Echándose al Plato A los Expresidentes

NIDIA MARIN

Y “La Hormiga” cobra venganza. Por eso se echó al plato a uno de “Los Pinos”. Sí, de las decenas de árboles que cubren el sitio que fuera la residencia oficial de 14 presidentes de la República, desde Lázaro Cárdenas del Río hasta Enrique Peña Nieto, uno quedó bapuleado…en el pasto.

El pleito fue entre el equipo de insectos de castas especializadas, es decir entre las reinas, obreras, soldados de estos himenópteros y las múltiples coníferas sembradas en la hacienda por su original propietario, el doctor José Manuel de Pablo Martínez del Río, quien lo nombró rancho “La Hormiga”, convertido después en hacienda.

Por 25,000 pesos, este médico adquirió en 1853 aquellas tierras, muy cercanas al Castillo de Chapultepec, por cierto, edificado como casa de descanso (entre 1785 y 1787) por órdenes del virrey de la Nueva España, Bernardo de Gálvez y después ocupado por otro de alto rango: Maximiliano de Habsburgo, aunque le cambió el nombre por el de “Castillo de Miravalle”. 

Y sí, desde sus alturas se mira nuestro hermoso Valle de México. 

Por esos lugares, pues, rifaban, los cetros y las coronas, por lo que “El Tata” Lázaro decidió que el rumbo no cantaba mal las rancheras y ordenó que se le cambiara el chicote de cuero para arrear. 

Y surgieron “Los Pinos” o como les llama el pueblo “Los Pinoles”, al tiempo del arribo de las cruzadas bandas presidenciales.

¿Y “Las Sillas del Águila”? 

Sólo cuando se ofrecía, porque por lo regular usaban sillas con tejido de tule o de palma o de las modernas afelpadas…

Ciertamente, la siembra diversa en aquellas tierras convertidas en hacienda siempre estuvo cercana al poder, aunque como dice la canción “Vino el viento y nos alevantó…” 

Y en los actuales revueltos tiempos políticos, ellos (o sus morenos habitantes), es decir las hormigas y los oyameles, pinos, abetos, cipreses, cedros y secuoyas se echaron varios “volados” para ver quién de los ilustres residentes eternizados en estatuas, visitaría aquel suelo sagrado de la historia mexicana del siglo XX y de las dos primeras décadas del XXI.

¡Ganó Calderón! Así que, un largo y flaco pinillo, de follaje afilado, fácil de manipular por los humanos, durante el tiempo de aguas, en una severa tormenta, le dio un guamazo a don Felipe de bronce, por lo que la efigie será restaurada.

Se teme que, en ese trayecto de reparación, el michoacano se encuentre con los cubanos, (primos del “huevo Garcés”, sí sentados) Fidel y “El Che”, esperando, una vez más, la gloria que se les fue… y no en México, sino en su atribulada tierra. 

Por cierto, Calderón fue el penúltimo en habitarla, ya que después de Cárdenas ahí vivirían muchas “Chuchas Cuereras” de la Política, como: Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán Valdés, Adolfo Ruiz Cortines, su tocayo Adolfo López Mateos, “El Fuchi” Gustavo Díaz Ordaz, Luís Echeverría Álvarez; José López Portillo; Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quezada, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Y… como dice la canción “Adiós Nicanor, sé muy bien que no vas a volver…”

No, porque eso ya no se usa. Las casonas ya no rifan en México, aunque quien le dio la puntilla a “Los Pinos” desde 2018, fue el mandamás (que sigue dando lata, hasta que la doña decida o… la muerte los separe).

Mientras tanto, los 14 presidentes anteriores, seguramente entre bilis, a veces conversan de estatua a estatua sobre los escasos éxitos y las múltiples “regadas” presidenciales y… como muchos son de las ideas de que acabe el “necesariato” de López (palabra que el mismo acuñó para definir aquello de no ser indispensable para los mexicanos al señalar, en otros tiempos, que al fin de su mandato se retiraría).

¡De lengua me como un plato!, decimos en México.

Como fuere, la primera estatua a la que le pintaron un finger antes de derribarla, fue la del prócer tabasqueño. Sí la demolieron, la decapitaron al tiempo que lo mandaban a su rancho. Los de Atlacomulco no aguantaron el ultraje y en diciembre de 2021 ¡púmbale!, a sólo tres días después de haber sido colocada en el pedestal. Cortaron su cabeza de piedra caliza, como el cerebro del modelo.

Queda claro que, sus contrapartes, no lo aceptaron en la añosa residencia. ¡Más vale que no porque al lugar le caería el chahuistle, ese hongo que seca todo lo que toca! 

Tal como en su mandato dejó económicamente reseco a México.

Y como dice la canción de Manuel Esperón y Pedro de Urdimalas, cantada por Pedo Infante y Jorge Negrete:

Cierto alacrán de carroña / Un colmenar visitaba / Para ver si la ponzoña / Con la miel se le quitaba.

“Como no será lo bueno / Para placer del malvado/ Con la miel y su veneno / Ahí anda el pobre purgado.

“Que lo entienda, quien lo entienda / Si es que lo sabe entender / Y si acaso no lo entiende / Hay que obligarlo a entender”.

 

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