LO QUE FUE, LO QUE PUDO SER Y LO QUE SERÁ

 

Jon Fosse. Vaim. Random House, Barcelona, 2025. 168 páginas

DAVID MARKLIMO

El monólogo interior es una de las herramientas más poderosas de la literatura moderna porque permite acceder al núcleo mismo de la conciencia humana en su estado más crudo y desordenado, sin los filtros que imponen el diálogo externo o la narración tradicional.

Al reproducir el flujo real del pensamiento —con sus repeticiones, saltos, fragmentos, vacilaciones y asociaciones inesperadas—, rompe la ilusión de una mente ordenada y revela la experiencia del tiempo psicológico, la memoria involuntaria y el conflicto entre lo que se vive y lo que se desea. Con Jon Fosse, el premio Noble noruego, este recurso convierte al lector en un intruso privilegiado dentro de la cabeza ajena, obligándolo a habitar la intimidad más incómoda y, al mismo tiempo, más universal del ser humano: esa voz que nunca calla, que se habla a sí misma, que intenta comprender lo que ya no tiene remedio.

En su nueva novela, “Vaim”, vamos a entrar en el mundo interno de Jatgeir, que nos cuenta en primera persona su travesía en barca hasta la droguería de un pueblo cercano para comprar un carrete de hilo negro y una aguja con los que coser un botón perdido. Sabe que en su pueblo probablemente no encontrará lo que busca, así que se resigna al viaje. Sin embargo, al pagar un precio que le parece abusivo, estalla en él la pregunta: ¿por qué sigue haciendo estas travesías solo para ir a la droguería? En el intento de responderse, la verdad aflora desde lo más hondo: los viajes no son por el hilo ni por la aguja. Son una excusa que él mismo se ha inventado para justificar coger la barca y viajar ahora que han empezado las vacaciones de verano y no tiene que trabajar. En el fondo, lo que busca es lo mismo que buscaba de joven cuando frecuentaba las tabernas: aquel amor adolescente, nunca declarado, por una muchacha —a la que apenas conocía y a la que jamás se atrevió a confesar nada— sigue latiendo como un espectro que lo arrastra de nuevo al mar. 

Y de pronto, una mañana lo despierta en medio de la noche: es Eline, su gran amor de juventud, que ha dejado a su marido, Frank, y quiere regresar a Vaim con él.

Con esta sencilla anécdota como punto de partida, Fosse regresa a los territorios que mejor domina: la disolución de fronteras entre recuerdo, reflexión y diálogo, y una escritura casi desprovista de puntuación que funde pasado y presente, realidad y fantasía, en un solo flujo hipnótico. El resultado es una prosa que mezcla con nitidez quirúrgica lo vivido y lo soñado, lo que fue y lo que pudo haber sido. El protagonista intenta restituir un tiempo perdido —un gesto no dado, una palabra no dicha— y, al hacerlo, convierte la nostalgia en un lamento físico, casi corpóreo, que lo persigue y lo corroe.

La novela, breve, primera parte de una trilogía, está dividida en tres secciones que cambian de narrador pero mantienen el mismo estilo obsesivo de voz interior. La primera nos sumerge en la mente de Jatgeir. La segunda ofrece una perspectiva externa que amplía y matiza lo ya contado, como si un segundo testigo contemplara la misma escena desde otro ángulo. La tercera es la más radical: los tiempos se quiebran, las voces se superponen, el lector pierde la certeza de quién habla y en qué momento, pero lejos de desorientar, esa confusión se vuelve adictiva. Uno se deja llevar porque los paralelismos, los ecos y los juegos de espejos son tan precisos que la historia se disfruta justamente por su carácter esquivo.

Estilísticamente, el gran logro de Fosse sigue siendo ese monólogo utilizado cómo técnica. La novela te atrapa y te convierte en cómplice. Los pensamientos del personaje se vuelven tan íntimos que acaban pareciendo propios; el lector no solo observa el desasosiego, lo habita. El pasado regresa siempre como fantasma, y los protagonistas intentan ajustar cuentas con él desde un estado de perplejidad y desesperación contenida. Esa mezcla de sueño y vigilia, de deseo imposible y resignación, es la marca inconfundible del noruego.

Con esta obra Fosse teje una pieza coral y caleidoscópica en la que cada voz es solo un fragmento del mismo lamento: la necesidad urgente de reparar el pasado, de reencontrarse con uno mismo, sabiendo que esa búsqueda está condenada a ser súplica más que respuesta. Queda, por supuesto, la impaciencia por leer las dos partes que completarán la trilogía y ampliarán este mosaico de ausencias y de anhelos.

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