Las Puertas Abiertas

 

 

*La Presidenta Sheinbaum Cerró las de

Transparencia del Gobierno

*Destruyó la Maquinaria que Daba la 

Claridad en Obras y Compras

*Ocultar las Acciones de Corrupción

Genera el Efecto Dominó

*Acceso a Información Gubernamental 

ya es un Derecho Humano

*Hay Límites: Temas de Seguridad o de

Economía, Obligan Discreción

*Máxima Publicidad Exige Divulgación 

Real, Oportuna y Completa

 

POR EZEQUIEL GAYTÁN 

 

Dice un proverbio chino que “la puerta más segura es la puerta abierta” en una clara alusión a que el contexto de la seguridad es algo paradójico. Pues lo evidente es que una puerta de acero, bien cerrada, con llaves especiales y un sólido marco es sinónimo de seguridad. De ahí que la metáfora china alude a un símbolo de confianza, de transparencia y de franqueza, pues en una comunidad de la antigüedad las puertas de las casas tenían como fin resguardarse de las inclemencias del clima, pero no de los vecinos. Empero, con el desarrollo de las fuerzas productivas y de la adquisición de bienes, las puertas simbolizaron la protección a la propiedad privada de bienes y de las personas. De ahí que los romanos tuvieron a un dios que no era de origen griego, me refiero a Jano (Ianus). Una deidad cuya representación era un medallón que colocaban en las puertas a la entrada de las casas y cuya imagen era un varón con dos caras, pues representaba los comienzos, los pasajes y las transiciones. La doble cara se refería al pasado y al futuro, pues plasmaba la dualidad y la capacidad de ver ambos tiempos. Por eso en los calendarios occidentales el primer mes del año lleva su nombre; enero. Léase, es la puerta del principio. 

 

Más aun, las reflexiones semióticas en torno a las puertas siguen presentes y son, además, tema de análisis en las civilizaciones actuales, tal vez un ejemplo claro es el que se refiere al grupo de rock norteamericano de la década de los años sesenta llamados “Las puertas” (The Doors), pues su líder Jim Morrison se inspiró en la obra de Aldous Huxley “Las puertas de la percepción”, quien a su vez se imbuyó en el poema de William Blake “El matrimonio entre el cielo y el infierno”. La tesis de sendos escritores es que “si las puertas de la percepción se purificaran todo se le aparcería al hombre como es, infinito”. 

 

Durante la edad media cuando las ciudades eran amuralladas y solo tenían un gran portón los señores feudales acostumbraban a recibir a sus aliados y les daban copia de las llaves de la ciudad. Es decir, de las puertas, como el mayor símbolo de confianza que se le podría demostrar a un amigo. Costumbre aún vigente en nuestros días. Otro ejemplo lo encontramos en la expresión mexicana “pásale a lo barrido” que significa invitar a alguien a entrar a su casa dándole prioridad a la hospitalidad y dejando en lugar secundario la limpieza del hogar. En otras palabras, las puertas son una representación semiótica de confianza, seguridad y, en su caso, apertura a lo propio e incluso a lo íntimo.   

 

Pero la administración Sheinbaum, imbuida de suspicacias, prejuicios y temores, considera que la política de puertas abiertas es un error, pues bien sabe ella que llegó mediante una elección de Estado, con violaciones leguleyas orquestadas por su mentor, que el juego de las corcholatas fue un albazo electoral y que los gastos de su precampaña, acompañados de los sobre costos de las obras faraónicas del sexenio pasado evidencian despilfarros, corrupción y opacidades.    

 

Sucede que cuando un gobierno tiene mucho que ocultar, ya sea por menospreciar las licitaciones públicas, por haber despilfarrado recursos en favor de su partido o por enriquecimiento ilícito de algunos servidores públicos lo que hace, sin saberlo, es un efecto dominó que lo lleva a seguir escondiendo cada día más el destino de los recursos emanados de nuestros impuestos.   

 

Ella cerró literalmente las puertas del Órgano Constitucional Autónomo (INAI) y las de los órganos de las entidades federativas y creó un órgano administrativo desconcentrado adscrito a la secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, con lo cual la autonomía de gestión quedó reducida a las indicaciones que emita la titular de la dependencia. Peor aún, ahora la idea es fragmentar en más de 300 oficinas gubernamentales de los ámbitos estatales y federal el acceso ciudadano a la información y creará un galimatías burocrático en muchos sentidos insalvable. Ya no habrá un órgano rector que homogenice los criterios generales de acceso a la información, lo cual se traducirá, por un lado, en una entelequia de criterios y, por el otro, en que sí un ciudadano desea saber acerca del destino presupuestal de un programa gubernamental en lo especifico tendrá que ser una persona muy bien enterada de la organización de la Administración pública en lo general.  De hecho, más que una desconcentración fragmentada es una polarización atomizada. 

 

En la actualidad, muchos gobiernos democráticos han asumido el compromiso de ser abiertos debido a que el acceso a la información gubernamental ya es un Derecho Humano. Es decir, sujetos garantes de la transparencia y la rendición de cuentas, lo cual significa que cualquier ciudadano tiene el derecho de traspasar las puertas del gobierno y entrarse de lo que ocurre adentro de las burocracias. La tesis de las puertas abiertas de un gobierno es que no tiene nada que ocultar y de ahí que cualquier ciudadano pueda ejercer su derecho acerca de las decisiones gubernamentales y el destino de sus impuestos. 

 

Me queda claro que la metáfora de un gobierno de puertas totalmente abiertas no puede llegar muy lejos debido a que en el seno de los gobiernos se tratan asuntos delicados, tales como los conflictos armados internos y externos, la economía y la relación de la moneda nacional con las extranjeras, las finanzas internacionales, asuntos de investigaciones criminales cuya responsabilidad recae en la policía internacional (Interpol), asuntos judiciales en proceso y otros más que requieren discrecionalidad debido al sesgo y delicadeza de lo que conocemos como el debido proceso. Por eso un gobierno abierto tiene límites.  

 

Las puertas del gobierno de Claudia Sheinbaum están semi cerradas o semi abiertas, depende de la posición que se quiera asumir. Yo en lo personal las veo semicerradas debido a que los criterios de decisión quedan acotados a una sola persona y no se abren al debate y discusión, con lo cual solo impera un exclusivo criterio y no la confluencia de varios. Más aún, existe en la responsabilidad jurídica gubernamental de que operen bajo el “Principio de máxima publicidad”, es decir, la definición de que toda la información en posesión de los tres poderes y de los tres órdenes de gobierno deberá entregarse a quien la solicite de manera completa, oportuna y verídica, pues si acaso existe alguna duda intra gubernamental de que algo debe hacerse del dominio público, dicha duda es sinónimo de que el expediente se abra. En otras palabras, solamente bajo la contundencia de que algo es realmente de seguridad nacional, podrá reservarse la información. El principio de máxima publicidad define que toda la información en posesión de los sujetos obligados será pública, completa, oportuna y accesible, pero ya pronto será letra muerta y las puertas permanecerán cerradas y bajo tres llaves.  

 

La administración Sheinbaum es ajena a las puertas abiertas, a la transparencia, a la rendición de cuentas y al debate con la sociedad civil. Por eso se escuda en el concepto de que son mayoría y que esa mayoría al votar por ella le dio un cheque en blanco y le autoriza interpretar comodinamente las leyes y sus reglamentos. Léase, cierra las puertas y se esconde detrás de ellas. Así se siente segura, protegida y resguardada. Peor aún, ya cayó en la entelequia que las conferencias mañaneras son el equivalente de la transparencia y la rendición de cuentas. Consecuentemente muy difícilmente cambiará de opinión. De verdad está convencida de que al mostrar algunas estadísticas y de que algunos de sus colaboradores expongan parte de su trabajo ante periodistas, algunos de ellos con preguntas sembradas, hace de su gobierno un ejemplo de transparencia. El problema está entrampado y así continuará.  

 

Las puertas abiertas de la percepción permiten apreciar lo subjetivo, los matices de un problema social, los diferentes puntos de vista que aprueban la pluralidad y la tolerancia. Por eso me manifiesto a favor de que se abran dichas puertas y así podamos saber acerca del rumbo de la nación y del estado que guarda la Administración pública. De otra manera predominará la visión lineal, plana, homogénea y unidimensional de un partido de Estado.   

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