Tras atacar el puerto de Mukalla alegando la descarga de armamento emiratí no autorizado, la coalición saudí exigió la salida de todas las fuerzas al mando de Abu Dabi en un plazo de 24 horas.
En una decisión que marca un punto de inflexión en el complejo panorama de la guerra en Yemen, Rashad al-Alimi, presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial (CLP) –la entidad reconocida por Arabia Saudita y sus aliados como el gobierno legítimo yemení y que busca derrocar al movimiento popular Ansar Allah del Gobierno de Yemen– anunció este martes la cancelación inmediata del acuerdo de defensa conjunto con los Emiratos Árabes Unidos (EAU).
Mediante un comunicado difundido por la agencia estatal Saba, al-Alimi ordenó a todas las fuerzas militares emiratíes abandonar el territorio yemení en un plazo máximo de 24 horas, bajo amenaza de ser consideradas “blancos legítimos”.
La medida va acompañada de la declaración de un estado de emergencia nacional por 90 días y la imposición de un embargo aéreo, marítimo y terrestre de 72 horas en todos los puertos y cruces fronterizos del país, efectivo de inmediato. El mandato instruye además a las Fuerzas del Escudo Nacional, respaldadas por Riad, a desplegarse y tomar el control de todos los campamentos militares en las estratégicas provincias de Hadramaut y Al-Mahrah, en el sur, que habían caído recientemente bajo el poder del Consejo de Transición del Sur (STC), un grupo separatista aliado de los EAU.
Horas antes del anuncio, la coalición militar liderada por Arabia Saudita ejecutó un ataque aéreo contra el puerto de Mukalla, en Hadramaut. Según el portavoz de la coalición, el objetivo era “impedir apoyo militar extranjero” al STC, después de que dos embarcaciones procedentes del puerto emiratí de Fujairah desactivaran sus sistemas de rastreo y descargaran un cargamento de armas sin autorización. Fuentes locales reportaron que los bombardeos se dirigieron a depósitos de armamento pesado, causando confusión y la huida de varios oficiales emiratíes presentes en la zona.
El conflicto en Yemen, que se desató en 2014 cuando el movimiento popular Ansar Allah (conocido como Houthis) tomó el control de la capital, Saná, y vastas regiones del norte, llevó en 2015 a la formación de una coalición internacional liderada por Arabia Saudita para restaurar al gobierno derrocado. Los Emiratos Árabes Unidos fueron un pilar fundamental en esa alianza, aportando tropas, equipo y financiamiento.
Sin embargo, desde hace años las estrategias de Riad y Abu Dabi han divergido. Mientras Arabia Saudita ha buscado primariamente contener la influencia de Ansar Allah y reinstaurar un gobierno central aliado, los EAU han concentrado sus esfuerzos en el sur, fortaleciendo a actores locales como el STC, que busca la secesión del sur de Yemen. Para los emiratíes, el control del litoral sur yemení, que bordea el estratégico estrecho de Bab al-Mandab y el mar Arábigo, es un objetivo de seguridad nacional y proyección de poder.
Esta divergencia ha creado una guerra dentro de la guerra. El STC, formalmente integrado en el CLP en 2022 como parte de un frágil acuerdo de reparto de poder patrocinado por Riad, nunca abandonó sus aspiraciones independentistas. A principios de este mes, sus fuerzas, con presunto respaldo logístico emiratí, se apoderaron de amplias zonas en Hadramaut y Al-Mahrah, acciones vistas por el CLP y Arabia Saudita como un intento secesionista que fractura aún más al país y debilita el frente común contra Ansar Allah.
Mohammed Al-Farah, miembro del buró político de Ansar Allah, había advertido días antes que las acciones del STC no representan un proyecto nacional, “sino una herramienta emiratí para fragmentar Yemen”. Acusó a los EAU de buscar convertir el sur en una “esfera de influencia” abierta a proyectos extranjeros, allanando el camino para una “presencia sionista directa” en una zona crucial para la seguridad árabe.
