Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
Vicente Fox disfrutó las mieles y las hieles de asistir al salón de plenos de la Cámara de Diputados, convertido en sede del Congreso de la Unión, en cinco ocasiones y la sexta visita solamente duro un minuto 43 segundos. Los congresistas no lo dejaron ingresar y entregó su informe por escrito.
Han pasado 19 años y la afirmación de la nueva presidenta mexicana de no tener considerado acudir al Congreso de la Unión a rendir su primer informe, genera preocupación.
E primer lugar, porque el artículo 69 establece en su primer párrafo: En la apertura de Sesiones Ordinarias del Primer Periodo de cada año de ejercicio del Congreso, el Presidente de la República presentará un informe por escrito, en el que manifieste el estado general que guarda la administración pública del país.
En segundo, porque no está estipulado en la Constitución que el presidente lea su informe desde la Tribuna del Congreso de la Unión.
Desde la Constitución de 1824, el 1 de enero de 1825 el presidente Guadalupe Victoria presentó el primer Informe Presidencial de la historia de México en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso General. Lo hizo por escrito como lo mandataba la Carta Magna.
Fue Lázaro Cárdenas quien en 1936 primera vez leyó en la radio un informe presidencial; catorce años después, 1 de septiembre de 1950, el presidente Miguel Alemán hizo de su Cuarto Informe no sólo la primera ceremonia televisada de este tipo, sino la primera transmisión oficial de la historia de la televisión mexicana.
Como afirma el viejo adagio “las costumbres se hacen ley” y en la Orgánica del Congreso de los Estados Unidos Mexicanos quedó establecido que el presidente acudiría a la sede del Congreso para asistir a partir de las 17 horas presentar su informe del año correspondiente, exigencia de Porfirio Muñoz Ledo, hizo cumplir la ley. Antes el informe se rendía a las 11 horas.
La rendición del estado que guarda la nación, se convirtió en un evento que congregaba a todos los mexicanos. Era el DÍA DEL PRESIDENTE. Salía de Palacio Nacional en auto descubierto y arribaba a la casa del Congreso, en esos tiempos ubicada en Donceles y Allende y el retorno podría ser en el vehículo o caminando bajo la lluvia de confeti y las ovaciones de quienes, contratados de la mayoría, loaban al Jefe del Ejecutivo Federal, quien se hacía acompañar por los líderes de las cámaras, las comisiones de cortesía, los miembros de su gabinete, dirigentes sindicales encabezados por Fidel Velázquez, los de la CNC que representaba al campesinado y, por supuesto, por decenas de generales del ejército. Después venían las salutaciones en diversos salones de Palacio Nacional y finalmente una comida ya con selecta asistencia.
El Día del Presidente fue cancelado en el último primero de septiembre de 2006 y si bien en tiempos de Ernesto Zedillo se modificó el formato para que el presidente no se pasara de una hora frente al micrófono, la ausencia de los jefes del Estado Mexicano los primeros de septiembre le quitaron el relumbrón al festejo.
Felipe Calderón, Enrique Pela Nieto y Andrés Manuel López, pisaron la sede del Congreso Federal dos veces cada uno en su calidad de presidentes. El día de su toma de posesión y el de la entrega de la banda presidencial al sucesor.
El comentario de la presidenta Sheinbaum, podría ser subsanado reformando el artículo 69 y borrar la palabra por escrito para colocar leerá un informe. Por supuesto, por escrito se deberá entregar para la inservible pero obligada glosa por parte de los aduladores y de las oposiciones.
El tiempo que vive México no es para restablecer el DÍA DE LA PRESIDENTA.
Sin embargo, como en la 4t todo es válido desde ignorar la “austeridad republicana”, desdeñar la “lucha contra la corrupción” hasta la rendición de cuentas en vivo y a todo color, no debe descartarse lo descartado por la científica que dirige los destinos del país.
E-mail: jesusmichelmp@hotmail.com, Facebook Jesús Michel en Misión, Periodismo sin Regaños martes y jueves de 16 a 17 horas por Radio Cañón en el 760 de amplitud modulada
