Sergio “Checo” Pérez volvió a subirse a un monoplaza de Fórmula 1 en el mítico circuito de Imola, esta vez piloteando un Ferrari SF-23 como parte de los test para su próximo equipo, Cadillac.
El auto que utilizó fue pintado completamente en negro, un diseño particular para la sesión, mientras se preparaba el equipo estadounidense para su debut en la F1 en 2026. Además del regreso a pista, Checo tuvo la oportunidad de trabajar estrechamente con ingenieros y mecánicos, reforzando la comunicación interna que será clave para la nueva escudería.
Sobre cómo vivió la experiencia, el piloto mexicano comentó con humor: “Tengo curiosidad por descubrir cuántas vueltas aguantará mi cuello antes de que se destruya”, reconociendo el esfuerzo físico que implica volver a competir tras meses fuera.
También compartió una selfie tras las pruebas con una sonrisa, acompañada por un mensaje claro: “Feliz de ser piloto de nuevo”, y agregó con tono relajado: “Y mi cuello sobrevivió”.
Para él, esta prueba no solo marcó su retorno, sino también un momento de reconstrucción del equipo y de su propia preparación física y mental para los nuevos retos que vienen.
