como un eufemismo para referirse a muertos, heridos y destrucción no intencionada en operaciones militares. Se utilizó para describir las consecuencias no deseadas de ataques militares legítimos, como la muerte de civiles o la destrucción de propiedades que no eran el objetivo principal.
En el contexto histórico, durante la Guerra de Vietnam (1955–1975), el ejército estadounidense necesitaba un término que suavizara la percepción pública de las víctimas civiles en operaciones militares. El término collateral damage se convirtió en un eufemismo militar, evitando palabras más directas como “muertes civiles”. Con el tiempo, el concepto se extendió a otros ejércitos y contextos, incluso fuera del ámbito militar, para referirse a consecuencias negativas no intencionadas en distintos ámbitos (política, economía, tecnología).
El término “daños colaterales” es polémico porque despersonaliza y minimiza el impacto humano de las acciones militares. Aunque nació como una herramienta lingüística para justificar operaciones bélicas, hoy se usa en debates éticos y políticos para cuestionar la responsabilidad de quienes toman decisiones que afectan a inocentes, como sucede en nuestro país ante la falta de eficacia en el combate a los grupos delincuenciales que continúan gobernando gran parte del territorio nacional.
También, la 4t puede considerar las muertes, por ejemplo, del colegio Enrique Rébsamen que fue de 26 personas, 19 de ellos niños, debido al sismo de 7.1 grados Richter y que afectó gravemente la estructura del edificio; suceso que se presentó el 19 de septiembre de 2017, cuando Claudia Sheinbaum era delegada de Tlalpan.
Igualmente, con lo que sucedió en el accidente de la línea 12 del Metro, ocurrido el 3 de mayo de 2021, en el cual hubo 27 muertos y más de 80 heridos, -cuando de la misma manera Claudia Sheinbaum era jefa de gobierno de la Ciudad de México, y que la responsable del Sistema de Transporte Colectivo Metro, Florencia Serranía, nunca fue sancionada. Y ahora con el “descarrilamiento del Tren Interoceánico”, el pasado 28 de diciembre de 2024, donde fallecieron 14 personas y hubo cerca de 100 heridos, en el Estado de Oaxaca, con Claudia Sheinbaum en la presidencia de la República.
Además de los “daños colaterales” en mexicanos, hay que considerar los costos para su reparación, tanto en seguros, como en las obras públicas y que a la 4t no le importa pagar por su mala administración, por omisión, por no tener al personal con el perfil adecuado, por tanta corrupción o porque no destina los recursos adecuados a su mantenimiento, por desviar los recursos hacia sus prioridades más importantes que los propios ciudadanos.
Habrá que considerar como “daños colaterales” los más de 200 mil mexicanos muertos por la violencia en lo que va de la 4t, -con un promedio de 93 muertes al día-, más de128 mil desapariciones activas –, además de que en 2025 se reportaron 34 mil 388 casos, de los cuales 14 mil 075 siguen sin resolverse-, y hasta 300 mil fallecimientos atribuibles a la mala gestión en salud durante la pandemia de Covid-19
Estas cifras provienen de fuentes oficiales y comisiones independientes, pero hay debate sobre la metodología y la clasificación de muertes; el gobierno ha defendido que los homicidios han disminuido en los últimos años, aunque los críticos señalan que la violencia se ha transformado en desapariciones y control territorial de grupos criminales; en salud, la crítica principal es que la subestimación del virus y la austeridad en el sistema sanitario agravaron la mortalidad.
Con términos lingüísticos, argumentaciones amañadas y muchas mentiras, la 4t busca salirse de la tangente para justificar su actuación, pero desgraciadamente para ellos, las redes sociales y los medios de comunicación, sacan a la luz la cruda realidad que vive el pueblo “sabio y bueno” de México y es cuando muchos ciudadanos nos damos cuenta de lo mal que gobiernan.
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