Entre el Lodo Quedó la Careta que los Llevó al Poder

NIDIA MARIN
¡Y la careta de legitimidad en la navegación, se cayó!
¡Otra vez la violencia de Estado!
Una vez más como en 1971… -émulos de los “granaderos” o paramilitares de los entonces “Halcones” disfrazados de policías-, agreden a una manifestación, en este caso no sólo de estudiantes de cientos o miles de escuelas, sino de ciudadanos pertenecientes o no a partidos políticos.
Aquella vez, el gobierno de Luis Echeverría quedó marcado de por vida por el llamado “Halconazo”. Hoy, la primera mujer presidente de México, de la mano del que mece la cuna, y la tercera fémina que gobierna la capital de la república, llevarán a cuestas, de por vida, los sangrientos hechos que ensombrecen los mandatos para siempre, al ser calificados como represores.
Así pasarán a la historia, mientras la mano que mece la cuna continuará, como muchos otros en el pasado de México, en la búsqueda de un segundo mandato y pasándose la Constitución (artículo 83 que prohíbe la reelección) por el arco del triunfo o… adiestrando a un nuevo polichinela para seguir moviendo los cordones.
Sea a través de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México o de fuerzas militares federales -o de ambos- los del uniforme que actuaron el pasado 15 de noviembre contra los manifestantes dejaron marcados para siempre a los gobiernos que dieron la orden: el nacional y el de la capital del país.
Hoy pues, el gobierno vuelve a las andadas que se tradujeron en tanto descrédito y desprecio para los políticos y para los “granaderos”, al grado que aquel apodo llegó a utilizarse con desprecio.
Claro, dirán que no eran granaderos.
¡Pero como se parecían!
Estaban super preparados para agredir, lo mismo a los casi niños, a unos cuantos adultos mayores, así como a una mayoría de jóvenes en plenitud que, unidos con las agrupaciones de las entidades como la actual de “El Sombrero”, abarrotaron el Paseo de la Reforma y el sangriento zócalo.
Y como en tiempos pasados, hoy también pretendieron minimizar la asistencia, al señalar que eran tan sólo 17,000, mientras que los cálculos reales hablaban de 60,000 a 70,000 personas.
Preparados, sin armas de fuego, pero listos hasta los dientes para proporcionar mordidas (reales), patadas entre tres o cuatro contra un jovencito ya tirado en el suelo; toletazos a diestra y siniestra, así como insultos y mentadas, los estrenados “granaderos”, de la actual administración, dejaron constancia de lo que es la represión ordenada por ella desde la cuna del profesor en Tabasco y desde casa de “La Chingada”, sin olvidar el antiguo Palacio del Ayuntamiento en la capital del país.
Hoy como ayer, efectivamente, no es lo que gritan en las marchas, como la más reciente, lo que debilita a un gobierno sino las acciones ordenadas desde la cúpula contra los gobernados, contra los marchistas, lo que simplemente se denominan represión y en esta ocasión proporcionaron un incunable: el derribo de las murallas de acero y el camuflaje de los demonios vestidos de azul, quienes a patada limpia, con toletes y lo que fuera cumplieron con la orden oficial de impedir la manifestación en el Zócalo de la Ciudad de México, el sitio de todos los mexicanos.
Hoy queda claro…
-Que ante la complejidad del asunto es mejor huir a la tierra de su titiritero y estar cerca de… el carajo
-Que en los hechos quedaron exhibidos: el amurallamiento de un gobierno, la sanguinaria represión a cargo de la “Cuatro T” y su incapacidad para gobernar un país como México
-El tácito fracaso de una administración manejada por vez primera por una fémina que baila al son que le toquen, mientras el titiritero manipula la cruceta de control para que las cuerdas o hilos muevan sobre todo la boca de la muñeca…
Y había pretexto ya que, como en un teatro de sombras, ya fuera en Tabasco o desde Chiapas, el manipulador utilizó todas las argucias y maldades para detener el éxito de una marcha que concluyó con sangre derramada, aunque… “¡la Cuatro T no reprime!”.
¡No, sólo castiga por ser libre!
Como dice la canción “Gobiernos Pro-caces”, con letra de “La Pastilla del Abuelo”:
“Yo los llamo los gobiernos pro-caces / Cortan el presupuesto de los maestros / Nombran ministro a un funcionario represor / Manejan la ciudad (o el país) como un club de futbol / Confunden represión con educación.
“Yo los llamo los gobiernos pro-caces”.

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