Punto de Vista
Por Jesús Michel Narváez
En ocasiones tener el mismo nombre que el padre, es una llave que abre todas las puertas y en otras, el vástago debe cargar con las culpas.
En 20|3, en el gobierno de Peña Nieto, se discutía en el Senado de la República la minuta de la Cámara de Diputados que reformaba la Constitución y abrió las llaves de los pozos petroleros mexicanos. Una medida controversial que intentó, sin obtener el éxito deseado, que Pemex saliera del marasmo y las deudas con el respaldo de empresas extranjeras -Italia, España, Estados Unidos, Reino Unido, entre otros- y, durante las llamadas rondas se asignaron transparentemente los contratos de prospección, extracción y comercialización del crudo mexicano.
Justo un día antes de la votación, de la votación, Andrés Manuel López sufrió severo infarto que lo llevó a hospitalizarse en Médica Sur, en donde fue operado de urgencia. Por supuesto, su recuperación no fue inmediata y debió retirarse temporalmente contra su voluntad de las acciones políticas.
Había convocado a tomar el Senado de la República, ya en sus nuevas instalaciones parta impedir el acceso de los legisladores y abortar la votación.
Su ausencia fue suplida por el jovenzuelo Andy, a quien su padre encomendó hacer el trabajo. Fracasó porque nadie le hacía caso. No es lo mismo el padre que el hijo.
Esperó y de pronto su progenitor andaba en campaña y mordió el polvo en dos ocasiones hasta que las equivocaciones en el PRI, las agresivas campañas en contra del neoliberalismo, la falsa promesa de terminar con los pobres, tener crecimiento económico suficiente y no mediocre como el de antes y hacer de México “un país justo”.
Instalado en el poder presidencial, atrajo a Andy y lo condujo por el sendero en cuyo final se encuentra la herencia: ser sucesor de papi en 2030.
Designado como secretario de Organización en el Comité Nacional de Morena, Andy ratificó lo que durante seis años hizo: escoger personalmente a quienes habrían de buscar el triunfo en una docena de estados y, sin discreción alguna, se mostraba todopoderoso por lo que los “duros” del movimiento se ablandaron y cedieron espacios.
Sin embargo, a 9 meses de ser el “mandón” en el partido, la ambición lo traicionó.
Exigió que no lo llamaran Andy, porque “me Andrés Manuel López Beltrán”.
Sorprendió al mundo morenista.
¿Qué pasado entre su exigencia y los escándalos que afloran?
En el gobierno federal, en donde Claudia Sheinbaum tiene que lidiar con la soberbia del segundo de los hijos del expresidente, se han dado muestras de ignorar algunas de las “órdenes” que el malcriado ya no tan chamaco, y se ha plantado un nuevo esquema en el que se advierte la guerra entre los que tienen el poder y los que quieren recuperarlo.
Después de la extracción de El Mayo, el acuerdo de El Ratón, la acusación del Departamento del Tesoro, la carpeta de investigación contra Peña Nieto tomando como base un reportaje que no revela nada, el temor es que los tenores de Sinaloa alcancen el DO de pecho y el nombre de Andy salga a relucir.
Para nadie es un secreto que desde Palacio Nacional “recomendó” a selectos amigos para que se les asignaran contratos en las obras faraónicas inconclusas en las que gastó casi un billón de pesos el que cobraba como presidente.
Si Andy supone que con que lo llamen por su nombre completo se va a salvar de las acciones presuntamente ilegales cometidas y que al defender el “legado” de su padre alcanzará la meta prometida, está equivocado.
Por lo pronto, hay que preguntarse si está de vacaciones en el extranjero o decidió guardarse en Palenque para tomar clases expeditas de cómo hacer nuevas trampas en los procesos electorales.
E-mail: jesusmichelmp@hotmail.com, Facebook Jesús Michel en Misión, Periodismo sin Regaños martes y jueves de 16 a 17 horas por Radio Cañón en el 760 de amplitud modulada.
