Brasil pide impulsar una transición energética justa y equitativa en la Cumbre del Clima

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, destacó la «responsabilidad histórica» de los países industrializados en la crisis climática, argumentando que las corporaciones beneficiadas por los combustibles fósiles son las que deben financiar la transición hacia energías limpias.

La Cumbre del Clima en Belém, Brasil, celebra su segundo día este viernes 7 de noviembre, centrándose en la transición energética y la revisión de los compromisos del Acuerdo de París, el cual celebrará su décimo aniversario este 2025.

Los debates sobre dicho acuerdo buscan establecer la velocidad de la descarbonización global, evaluando el progreso de los países en la sustitución de combustibles fósiles por fuentes de energía más limpias y sostenibles.

En su discurso durante esta segunda jornada, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, exigió el compromiso financiero de las naciones desarrolladas y las corporaciones petroleras para costear una transición energética «justa, ordenada y equitativa».

Lula da Silva subrayó la «responsabilidad histórica» de las naciones industrializadas en la crisis climática, señalando que las corporaciones que se han beneficiado de los combustibles fósiles son quienes deben financiar el cambio hacia energías limpias.

El mandatario brasileño denunció las contradicciones del sistema financiero global, que en 2024 registró un nuevo récord de emisiones de carbono, mientras los 65 principales bancos del mundo destinaron USD 869 mil millones de dólares al sector de petróleo y gas.

Adicionalmente, criticó que se gaste el doble en armamento que en acción climática, calificándolo como una acción que «pavimenta el camino para el apocalipsis«. Lula insistió en que el planeta «no aguanta más» el actual modelo basado en combustibles fósiles y enfatizó la urgencia de combatir la pobreza energética que afecta a millones de personas en el Sur Global.

Para demostrar un camino viable, destacó la matriz eléctrica de Brasil, que proviene en un 90 por ciento de fuentes limpias. Para el futuro, propuso un mapa de acción que incluye triplicar la energía renovable para 2030, poner fin a la pobreza energética y cuadruplicar el uso de combustibles sostenibles para 2035, concluyendo que las decisiones actuales definirán si el siglo XXI será recordado como el de la «catástrofe climática o el momento de la reconstrucción inteligente».

En paralelo a las mesas de debate oficiales, representantes de pueblos indígenas, comunidades de resistencia negra y pescadores se manifestaron en el exterior para demandar que los recursos se destinen directamente a quienes preservan la selva, reclamando que «no puede haber ningún proyecto destinado a nuestros territorios sin contar con quienes vivimos en ellos«.

Como primer resultado tangible del evento, el jueves 6 de noviembre se anunció la creación del Fondo Selvas Tropicales para Siempre (TFFF), un mecanismo híbrido público-privado liderado por Brasil. El fondo ya ha recibido apoyo con la ratificación de 53 países y compromisos iniciales que superan los USD 5.5 mil millones de dólares, incluyendo montos significativos de Noruega (USD 3 mil millones) y Brasil e Indonesia (USD 1 mil millones cada uno).

La atención de la jornada está puesta en la posible contribución de Alemania, cuyo anuncio se espera tras la reunión bilateral de su canciller con el mandatario brasileño. El TFFF se presenta como un hito financiero con el potencial de movilizar USD 125 mil millones, utilizando las ganancias de las inversiones para recompensar a los países por la conservación de sus bosques.

Además, destinará un mínimo del 20 por ciento de sus recursos a los pueblos indígenas y comunidades locales, reconociendo su labor. Pese al entusiasmo por la capitalización inicial, el TFFF enfrenta críticas. El Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y Greenpeace Brasil han expresado cautela. El MST lo ve como una «ofensiva más del capital» y una solución de mercado que no ataca las causas estructurales de la deforestación.

Por su parte, Greenpeace alerta sobre la deficiencia en el monitoreo del fondo, que podría pasar por alto la degradación causada por la tala selectiva al centrarse solo en cicatrices de incendios, y pide que se garantice que los pagos a las comunidades forestales sean equitativos y oportunos.

A pesar de estas controversias, el presidente Lula da Silva reafirmó que las decisiones sobre el sector energético y la protección de los bosques tropicales serán determinantes en la lucha global contra la crisis climática.

La Cumbre del Clima de Belém inició el jueves seis de octubre. Este encuentro internacional reúne a jefes de Estado y de Gobierno, ministros y dirigentes de organismos internacionales, quienes debaten los principales desafíos y compromisos en la lucha contra el cambio climático.

Convocada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, la Cumbre constituye un hito central en el proceso de movilización y diálogo internacional sobre la agenda climática. Inmediatamente después de la Cumbre tendrá lugar la 30.ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), del 10 al 21 de noviembre, también en Belém.

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