Dos Casos: Mexicana de Aviación y PEMEX

 

SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS

El día de hoy los periódicos de circulación en la Ciudad de México coincidieron en reproducir en sus páginas, con mayor o menor espacio noticioso, dependiendo de la postura política de cada diario, sobre la ceremonia que en el Aeropuerto Felipe Ángeles señaló la llegada del primer avión nuevo (20 solicitados) construido por la empresa brasileña Embraer y que se integrará a la pequeña flota que hoy tiene Mexicana de Aviación.

Para los que tenemos memoria, y no selectiva como la produce el faccionalismo partidista, nos acordamos de la historia de Mexicana de Aviación. Era ésta un orgullo para el país, aunque sus rutas siempre se quedaron en lo reducido e importante del espacio aéreo mexicano, de algunas ciudades en los Estados Unidos y mucho menos en Centroamérica y el Caribe. La emblemática Torre de Mexicana era un símbolo en la colonia Del Valle, servía de guía para los aviones que iban aterrizando en la Ciudad de México, pero paulatinamente Mexicana tuvo que enfrentar una feroz competencia con las aerolíneas estadounidenses, los altibajos en los precios de la turbosina, arduas negociaciones con el Sindicato de trabajadores y finalmente: una administración deficiente.

Primero fue una gestión en manos de la iniciativa privada, luego la “rescató” el gobierno federal y en el proceso de privatización de la época neoliberal fue vendida en el 2005 a Gastón Azcárraga. Cinco años después la línea estaba quebrada y el dueño prófugo en los Estados Unidos. Meses antes de la quiebra Azcárraga había solicitado un préstamo para flotar la aerolínea, pero los recursos financieros fueron a dar a su otro gran negocio: hotelería bajo el Grupo Posadas.

En años recientes, el gobierno de López Obrador decidió escuchar los reclamos de los extrabajadores de Mexicana de Aviación (pilotos, azafatas, mecánicos, personal administrativo). El gobierno compró la marca y se anunció que Mexicana volvería a volar; se alquilaron aviones, se prestaron otros y la línea no ha terminado por despegar, al grado de que a inicios de este año se anunció que reduciría sus rutas para quedarse con ocho destinos. En esta última etapa, Mexicana de Aviación no la ha tenido fácil porque de inicio se le concibió como una línea de bajo costo, podríamos decir de servicio social, subsidiada por el gobierno federal y con destinos populares como Tijuana o Monterrey y otros geoestratégicamente interesantes: Palenque e Ixtepec. 

El mercado de las líneas aéreas en México y el mundo se define por un panorama complicado. Muchas aquí han quebrado como TAESA o AeroCalifornia, y en el mundo Alitalia, Sabena o AeroPerú entre otras. Las soluciones a nivel internacional han sido las fusiones, como IAG que aglutina como eje principal a Iberia y British Airways o Air France y KLM; aquellas que van en solitario muy bien administradas: Turkish Airlines, la japonesa ANA y la de Colombia con dueño brasileño Avianca. En México Volaris y Viva aerobús van bien, han crecido y seguramente están administradas de una manera eficiente. La estadounidense Aeroméxico y por lo que sale en sus anuncios a través de los medios: es muy puntual, tiene aviones modernos y aunque cubre rutas nacionales se ha dedicado a ampliar su oferta internacional. Todo ello bajo el cobijo de Delta Airlines, una de las grandes a nivel mundial.     

Como ciudadano consciente de los esfuerzos gubernamentales, de las necesidades de sus trabajadores, por el bien de los usuarios que son su meta y porque ya es un proyecto en marcha, aunque se tengan todo tipo de observaciones, espero que Mexicana de Aviación crezca, que sí reciba los nuevos 20 aviones y que su gestión sea eficiente para que en el futuro no leamos la inminente quiebra de la línea. Claro si soy opositor a todo, de todo, que no quiere ver el sol y que al final de cuentas le desea el mal a la ciudadanía: estarán contando los días para que la línea aérea desaparezca, con todos los costos que ello implica.  

En cuando a Petróleos Mexicanos, qué decir después de los miles de artículos salidos en revistas especializadas, periódicos, libros sesudamente argumentados y muchísimas declaraciones realizadas por presidentes, funcionarios de la paraestatal, jefes de partidos, etcétera. Pues sí, estimados lectores, hoy en la prensa sale a relucir la declaración del empresario Carlos Slim, que tiene su perfil petrolero, en el sentido de la mastodóntica y peligrosa deuda que hoy tiene PEMEX. Esta tiene deudas antiguas con proveedores, tiene deudas con bancos internacionales, tiene deudas debido a las reconversiones de su deuda general y por ello con los tenedores de bonos. Tiene deudas con sus empleados y con la inmensa y bien remunerada cantidad de pensionados de PEMEX, que como hoy los profes de la CNTE, se jubilan a los cincuenta y tantos años de edad. Claro, un trabajador que está oliendo carburantes año tras año, su salud está muy desmejorada si se le compara con los profesionales del plantón en Oaxaca.

Mexicana y PEMEX han tenido y la última tiene, sindicatos que hacen inviable la salud ya no dijéramos financiera sino económica de ambas empresas. Asimismo, y lo dijo el banquero neoliberal Agustín Cartens: el gobierno federal mexicano era, ha sido y es, adicto a los recursos que produce la petrolera. La sangría que durante décadas atrás ha sobrellevado PEMEX es de tal manera importante que pocas compañías petroleras hermanas lo podrían soportar eficazmente. Todo ello sin olvidarnos de malas administraciones, robos en despoblado, políticas federales para reducirla amén de hacerla inviable, declararla en quiebra y que la compre un compadre. En este sentido y lo he escrito de años atrás, si los gobiernos mexicanos hubieran negociado fusiones/alianzas de PEMEX con la petrolera estatal noruega, con la petrolera estatal de Arabia Saudita, con la Estándard Oil o Shell, haciéndolo bien, hubiera salido en muy buenos negocios, incluyendo la actual tendencia a los energéticos fósiles que le gustan a la administración Trump.  Sin embargo, nuestros politicastros y muchos de nuestros empresarios dependientes de los manejos oscuros con el gobierno (crony capitalismo), el resultado que podría suceder, en el caso de que les vendieran PEMEX, sería como lo que aconteció en 2010 con Azcárraga y Mexicana de Aviación. Esto es, un compadre que se había hecho muy rico con empresas hoteleras, pero también hubiera podido ser de alimentos o  empresas de ganado, sin olvidarnos de las empresas constructoras de carreteras mal hechas…pero que al final de cuentas saben muy poco del complicadísimo mundo del petróleo y el resultado última es la mentada quiebra.           

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