Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
Cuando la realidad vence toda hipótesis, la fantasía desaparece y se genera una especie de complicidad entre el bien y el mal, sea cual fuere su interpretación, y rompe esquemas que, aplicando la lógica, serán los útiles para una justicia pronta y expedita sin que media poder económico o político.
Trato de entender la razón por la cual un juez federal otorgó una suspensión definitiva en favor de Raúl Rocha Cantú, acusado, no señalado, de tráfico de armas, lavado de dinero y huachicol fiscal.
Nada menores los cargos.
Probablemente el empresario seguiría actuando con la impunidad que se le permitió durante una década de no haber estado involucrado en el presunto arreglo para que la representante de México en Miss Universo, la tabasqueña Fátima Bosh, quien, según versiones no confirmadas, ha renunciado a la corona sin decir agua va. Su triunfo, legal o manipulado, es asunto de otro costal.
Sin embargo, el escándalo llevó directamente al empresario neoleonés y sus negocios salieron a la luz pública además de recordarse haber sido propietario del Casino Royale, incendiado hace 14 años por manos criminales y en cuyo evento murieron 59 personas.
Sobre su cabeza pesan abrumadoras pruebas que podrían otorgarle vivienda para todo el resto de su vida sin costo alguno.
De la manera más extraña, las versiones oficiales apuntan a una presentación personal “voluntaria” de Rocha Cantú ante agentes del ministerio público federal y solicitó hablar con el exfiscal general para alcanzar un acuerdo y convertirse en testigo colaborador y alcanzó la denominación que estuvo vigente hasta que dejó, según los fiscales, de presentarse en audiencias programadas.
Supuestamente la orden de aprehensión en contra de Rocha Cantú se reactivo y los sabuesos federales fueron en busca de la prensa y, con sorpresa, se enteraron que no estaba en el país y hasta ese momento, por supuesto, ignoraban el paradero.
Pero alguien -cuya identidad se ocultó- , un mexicano “patriota” -a lo mejor era aun tailandés que cobraba venganza- lo ubicó en pomadoso restaurante en París, lo fotografió y subió la imagen a Facebook en donde se observa como respaldo la Torre Eiffel.
Con todos los elementos para aprehenderlo, el empresario sacó un as -que parece será póker de ases- con el cual sorprendió al exfiscal y sus segundos.
El as se llama información.
Hasta el momento no se tiene idea de quién podría salir a la luz pública. Se habla, más no se afirma ni se confirma, que Rocha vendió armas al Ejército, la Marina y la Secretaría de Seguridad y Participación Ciudadana cuando la Guardia Nacional dependía de la institución. Se habla de las decenas de estaciones de servicio, vaya, gasolinerías, ubicadas no solamente en Nuevo León sino en Tamaulipas, en donde se encuentra el mayor número y el puerto en el que se desembarca el combustible ilegal que se introduce al país y se distribuye en decenas de ciudades.
Con la orden del juez federal, la autoridad federal, en este caso la Fiscalía General de la República, queda impedida de “echarle al guante” y Rocha Cantú podrá estar en el país. salir y regresar sin que nadie lo moleste.
¿Qué sabe, a quién vendió armas, qué jefe militar estuvo o está detrás de las adquisiciones?
Resultaría poco creíble pero no imposible de aceptar, que las armas las hayan adquirido los grupos criminales.
Pero en tiempo de la cuatroté, donde todo es bienestar y democracia, todo puede ocurrir.
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