*El Cerebro Humano Creció Debido al
Ensanchamiento del Vocabulario
*IA y Tecnología, Reducen las Palabras
en la Nueva Generación Humana
*Congresistas Mexicanos Degradan los
Vocablos “Porque así Hablamos”
*No Solamente es Pobreza de Léxico,
También lo es de Conocimientos
POR EZEQUIEL GAYTÁN
El cerebro humano es cuatro veces más grande que el de los chimpancés y su crecimiento se debió, de entre todos los homínidos, en buena medida debido al desarrollo del vocabulario y el lenguaje conceptual, también a la necesidad de resolver problemas y sobrevivir como especie, a los asuntos de la dieta y la cocina, a la complejidad del entorno y al desarrollo de habilidades sociales y tecnológicas. En pocas palabras fue una evolución de millones de años en los cuales aumentó la corteza cerebral, con lo cual se incrementó significativamente el número de neuronas y se reorganizaron los tejidos y circuitos. Fue un desarrollo superior y más rápido que el resto del cuerpo humano, por eso las mujeres de nuestra especie paren con dolor. Es decir, la progresiva encefalización es desproporcional a la anchura de sus caderas.
El párrafo anterior es importante para fines de este artículo ya que todos los estudios que he encontrado en materia de antropología física coinciden en sostener que el cerebro humano creció debido al ensanchamiento del vocabulario. De ahí la importancia de ampliar permanente y sistemáticamente nuestro léxico, ya sea mediante la lectura o el estudio o el aprendizaje. También he leído artículos médicos, antropológicos y sociológicos que señalan con preocupación la disminución del uso diario del vocabulario y el bajo entendimiento de las palabras en grupos de jóvenes y algunos adultos. De alguna manera pareciera tratarse de alguna contradicción, pues los tecnicismos son palabras nuevas que, en efecto, adaptamos, pero las digerimos en contextos específicos y no les damos valor agregado en las conversaciones. Más aún, hay estudios de que los mexicanos, en promedio, utilizan entre 500 y 600 palabras en un día. Dichos estudios dicen que quienes tienen algún oficio o profesión amplían su vocabulario a 1000 o 1500 palabras en un día, Posteriormente siguen especialidades como las ciencias de la salud cuyo ejercicio hace que esos expertos utilicen alrededor de 1600 o 1700 palabras. Por supuesto, que hay gente que en un día laboral utiliza poco más de 2000 palabras, lo cual representa una distancia de comunicación con un mexicano de la media aritmética.
La falta de un vocabulario amplio no reducirá el tamaño del cerebro humano en los próximos cientos de años y tampoco se atrofiarán las neuronas con las que nacimos. Simplemente se vislumbra una generación que, en lo general, compactará sus sentimientos en imágenes de emoticonos y memes y realizará los análisis e interpretaciones acerca de la realidad delegando el trabajo a la inteligencia artificial. Léase, serán generaciones pragmáticas y eficaces en muchos sentidos, pero de bajo número de palabras.
Por supuesto que existirán poetas, escritores, científicos, creadores y artistas, así como intelectuales con profunda capacidad analítica. Pero la mayoría de la población tenderá a apoyarse en las computadoras y a una vida simplificada tecnológicamente. Por eso no me alarma que muchos jóvenes desaprovechen el cerebro humano desde el punto de vista de las ideas, la abstracción, la percepción y lo surrealista. Ellos tendrán su oportunidad y sabrán darles cueces. Después de todo es falso, ya se sabe, que sólo utilizamos el 10% del cerebro.
Lo que me preocupa es que muchos de los representantes populares mexicanos (diputados y senadores) se expresen en las máximas tribunas de la nación como adolescentes que no van más allá de las 500 palabras. Peor aún, utilizan la palabra “chingar” en sus múltiples acepciones y no se preocupan por ser precisos, concisos y claros. Argumentan que así hablamos los mexicanos y por eso pueden recurrir a ese soez lenguaje. De hecho, me recuerdan a los paleros de las películas de Tin-Tán y de Chaflán con expresiones tales como “pásame la esa de la esa” y la respuesta era “¿la que está arriba de la esta?” y así sucesivamente. De ahí el chiste popular que “los diputados y senadores son bineuronales: con una comen y con la otra duermen”.
Ser representante popular es un honor y un privilegio. Por lo que es una exigencia popular que se esmeren por expresar lo mejor de lo que somos, redacten leyes justas y no confundan pueblo con vulgo. Pero la realidad es que cuando leo versiones estenográficas de los debates o escucho en algunos noticieros las expresiones de algunos diputados y senadores me pregunto si acaso ya concluyó la evolución del cerebro humano. Por supuesto que la respuesta es no. Sin embargo, las vulgaridades toscas y rusticas de sus expresiones y comportamientos abyectos y aduladores me llevan a pensar que tal vez sí. En fin, aún hay mucho que estudiar acera del maravilloso mundo del cerebro humano y de algunos de los representantes populares mexicanos.
