No Entiende el Malestar Social

 

 

*En el Pasado Vivía la Templanza

en el Horno de la Obediencia

*No Comprendían “lo mal Agradecida” 

que era la Juventud 

*Los Jóvenes Anhelaban una Sociedad 

más Libre, sin Censura y en paz

*Radicales y Moderados de “Izquierda”

Coinciden en la Incomprensión  

*La Presidenta Estigmatiza con Desdén

lo que le es Posible Entender

 

POR EZEQUIEL GAYTÁN

 

Es cierto que las comparaciones son chocantes y que al hacerlo se deben cuidar las formas debido a que las proporciones y las dimensiones del fondo son diferentes. De ahí que al confrontar una época con otra hallaremos diferencias significativas. Empero también hay similitudes que nos permiten hacer algún tipo de analogía y hacer notar, por ejemplo, que son notorias las similitudes de algunos gobernantes sin importar el lugar y el tiempo cuando se trata de entender las razones de las rebeliones juveniles. 

El contexto mundial de fines de la década de los años sesenta era el de la Guerra Fría, la preocupación de los gobiernos por el desarrollo industrial y la tendencia a que las clases medias vivieran en su confort sin preocuparse de la política. Nixon, de Gaulle y Diaz Ordaz, por citar algunos ejemplos, era hombres templados en el horno de la obediencia sin chistar, la acrítica y la disciplina de herencia prusiana.  De ahí que ellos y muchos otros adultos de la época no entendían “lo mal agradecida que era la juventud”. Veían a la nueva generación con asombro, pues esperaban que se prostraran ante la clase política y les correspondieran con loas por haberse sacrificado detrás de un escritorio por ellos. Los gobernantes de esa época habían sufrido privaciones que los jóvenes desconocían y por eso les era incomprensible que ante tanto confort se manifestaran en contra de lo instituido. Pero así sucedió. 

Ese hueco o brecha generacional impedía la construcción de puentes ágiles de comunicación y la gnosis de ambas partes dificultaba la decodificación de los sentimientos, razones, argumentos y, sobre todo, la visión del futuro. Los mayores deseaban mantener lo “establecido” y los jóvenes anhelaban una sociedad más libre, sin temores, sin censura y en paz.  Léase, cíclicamente vivimos eso que Freud denominó “el malestar en la cultura” y que es el conflicto inherente entre los instintos individuales y las exigencias de la civilización. 

El arribo de Morena al poder fue debido a muchos motivos, tres de ellos fueron el compromiso de: a) ser un gobierno de resultados; b) combatir la corrupción y, c) apegarse a la triada “no robar, no mentir y no traicionar”. Tres rubros de entre muchos que ahora, a la luz de los hechos, solo fueron retórica de campaña y demagogia barata por llegar al poder y comportarse con un “quítate tú, para ponerme yo” y hasta ahí.

Me queda claro el éxito electoral de Claudia Sheinbaum fue debido a que se trató de una elección de Estado y que muchos de los programas sociales de Morena son asistencialistas. Es decir, son programas cuyo fin político es comprar votos y tener incondicionales al servicio de Morena. Pero no conozco, es cierto, las evaluaciones con valor agregado a los programas sociales. Veamos el ejemplo: “jóvenes construyendo el futuro”. Las cifras son sorprendentes cuando veo los millones de pesos que se distribuyeron entre ellos. Pero no se refleja en las cifras de asegurados del IMSS ni en las del INEGI en materia de empleos. Ergo, es un programa de subsidios, pero sin fundamentos sociológicos y carece de elementos analíticos acerca del comportamiento de la generación Zeta. Tampoco hay estudios de la Secretaría del Trabajo acerca de lo que esos jóvenes desean y lo que necesitan. La arrogancia gubernamental piensa por ellos y de ahí que Claudia Sheinbaum y su equipo se sienten traicionados, como le ocurrió al gobierno del expresidente Díaz Ordaz. 

En el equipo de Sheinbaum Pardo hay radicales y moderados; todos se dicen de izquierda. Ambas posturas han demostrado hasta el momento incomprensión ante los jóvenes. De ahí que en el fondo los desprecian, minimizan y los consideran una excepción del pueblo bueno, sabio y bien agradecido. Más aún, algunos de ellos niegan la clasificación de “Boomers”, “X”, “Y”, Millenials”, Centelianns” y “Z” pues dicen que los periodos de nacimiento y las experiencias culturales, políticas, económicas y tecnológicas compartidas no son determinísticas. Lo cual, de alguna manera, es grosso modo correcto. Pero dicha tipología no propone modelos puros, simplemente señala tipos de comportamiento diferentes entre esas generaciones. Es decir, sí hay diferencias y algunas muy marcadas.

El caso es que en el gobierno no entienden el malestar social, no entienden que ya estamos hasta la coronilla de vivir en la inseguridad, no comprenden que el asesinato de Carlos Manzo indignó a la sociedad, no dan cabida en sus cabecitas de que ya hay malestar por la forma mediante la cual la presidenta estigmatiza con desdén lo que no comprende. En fin, hay temor en el Palacio Nacional porque   consideran que los manifestantes son gente manipulada y mal agradecida. La arrogancia y petulancia de la actual clase política en el poder es tan grande que no le permite siquiera suponer que alguien los cuestione. De ahí que su propuesta fue aislarse detrás de un muro provocador. Finalmente, vino la represión y el oficialismo, en su cobardía, dijo que simplemente respondieron a la provocación. Me preocupa que el gobierno actual haya perdido piso y se ufane de ese hecho.

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