SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS
Por razones familiares, por razones estudiantiles y por razones laborales, mi relación con la Universidad Nacional Autónoma de México ha sido muy larga, profunda y de compromiso con lo que ella representa. He participado de sus problemas y como hace años dijera el doctor José Luis Soberanes, cuando le lanzaron una pregunta capciosa respecto a sus afinidades partidistas, respondió muy seriamente para los conocedores y para la gente educada: “Soy puma.”
La Universidad Nacional ha tenido sus enemigos desde los tiempos de la post Revolución Mexicana, ya que los líderes político-culturales de ésta la vieron como un nido del pensamiento conservador que se oponía a la visión educativa revolucionaria. Por ello, amén de otros problemas, en los años de 1920’s se le otorgó la autonomía que, racionalmente por unos y otros, se refería al diseño de sus planes educativos, al nombramiento y gestión de sus directivos y al asunto problemático de sus finanzas. Así de simple y de reducido. No era extraterritorialidad, no era autarquía, pero con el paso del siglo XX y XXI, la autonomía ha sido un asunto que, mal visto y peor ejercido, ha servido para que las autoridades universitarias, autoridades del gobierno federal, sindicatos y hoy agregaríamos crimen organizado, utilicen a la UNAM para un rosario de acciones oscuras, egoístas y malintencionadas, que han terminado por lastimar la vida. Y no es exagerado cuando hablo de su existencia vital, de miles de estudiantes que han visto truncada su formación universitaria. Cuando ahora, en el 2025, se lleva más de dos meses de ilegal paro en Facultades como Filosofía, Arquitectura o Ciencias Políticas, el alumno y los padres de familia piensan, con razón: ¿qué caso tiene que asista mi hijo o hija a una institución que no está funcionando cabalmente? Quiero aclararle a los estimables lectores que, a pesar de los actuales e ilegales paros, la UNAM sigue funcionando en todo su sistema de investigación humanística y científica, en sus actividades de difusión cultural, de gestión administrativa, bibliotecaria etc. Lo que está en paro son dependencias escolares tomadas por encapuchados vestidos de negro, que han desconocido las asambleas de genuinos estudiantes que votaron por el retorno a clases. Estos individuos vestidos de negro son tan anónimos como los que han violentado las marchas feministas, de los 43, etcétera: ¡PERO ES INCREIBLE QUE EL GOBIERNO MEXICANO NO SEPA QUIÉNES LOS DIRIGEN!
En otra lectura, desde el tiempo del movimiento del Consejo Estudiantil Universitario (CEU, fines de los años 1980s) donde la actual presidenta Claudia Sheinbaum era participante, el Consejo abogó entre otras cosas porque la UNAM abriera sus puertas a todo el estudiantado que quisiera ingresar a la universidad, con o sin las calificaciones académicas para hacerlo. Se lo dijimos en aquellos años y lo digo hoy en el 2025, a propósito de una foto donde Sheinbaum platica con el rector Lomelí en una reunión de la ANUIES: ni en la Cuba comunista, ni en la China del postcomunismo económico, ni en el sistema universitario de Inglaterra o Estados Unidos, ni en Argentina o Chile, la entrada a sus universidades públicas y menos privadas está impedida: NO ES UNIVERSAL. La presidenta lo sabe, porque ha sido integrante del personal académico de la institución, lo sabe porque ha sido posgraduada en Berkeley, lo sabe por simple lógica del sistema educativo mexicano. Pero las presiones desde el tiempo del CEU hasta la actualidad para que la UNAM se abra a todo y a todos se han materializado en huelgas, paros ilegales, amenazas a su gobierno interno y demás lindezas cuyo último resultado debilitó a la UNAM y fortaleció al sistema de universidades privadas con un rosario de altas y no tan altas colegiaturas: ¿hay mano negra en ello? ¿es lo que han querido los gobiernos mexicanos neoliberales (?) desde hace cuarenta años y hoy MORENA quiere lo mismo?
Siempre ha existido la sospecha que desaparecer la UNAM sería un negocio pingüe para muchos empresarios mexicanos y órdenes religiosas con intereses educativos, como aquella que se ha destacado por los escándalos sexuales de sus fundadores, donde se presumía que habían logrado colocar en la UNAM funcionarios para que “la tronaran desde adentro”.
Finalmente, debe hacerse una autoreflexión al interior de la Universidad Nacional y sus integrantes. Es cierto, que en su vida diaria existe un “establishment” en sus autoridades que muchas veces es ciego, sordo y voraz. Debe hacerse una reforma en los métodos como se eligen a sus autoridades: la forma en que se compone la Junta de Gobierno es lo más a propósito para perpetuar élites, muchas veces la Junta se equivoca y sus malas decisiones causan que diversas dependencias universitarias sufran a sus directores por hasta ocho años, perjudicando la existencia y convivencia al interior de dichas facultades, institutos, centros y administración central. ¡¡En la práctica, la Junta de Gobierno, por sus malas decisiones, puede ser más peligrosa que el CEU!!
Otro gran problema, que aclaro, a mí nunca me ha tocado como estudiante o académico, es el ausentismo de mucha gente en su planta docente y de investigación. Sin embargo, es una queja que yo he visto en reportes desde el nivel de la Escuela Nacional Preparatoria hasta el cuchicheo de pasillo sobre el ausentismo de investigadores “de tiempo completo” (sic).
En la UNAM, desde años atrás se ha venido implementando una mejor racionalidad en el uso de su presupuesto anual, porque hubo excesos como pisos de abedul blanco importado de Escandinavia para la oficina de un funcionario, el agua Perrier que siempre consumía otro, hasta el extremo opuesto de comprar varias veces el mismo objeto, de distinto modelo, pero utilizados en la misma dependencia.
Me parece que los problemas arriba señalados, los oscuros afanes relatados someramente, las corruptelas que apenas si son apuntadas son, al final de cuentas, enemigos formidables que tienden a que pueda considerarse eliminar a la UNAM, tal y como existe.
La Universidad debe ser reformada en su funcionamiento diario, debe ser precisada en muchas de sus decisiones internas, pero, como se dijo al inicio de estas líneas. El espíritu “puma” debe obligarnos, a los universitarios de corazón, a defenderla con nuestro trabajo y yo diría además, con acciones de protesta como las que pueden llevar a cabo y concertadamente las asociaciones, sindicatos y agrupaciones de universitarios que les interese la buena salud de la UNAM: la ha estado haciendo la sociedad civil frente a los problemas cotidianos en México.
