Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
De manera inexplicable, envalentonado, “dueño de su parcela” -latifundio, sería lo correcto- y con el dejo de “invencible”, Ricardo Monreal Ávila enfrentó a la presidenta Sheinbaum y prácticamente le restregó en el rostro que no tiene facultades para posponer el ingreso de una ley publicada en el Diario Oficial.
Mostró “a qué clase política” pertenece. A la que tiene como distintivo la soberbia, el abuso de poder -irreal, pero cree tenerlo- y la negación de ser empleado del gobierno. Al final, la gran mentira lo acompañó.
El lunes, la presidenta mexicana expresó su desacuerdo con el impuesto que se aplicará a los videojuegos “violentos” y la respuesta del pastor ovejero en la Cámara de Diputados, fue realmente fuera de lugar: el Ejecutivo no tiene facultades para impedir el cobro.
Pareciera que es independiente, que representa a uno de los tres poderes de la desunión y que lo hecho en San Lázaro “siempre está bien hecho”.
Poco después grabó un mensaje en el que, con tono amable, el que utilizan los hipócritas, reveló que se hará la modificación en la Ley de Ingresos … a partir de iniciar el periodo ordinario de sesiones, es decir, el uno de febrero.
Entonces, en enero se pagará el impuesto. Le guste o no a la presidenta.
Los reclamos por el gravamen han sido múltiples y los especialistas en la materia afirman que no hay forma de establecer que un videojuego es violento y afecta a los menores de edad.
Es probable que tengan razón. No soy afecto a ese tipo de diversiones. Vaya, desconozco qué es un video juego amoroso, pacífico o violento.
Alguien le sopló al odio a la presidenta y su explicación -que no lo fue por lo enredada que estuvo-, la sustento que “es muy difícil definir la violencia en los videojuegos y valorar si causan efecto en quienes participan de la diversión”.
Como fuere, Monreal se tragó, literalmente, sus primeras palabras y atendió el desacuerdo presidencial. Por supuesto que debe entender que su posición no es la de un legislador de oposición y menos de un congresista libre que nada le debe al expresidente, el mentor de doña Claudia. Es todo lo contrario.
No es ocioso recordar la encuesta realizada por Morena en 2018 para elegir al candidato que buscaría ganar la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.
Protestó por no haber quedado en primer lugar y sí en cuarto. Se rebeló y anunció su salida de Morena. El enojo se manifestó con estas palabras: “triunfó la intriga palaciega al interior de este pequeño grupo, pero no de los militantes”.
Recién a su victoria como coordinadora nacional de la defensa de la Transformación, Claudia Sheinbaum, reconoció que tiene diferencias con Ricardo Monreal, sin embargo, destacó que hay algo muy fuerte que los une”.
Por lo visto las diferencias prevalecen y van en aumento.
Se trata de una pelea dispareja. La presidenta tiene el poder y lo tendrá por los siguientes cinco años, salvo que la consulta de revocación de mandato no le favorezca y si es que se realiza. Monreal acaba en 2027 su pastoreo después de nueve años. Los primeros seis en el Senado… los otros tres, en la Cámara de Diputados.
Está claro que el impuesto a los videojuegos violentos -y por supuesto todo el resto- no se aplicará, quiera o no el “señor de los cielos”. Usted sabe, le encanta viajar en helicópteros y posarlos en la explanada de San Lázaro y en su vida personal viaja en primera clase a Europa, porque, por supuesto, tiene suficiente dinero ganado con el esfuerzo de su trabajo, para pagar a el lujo.
Vaya, es totalmente palacio … no Nacional, sí de hierro.
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