Los Aguaceros en la Ciudad de México

Por Silvestre Villegas Revueltas

El presente texto se escribe cuando afuera de mi hogar sucede un aguacero persistente, el cual forma parte de una noche que el Servicio Meteorológico Nacional ha advertido como de lluvias muy fuertes y peligrosas para el Valle de México. La de hoy sigue un patrón de precipitaciones pluviales que lleva meses de persistencia y ha cambiado radicalmente la fisonomía del país visto desde los satélites espaciales que toman fotografías y videos de lo mucho que sucede en el planeta; en el caso que nos referimos es la imagen de la república en abril del presente año y la que luego se muestra durante julio. En la primera se nota un país en plena sequía, salvo algunas regiones del sureste mexicano, y en la segunda ofrece una república de colores verdes producto de las profusas lluvias de la temporada.

Las lluvias son percibidas de distinta manera por los pobladores en las distintas regiones del país: en Sonora y Chihuahua rezan porque la sequía se acabe dado que prácticamente no ha llovido. En cambio, estados como Morelos, Puebla, Oaxaca donde la lluvia persistente ha llegado desde hace un par de meses mejoró la siembra y hoy pueden observarse en las diversas carreteras que el campo mexicano en tales zonas geográficas presagia buenas cosechas. Ya hoy pueden conseguirse magníficos limones, piñas, granadas y el maíz está a un mes de que comience a  ser cosechado, se le venda o bien se le utilice en zonas rurales para preparar guisos de la temporada (otoño), que es la mejor época para visitar turísticamente la república.

En otro sentido, las lluvias se padecen el día de hoy por los pobladores de las diversas ciudades en la república y en particular por el sufrido capitalino de la Ciudad de México. ¿Quién no ha visto los videos de lo que ha sucedido con los torrenciales aguaceros? Hace unos cuantos días, la histórica tormenta inundó el aeropuerto Benito Juárez, hospitales, la catedral metropolitana, inmuebles comerciales y casas habitación. La avenida Zaragoza se convirtió en diversas secciones, en una serie sucesiva de lagunas intransitables y por lo menos dos socavones. Yo venía de Puebla, tomé dicha avenida y me pude percatar como, muy de pronto, las nubes tomaron forma y color que presagiaba un tormentón. La libré pero muchos no. Las imágenes de automovilistas, peatones, camiones del servicio público aquí y en poblaciones de los estados de Hidalgo, Edomex, Guanajuato muestran corrientes de agua que se asemejan a ríos, individuos que al caminar lo hacen con mucho cuidado porque caer en una alcantarilla sin tapa es mortal, amén de las siempre imágenes de enceres de casa echados a perder por las lluvias torrenciales. Desde hace años, parientes que tengo en el sur de Veracruz ya tienen su cayuco porque saben que, anualmente habrá días con calles y avenidas totalmente inundadas; el cayuco o una lancha de remos o a motor se convierte en el medio de transporte más efectivo.       

Debe ser recordado que así como no se puede manejar la trayectoria e intensidad de un potente huracán como los que de años atrás ha sufrido el puerto de Acapulco, sí hay estrategias para que hoy en el Valle de México se lidie de mejor manera con los potentes aguaceros. Lo primero es recordar que contrario a la leyenda victoriosa de los aztecas, a éstos, los pueblos de la ribera de los lagos del Anáhuac les dieron el peor islote de la comarca. Luego vino la construcción de Tenochtitlán que fue finalmente sustituida por la por la Noble y Leal Ciudad de México. Desde hace más de quinientos años la ciudad ha sufrido inundaciones de todo tipo: desde las molestas hasta las catastróficas. Las crónicas novohispanas dan cuenta de ellas, las fotografías de la primera mitad del siglo XX no dejan lugar a duda y me acuerdo de cuando se inauguraron con bombo y platillo las obras del Drenaje Profundo para la Ciudad de México. Ductos que ahora ya no funcionan tan bien porque la ciudad se ha ido hundiendo debido a las múltiples construcciones en la urbe y porque sacamos más agua de lo conveniente del subsuelo entre otras razones. No hace poco, el equipo de buzos de la CDMX señaló que durante sus trabajos de desazolve donde han encontrado de todo, desde cuerpos humanos hasta automóviles, ahora se habían topado con un nuevo tipo de basura: un tapón compuesto de bolsitas de plástico y cacas de animales domésticos. Su mezcla producía un tipo de pegamento que solo con cargas de dinamita lograron deshacerlo. ¿A quién culpar? A la incivilidad que priva entre los mexicanos. En fin, hay que aguantar, el problema es centenario y no echar maldiciones porque lo contrario fue el 2024, caracterizado por mucho calor, poca agua y crisis en el sistema del Cutzamala.          

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