En Brazos del Narcotráfico y la  Ilegalidad y sin Esperanzas

IVÁN RUIZ FLORES

¿Acaso somos la Cosa Nostra Rediviva? 

Si no es así, el parecido es asombroso. 

México está viviendo lo que en otras naciones, como Italia y el propio Estados Unidos, lograron erradicar o por lo menos controlar hace años: ¡la maffia!

Ésta, la mexicana, la verde, blanco y rojo, saltó a la palestra durante el sexenio pasado y se exhibe a diestra y siniestra en el actual, aunque como dice el dicho “de casta le viene al galgo…”

La ítalo-estadounidense surgida con la llegada de inmigrantes de la bota europea a Estados Unidos, se expandió y como crimen organizado aprovechó la Ley Seca para obtener poder y dinero. Hoy, anciana y mermada desde los años 70 por los gobiernos en turno, sigue presente en algunas actividades, mientras la “era de la prohibición” es sólo un recuerdo.

En el siglo XXI en México ¡Vaya ironía! las “famiglias messicanas” asoman en la política (y también en actos abusivos, dilapidando recursos en el extranjero y adquiriendo costosísimas joyas), vía los integrantes de las mismas. 

Son grupos de padres, hijos, hermanos, esposas que con su forma de actuar han estado afectando a México, al que hoy en el extranjero se le califica como “narcoestado”, debido a la penetración del crimen organizado en las filas gubernamentales.

El escándalo de los legisladores y políticos viajeros, así como las casas adquiridas en la ilegalidad, además de los recientes hechos sobre integrantes de la Secretaría de Marina pareciera que reconfirman todo el planteamiento hecho por Donald Trump ante los medios de comunicación y los realizados por el secretario de Estado, Marco Rubio, en su reciente visita a México.

TOMAR EL EJEMPLO

EN LA REPÚBLICA 

En nuestros rumbos, tal vez sería conveniente que se tomaran ejemplos de lo realizado por las autoridades italianas contra los mafiosos, al implementar estrategias que incluyen: la colaboración de informantes, la confiscación y reutilización de bienes, el uso de tecnología para interceptar comunicaciones, operaciones policiales masivas para desmantelar clanes, la creación de estructuras de coordinación como el Consejo General contra el Crimen Organizado, y la aplicación de leyes específicas como el régimen de cárcel dura para los mafiosos.

Tal vez en México las autoridades ya estén llevando a cabo algunas de estas posibilidades, ya que los testimonios de los “arrepentidos” han funcionado para obtener pruebas (pocas, es cierto) y para desmantelar estructuras, lo cual está ocurriendo en estos días.

En el horizonte cercano, además, se observa la confiscación y reutilización de bienes de los mafiosos para combatirlos con sus propios recursos y reutilizarlos en las zonas del país más afectadas.

El espionaje contra esos grupos, ha sido también fundamental de parte de las autoridades, ya que al escuchar las conversaciones y ejercer vigilancia sobre dichas personas se traduce en beneficio para la aplicación de la ley.

Los expertos en la materia consideran que en México deberían efectuarse operativos coordinados en contra de esos grupos (existen desde que llegó Harfuch).

Ojalá en México se realice algo similar a lo que hacen en Italia, donde en casos de bienes de origen ilícito, se ha invertido la carga de la prueba, haciendo que el acusado sea quien deba demostrar la procedencia lícita de sus bienes. 

Además, en aquella nación se ha trabajado arduamente en restituir la confianza de los ciudadanos en el gobierno, mediante la aplicación de políticas y la participación de la sociedad en la lucha contra la mafia.

México, hoy descalabrado por los hechos que involucran a los gobiernos de ayer y de hoy, a través de sus gobernantes, debería reflexionar en que las causas del crimen son diversas, pero que es una gran verdad sobre una relación entre la inseguridad y el diseño, planificación y gestión urbana deficientes.

Tristemente, nuestro país está catalogado -junto con Afganistán, Myanmar y Siria- como el que concentra la fabricación mundial a gran escala de drogas sintéticas.

Si antes se consideraba un insulto el que se dijera que México es un narcoestado, hoy no hay argumentos para defenderlo.

La definición de narcoestado: 

Se caracteriza por la penetración generalizada de las instituciones legítimas (gobierno, economía, justicia) por la riqueza y el poder del narcotráfico ilegal. 

“Además, por la capacidad de generar un reto multidimensional para el gobierno y la sociedad, la financiación de actividades criminales diversas con la riqueza de las drogas y la infiltración de estructuras estatales por parte de organizaciones ilícitas con alto grado de sofisticación”.

Y cuáles son las características principales de un narco estado de acuerdo a los especialistas: 

Primero, las instituciones legítimas del estado se ven corrompidas y cooptadas por el poder y la riqueza del narcotráfico, perdiendo su autonomía y función.

Además, las organizaciones de narcotraficantes (cárteles o mafias) ejercen una influencia significativa en la política, economía y sociedad, operando con altos niveles de sofisticación.

Y para que se tome en cuenta: El narcotráfico crea retos económicos, políticos y sociales complejos para el gobierno, que abarca aspectos como la violencia, la corrupción y la inestabilidad.

Asimismo, la economía del país se ve influenciada y a menudo dominada por las actividades ilícitas de la producción, distribución y venta de drogas, lo que financia otras actividades criminales.

También, los narcoestados suelen estar asociados con altos niveles de violencia e intimidación, ya que el control de los mercados de drogas y el territorio requiere el uso de la fuerza y la compra de favores.

Por si fuera poco (y ya lo estamos viviendo) más allá de las drogas, las organizaciones involucradas en narcoestados participan en el tráfico de armas, la trata de personas y el tráfico de órganos, diversificando sus fuentes de ingresos y poder. 

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