El «acuerdo de prosperidad tecnológica», anunciado durante la visita de Trump, fue calificado por el primer ministro Keir Starmer como «un cambio generacional en nuestras relaciones con EEUU».
Se valoró en unos 39.000 millones de dólares y tenía como objetivo asegurar una inversión tecnológica masiva por parte de EEUU. Sin embargo, ahora se encuentra estancado en el purgatorio diplomático debido a la lentitud del Reino Unido en las negociaciones comerciales más amplias, según Financial Times.
La mayor irritación de EEUU se debe al empeño del Reino Unido en mantener el impuesto del 2% sobre los servicios digitales aplicado a las grandes empresas tecnológicas estadounidenses —que recauda alrededor de 1.000 millones de dólares anuales—, así como en sus normas de seguridad alimentaria, que vetan la exportación de determinados productos agrícolas.
Microsoft: inversión de aproximadamente 28.000 millones de dólares en el Reino Unido.
Google: compromiso de aproximadamente 6.400 millones de dólares.
La «zona de crecimiento» de IA en el noreste del Reino Unido que auguraba hasta aproximadamente 38.000 millones de dólares y 5.000 puestos de trabajo.
Grandes ambiciones en materia de IA, computación cuántica y energía nuclear.
La decisión de Washington supone un duro golpe para el Gobierno británico, que presentó el acuerdo como la joya de la corona de una ofensiva diplomática destinada a esquivar los aranceles punitivos sobre las exportaciones del Reino Unido.
A pesar de ello, en Londres intentan mantener la cara y un portavoz del Gobierno declaró que a pesar de todo, «la relación especial permanece fuerte». Sputnik
