Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
El péndulo ya se detuvo.
Y se quedó en la derecha.
Quien hizo que se balanceara, ahora se queja de haber perdido la elección.
Desde el 30 de noviembre se conocieron las tendencias electorales para elegir presidente (a) de Honduras y pese a los avances primarios, la presidenta Xiomara Castro y su candidata Rixi Moncada, desconocieron el conteo rápido y con gente de su partido, Libertad y Refundación (Libre, izquierda), impidieron que el Consejo Nacional Electoral emitiera el fallo correspondiente.
Los integrantes del CNE, dominado por el oficialismo, contaron y recontaron los votos y finalmente, el 25 de diciembre, llegó el gran regalo: el candidato conservador Nasry Asfura, del Partido Nacional de Honduras, ha sido declarado este miércoles presidente electo de Honduras por el Consejo Nacional Electoral.
El fracaso de la presidenta de imponer a su empleada como la sucesora la lleva a enfrentar al presidente de Estados Unidos, a quien acusa de haber influido en la voluntad de los ciudadanos al declarar su apoyo, tres días antes de la elección, para Asfura.
Una pobre defensa de la ya casi expresidenta, que debe entregar el cargo el próximo día 27, cuyo mandato tuvo como “cerebro” a su esposo, Manuel Celaya, a quien el pueblo depuso hace algunos años y como fiscal general nombró a Johel Zelaya, quien revisó la documentación del CEN, y no encontró el “fraude” reclamado.
Tan pobre que darle todo el crédito, toda la influencia a Donald Trump, es considerar a los hondureños deshonestos que se dejaron engañar por el republicano. Desde unas semanas antes de la elección, la presidenta Castro y sus consejeros electorales iniciaron la campaña en busca de desacreditar los resultados, porque ya las encuestas mostraban la tendencia a favor de Asfura.
Se debe conceder la duda en los resultados de una elección, cuando la diferencia de votos es de menos 5 puntos, no cuando hay una distancia de 33 puntos.
Y tendría lógica el reclamo de fraude si proviniera de la oposición y el oficialismo hubiera utilizado todas las herramientas legales y no, para despojar al opositor del triunfo.
La mandataria no entiende que el pueblo se cansó de que la misma familia mantenga el gobierno. Y deja de lado el rechazo popular que la echó de Palacio de Gobierno y abrió las puertas al conservador que, en campaña, nunca negó pertenecer a la derecha y propuso cambios radicales para recuperar la economía, cerrar las puertas al narcotráfico y abrir el camino para contar con una democracia sólida.
Sí, fueron palabras de campaña… como en todos los países.
La diferencia con otros comicios fue que calaron en lo más profundo de los hondureños cuyo futuro los hace mirar hacia Estados Unidos, ante la oscuridad que prevalece en su país.
Sin embargo, estaban compuestas por hechos, acciones, decisiones concretas que impidieron a Honduras avanzar no obstante el regalo de 40 millones de dólares por parte de México para desarrollar el programa “sembrando vida”.
La casi exmandataria dice que después del recuento voto por voto, casilla por casilla -¿tendrá alguna vela en el entierro el de Palenque?- aceptará el resultado gane quien ganare.
Nadie lo cree.
Y más bien parecería preparar el “plantón” de la “presidenta legítima”.
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