*Seis Razones Para Indignarse por
el Nombramiento de López-Gatell
*Charlatanes en Todos los Oficios y
Profesiones; Medicina no Escapa
*Su Nombramiento Ofende y Lastima
a 800 mil Familias de Todo el País
*Sheinbaum Ignora la Investigación
Independiente Realiza por Médicos
POR EZEQUIEL GAYTÁN
El pasado 30 de junio, la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo en su conferencia mañanera que ella propuso al señor López-Gatell como representante de México ante la Organización Mundial de la Salud (OMS). Al respecto muchos mexicanos nos sentimos indignados. En mi caso debido a los siguientes seis argumentos. En primer lugar, la expresión de la presidenta “yo lo propuse” es una tautología, ya que al afirmar tan vehementemente que fue ella quien lo designó abre las puertas del sospechosísimo y siembra la duda respecto a si fue realmente ella o, una vez más, se vuelve a sentir la mano que mece la cuna desde Palenque. En segundo porque, a decir de especialistas epidemiólogos, el desempeño del susodicho durante la crisis del COVID dejó mucho que desear. De ahí que la voz popular lo nombra “El ángel de la muerte mexicano” en una clara alusión al doctor Josef Mengele; ese médico nazi quien realizó experimentos mortales con prisioneros en Auschwitz. En tercer lugar, recuerdo su actitud rastrera cuando dijo en público que López Obrador no se enfermaría de COVID debido a su autoridad moral. Léase, un médico serio y profesional no puede decir frases tan lambisconas, barberas, abyectas, aduladoras y carentes de cientificidad. En cuarto lugar, por no asumir consistentemente medidas preventivas. El señor bien sabía que la enfermedad llegaría a México y no desplegó campañas preventivas de salud. En quinto lugar, por difamar a los padres de los niños con cáncer cuando reclamaban medicinas para sus hijos. Incluso sostuvo que era un movimiento orquestado desde la derecha a fin de dar un golpe de Estado contra el gobierno. En sexto lugar, y no por eso menos importante, porque una persona que se pone una bata blanca y protesta cumplir el juramento de Hipócrates lo hace comprometiéndose a salvaguardar la vida de su hermano el hombre. Un médico asume sus deberes éticos como un símbolo de probidad, un compromiso de lucha contra las enfermedades y un voto de confidencialidad de sus pacientes.
Un médico atiende y cuida a un paciente, se ocupa y se preocupa por darle un trato digno y un tratamiento eficaz, no ve a los enfermos como clientes o conejillos de indias, asume que su carrera es una técnica, una ciencia y un arte. Quien se dedica con vocación a la medicina lo hace conscientemente de que su integridad personal es fundamental en la confianza médico-paciente. Por lo mismo, respeta su profesión, ya que la concibe como un fin humanista: sanar a la gente con visión preventiva y, en su caso, correctiva.
CHARLATANES
CON TÍTULO
En todos los oficios y profesiones existen charlatanes y la medicina no es la excepción. Los médicos a quienes conozco la conciben como una vocación, pasión y emoción. Léase, para ellos su carrera es un proyecto de vida, de realización y de solidaridad humana. Pero existen tipos que conciben a su carrera como un trampolín político a fin de tener poder y dinero. Tal es el caso que nos ocupa. El futuro miembro del servicio diplomático mexicano demostró en los hechos ser más proclive al oportunismo, a los reflectores y a su vanidad.
En lo personal tengo un sentimiento de enfado y rechazo pues considero que la decisión presidencial ofende a médicos, enfermeras, paramédicos, familiares y amigos de las 800 mil personas que fallecieron. Es cierto que el fulano no es responsable de la pandemia. También es claro que la mortalidad fue abrumadora en todo el mundo. Fuimos víctimas de las circunstancias, pero las decisiones trágicas y estrafalarias del Mengele mexicano perviven en la memoria colectiva cuando recordamos a nuestros muertos por el COVID y cuando vamos a las sepulturas.
Eso no es todo, el pasado 1 de julio ella salió a defender a Hugo mediante el discurso de que “todos cometemos errores”. Lo cual es, por un lado, una obviedad elemental y, por el otro, un reconocimiento explícito a los traspiés del exsubsecretario. En materia de medicina existe la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (CONAMED) encargada de proteger los derechos de los pacientes y de promover la calidad de la atención en la medicina. Léase, los propios médicos tienen un área de auditoría a fin de evitar en lo posible los errores médicos, pues las consecuencias son el triunfo de Tánatos y el dolor humano.
La presidenta no explicó las razones del nombramiento del susodicho, simplemente justificó su decisión tildándolo de un buen médico y llevando su discurso al reductio ad absurdum diciendo que los señalamientos al fulano son del orden político, aunque hayan sido elaborados por la Comisión Independiente de Investigación sobre la Pandemia de covid-19 en México y, por lo visto, para ella solo lo que tiene el color guinda es lo verdadero.
Ella lo propuso e hizo su trabajo. Pero, en ese rubro, lo hizo mal. Se equivocó la presidenta. Es más, debido a las reglas de operación del nuevo presidencialismo mexicano y al verticalismo omnímodo de la gestión de Morena, la señora considera una vez más que no tiene por qué rendirnos cuentas. También en eso se equivoca. Ella ya nos hizo saber que está decidida a gobernar a espadas del pueblo.
