A la Vuelta de la Esquina
IVÁN RUIZ FLORES
Viento en popa está en México el reclutamiento de menores por parte del crimen organizado.
Sí, los organismos nacionales e internacionales de expertos en la materia consideran que una gran proporción de niños, niñas y adolescentes en la República Mexicana no sólo sufren violencia física, psicológica, sexual, sino que también son víctimas de otras formas de maltrato como son la trata y el trabajo infantil.
Y en ese mismo rubro se ubica la utilización de menores por parte del crimen organizado.
El Observatorio Nacional de Prevención del Reclutamiento de Niñas, Niños y Adolescentes por Parte de la Delincuencia Organizada señala que algunas de las actividades que realizan los menores incorporados por los delincuentes “…son normadas penalmente”, como es el “halconeo”, es decir “la vigilancia y recolección de información para la ejecución de delitos cometidos por la delincuencia organizada”.
Es un delito contra la seguridad y la justicia que, en algunos estados, como en Chihuahua, se expone como. “la acción de acechar, vigilar o cualquier acto encaminado a obtener y comunicar información indebidamente, sobre acciones, actividades o ubicación de las instituciones de seguridad pública municipal, estatal, federal, de las fuerzas armadas mexicanas o Guardia Nacional, o de sus integrantes.”
También los utilizan para matar (sobre todo cuando son adolescentes), no obstante que el Código Penal Federal, en su Artículo 302, lo sanciona.
En México, señala el Observatorio, “…las personas adolescentes que cometen conductas delictivas son susceptibles de diversas medidas cautelares de acuerdo con el delito cometido y a sus características personales; a pesar de ello, son constantes los señalamientos sobre la utilización de menores en actos delictivos por parte de la delincuencia organizada”.
PASÁNDOSE LA LEY POR
EL ARCO DEL TRIUNFO
Pero, conforme avanza el siglo se incrementa la mencionada participación infantil, como reclutas de los delincuentes, no obstante que el Código Penal Federal, en su artículo 201 precisa:
“Comete el delito de corrupción de menores, quien obligue, induzca, facilite o procure a una o varias personas menores de 18 años o una o varias personas que no tienen capacidad para comprender el significado del hecho o una o varias personas que no tienen capacidad para resistirlo a realizar cualquiera de los siguientes actos: a) Consumo habitual de bebidas alcohólicas; b) Consumo de sustancias tóxicas o al consumo de alguno de los narcóticos […] o a la fármaco dependencia; c) Mendicidad con fines de explotación; d) Comisión de algún delito; e) Formar parte de una asociación delictuosa; o, f) Realizar actos de exhibicionismo corporal o sexuales simulados o no, con fin lascivo o sexual”.
Además, se castiga a quien lleve a cabo narcomenudeo, el cual es sancionado por la Ley General de Salud.
También estará penado quien “…produzca, transporte, trafique, comercie, suministre aun gratuitamente o prescriba algunos de los narcóticos […] sin la autorización correspondiente…”
Y si los vuelven sicarios será peor, ya que el sicariato, está penado, es decir aquellas actividades de personas que asumen la función específica de privar de la vida a otros individuos, independientemente de las razones o circunstancias, por instrucción de un grupo delictivo de la delincuencia organizada.
Muchos niños (sobre todo adolescentes) huyen de sus casas ante el maltrato de que son objeto por parte de sus padres y caen en garras de los traficantes de menores, sin que les importe que el Código Penal en su artículo 336 advierte:
“Comete el delito […] quien traslade a un menor de 16 años de edad o lo entregue a un tercero, de manera ilícita, fuera del territorio nacional, con el propósito de obtener un beneficio económico indebido por el traslado o la entrega del menor.”
Además, el artículo 10 de la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos Delitos, precisa:
“Toda acción u omisión dolosa de una o varias personas para captar, enganchar, transportar, transferir, retener, entregar, recibir o alojar a una o varias personas con fines de explotación…”
Y, ciertamente, como señala el Observatorio Nacional Para la Prevención del Reclutamiento de Niños, Niñas y Adolescentes (ONNPRENA), al cruzar datos con en el estudio Diagnóstico de las y los Adolescentes que cometen delitos graves en México, “en el que se afirma que, 10% de las y los adolescentes que cometieron delitos lo hicieron como parte de las actividades de la delincuencia organizada, mientras que, un 67% dijeron que ellos u otras personas utilizaron armas en los delitos por las que fueron detenidos,7 obtendremos que, el resultado ofrece –cuando menos de forma presuntiva– que existe una participación activa en conductas delictivas graves en las que NNA reclutados se integran a una estructura delictiva para cumplir órdenes, intervenir en la diversidad de actividades delincuenciales, y dependiendo de sus habilidades, capacidades y aptitudes, en ocasiones escalan en la pirámide organizacional”.
Lamentablemente así es. Por lo tanto es obligación de las autoridades llevar a cabo programas para evitar que los niños y los adolescentes caigan en manos de los delincuentes.
Eso sucede cuando huyen de la casa, porque como advierte la Organización Mundial de la Salud:
“Seis de cada 10 niños menores de 5 años (alrededor de 400 millones) sufren regularmente castigos corporales o violencia psicológica perpetrados por sus progenitores o cuidadores.
“Una de cada 5 mujeres y uno de cada siete hombres declaran haber sufrido abusos sexuales durante la infancia.
“El maltrato infantil tiene muchas consecuencias, como problemas de salud física y mental que duran de por vida. Además, sus repercusiones sociales y laborales pueden ralentizar el desarrollo económico y social de un país a largo plazo.
“El maltrato infantil suele quedar oculto y solo una parte de las víctimas recibe el apoyo de profesionales de la salud en algún momento.
“Un niño que ha sufrido abusos tiene mayor probabilidad de abusar de otros cuando llega a la edad adulta, de tal modo que la violencia se transmite de una generación a otra.
“Es posible prevenir el maltrato infantil antes de que ocurra.
“La prevención eficaz pasa, entre otras fórmulas, por apoyar a los padres y formarlos en la crianza de los hijos, y por reforzar las leyes que prohíben los castigos violentos”.
Es necesario, pues, para muchos padres energúmenos… ponerse las pilas.
