Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
Cacería o estancamiento económico en Estados Unidos han provocado, hasta ahora, que las remesas de los connacionales disminuyeran poco más de 3 mil millones de dólares al corte de noviembre que, todavía podría elevar la cifra que, en números redondos podría representar unos 60 mil millones de pesos que no llegaron a los hogares mexicanos, aquellos básicamente rurales, en los que las remesas se convirtieron en la salvación alimentaria de millones de personas.
De acuerdo con la información del Banco de México, emitida ayer, el 99.1 % de las remesas se realizó por transferencias lo que, de entrada, desmentiría la versión de que las remesas eran uno de los canales de los criminales para lavar dinero.
Lo que sí resulta verdad es el declive de los envíos.
No hay estadística oficial del v gobierno de Estados Unidos y tampoco del mexicano, que disipen dudas y confirmen las razones por las cuales se deterioró el envío. Se presume, no es oficial, que más de un millón de mexicanos que se encontraban de manera ilegal de territorio estadounidense decidió abandonar el “sueño americano” -es pesadilla desde hace buen tiempo- y salir voluntariamente para, en su caso, regresar y no tener antecedentes que les impidan volver a ser contratados.
Otros, se estiman unos 190 mil, fueron deportados durante la cacería iniciada por la ICE por órdenes de Trump, quienes en los últimos meses estuvieron apoyados por la Guardia Nacional sobre todo en ciudades santuario como Los Angeles y Chicago, en donde mayormente se concentran los connacionales y prácticamente todos los latinoamericanos que llegan a Estados Unidos.
Según el residente de la Casa Blanca durante su primer año de gobierno su programa de deportación masiva alcanzó más de medio millón de indocumentados -de todos los países- sin que se cumpliera su meta de 2 millones en su inicio del segundo mandato.
Regresando a México, lo cierto es que la suma de recursos que no arribó por las razones que fueren, ponen en riesgo la sobrevivencia de millones de personas que, no están dentro de los 32 millones que reciben “algún programa del Bienestar” como asegura Ariadna Montiel, titular de la secretaría del ramo.
Con 60 mil o un poco más de millones de pesos, que representaría la reducción de remesas, el consumo doméstico en comunidades rurales o circunvecinas de las urbanas con mayor desarrollo, se verá afectado -de hecho, ya lo está- y los expendedores de productos procesados o en pie -chivos, borregos, cerdos, aves- tendrán menor demanda.
Con la teoría de la economía: a mayor oferta menores precios y ello altera la condición económica y humana de las familias quienes durante los últimos 7 años fueron beneficiadas por los “héroes y heroínas anónimas” y el gobierno se desentendió de ellas.
Hasta ahora, con una clara tendencia a la baja en las remesas, no se conoce programa alguno del gobierno federal o de los estatales que supla o participe en algún porcentaje que impida la reaparición de la pobreza extrema.
Sobre todo en zonas rurales, de ejidatarios o comuneros principalmente, en donde por el abandono al campo de parte del gobierno federal y de los estatales, los propietarios de las tierras -en realidad las tienen prestadas de por vida- optan por sembrar para consumo familiar lo que los deja fuera del mercado consumidor,
Sería saludable conocer la opinión de la presidenta sobre el particular, porque hasta ahora, en los once meses contabilizados por el Banco de México, no se ha hecho nada para apoyar a quienes dejaron de recibir las sumas que antes enviaban sus familiares.
Por supuesto que no es una tarea fácil saber quiénes dejaron de recibir recursos, pero de ninguna manera es imposible. Las remesas se hacen por transferencias y ahí se ubica quién envía y quien recibe.
Sin embargo, los héroes y las heroínas vuelven al pasado… son invisibilizadas,
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